
Frank Fabra, lateral colombiano de Boca, lloró en el vestuario del estadio Ciudad de La Plata después de que soportara insultos racistas de hinchas de Estudiantes en 2017. “¿Por qué no paraste el partido? Le gritaron toda la noche”, le recriminó el capitán Fernando Gago al árbitro Silvio Trucco. “Te voy a romper los huesos, negro de mierda, y te vas a volver a África”, le dijo Esteban Fuertes en Colón-Boca, en 2010, al colombiano Breyner Bonilla. Lo contó ante una cámara de televisión. Ahí Bonilla tampoco aguantó las lágrimas. “Tuvimos compañeros negros en Colón”, se excusó Fuertes. En Argentina, el color de piel es el tercer tipo de discriminación experimentada por una persona, según el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), cuyo Observatorio en el fútbol cumplió diez años. La primera es por el nivel socioeconómico. La segunda, por migración. El año pasado, la Federación Boliviana de Fútbol expresó en un comunicado “preocupación por los comentarios” de “un sector del periodismo argentino” contra el arquero Carlos Lampe, que había fichado con Boca. “Los mismos -indicó- trazan actos de discriminación dentro del marco de racismo y xenofobia”.
El racismo no es patrimonio de un país ni de una clase social. El árbitro italiano tampoco detuvo Inter-Napoli en San Siro cuando en diciembre los locales gritaban “buuuh”, como si fuera un mono, cada vez que tocaba la pelota el senegalés Kalidou Koulibaly, última víctima resonante en el fútbol internacional. Al partido siguiente, los hinchas de Napoli llenaron el San Paolo con caretas de Koulibaly. Alejandro Nicolás de los Santos fue el primer negro en jugar en la Selección Argentina. Hijo de padres esclavos en la Angola del siglo XIX, nació el 17 de mayo de 1902 en Paraná, Entre Ríos. Delantero “entreala” izquierdo, jugó en San Lorenzo y Huracán. Pero fue ídolo de El Porvenir. Y entre 1922 y 1925 jugó cinco partidos en la Selección. Campeón del Sudamericano de Argentina 1925, se quedó afuera del Mundial de Uruguay 1930. “De los Santos -dice el historiador Guido Guichenduc, hincha de El Porvenir- sufrió muchos actos de discriminación, pero en los clubes fue aceptado porque era un jugadorazo. Lo de su ausencia por motivos raciales en el 30 me lo contó su familia, pero no hay un hecho que lo certifique. Igual es algo que puede tener veracidad. El país estaba en un momento político en el que era fácil criticar a alguien por su color de piel”. La identidad argentina ya se construía mirando a la Europa blanca y elitista.
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