El director mexicano reinterpreta "Frankenstein" como un relato íntimo sobre la soledad, la obsesión y la vulnerabilidad humana. La película recibió una ovación de pie que refleja la fuerza emocional de su propuesta. ¿Cuándo llega a Netflix?

La película, protagonizada por Oscar Isaac y Jacob Elordi, no busca el terror tradicional sino explorar la vulnerabilidad humana, la soledad y la obsesión de quien desafía los límites de la creación. Víctor Frankenstein y su criatura se presentan como figuras de un drama íntimo, más cercano al arte del retrato que a la épica del horror, con la cuidadosa construcción de un mundo que respira entre la melancolía y el asombro.
Del Toro, multipremiado por su sensibilidad visual y narrativa, no esquivó preguntas incómodas. “No me asusta la inteligencia artificial, pero sí la estupidez humana porque es más abundante”. La frase, cargada de ironía y verdad, resumió la sensación de un creador que observa cómo el mundo se enfrenta a los avances sin reflexionar sobre su propia responsabilidad. Entre las declaraciones, también destacó la importancia de mantener la humanidad y la creatividad frente a la polarización y el miedo, valores que impregnan la película y se sienten en cada plano.
Más allá de la tecnología, Del Toro compartió reflexiones profundamente personales sobre su relación con la historia de Shelley y su propia experiencia como cineasta. Contó que desde niño tenía la visión de cómo sería su criatura, aunque no sabía que la película terminaría explorando “la historia de dos padres y un hijo”. Añadió que realizar esta adaptación fue “más que un sueño; fue una religión” y que lleva “entrenando” para ella durante más de treinta años. Estas palabras revelan la intensidad emocional y el compromiso que el director invirtió en la obra, y cómo la adaptación no es solo un proyecto profesional sino un ejercicio de vida y pasión por el cine.
La obra se ambienta en 1857, pero su atmósfera remite a un universo atemporal: el diseño de producción, la fotografía y los decorados buscan capturar la textura oscura y melancólica del relato original, mientras que los actores aportan capas de complejidad. Isaac encarna la ambición y el peso de la conciencia, y Elordi, bajo un maquillaje que requería hasta diez horas diarias, transmite la fragilidad y la intensidad de la criatura. La puesta en escena combina detalles góticos con silencios que hacen palpitar la emoción de la historia: un enfoque que demuestra por qué Del Toro es considerado uno de los grandes narradores de nuestro tiempo.
La película, con un presupuesto de 120 millones de dólares, llegará a los cines el 17 de octubre y a Netflix el 7 de noviembre, pero su presentación en Venecia ya marca un hito. Más allá del despliegue técnico, lo que conmueve es la manera en que Del Toro articula el mito con sensibilidad contemporánea y humanidad. La criatura no es solo un monstruo, sino un espejo de la soledad, el miedo y la esperanza; Víctor Frankenstein no es un villano, sino alguien atrapado en su propia obsesión y en la incapacidad de prever las consecuencias de sus actos.
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