El documental encabezado por Louis Theroux muestra el universo de varones que promueven modelos de masculinidad extrema y discursos reaccionarios.

Aunque, más bien, son veinteañeros que parecen ignorar esas luchas y defender ideas y valores obsoletos y anticuados sobre poder masculino, jerarquías de género y éxito económico, y que se corresponden con el arquetipo de lo que la socióloga australiana Raewyn Connel definió como masculinidad hegemónica. En términos menos académicos, responden al ideal del macho alfa o al machirulismo más exacerbado y violento.
El campo de acción de estas celebridades multimillonarias de internet es una red de sitios web, blogs y foros que se aglutinan en la autodenominada machosfera o manosfera (literalmente esfera exclusiva de los machos). Allí despliegan en contenidos digitales sus utopías de ser sexualmente potentes, proveedores y protectores frente a las mujeres. En definitiva, reúnen y propagan las características que constituyen la esencia del patriarcado y la dominación masculina que habilita las violencias por razones de género y contra las diversidades sexuales.
A fin de explorar este ecosistema, Theroux se mete en los hogares, los lujosos automóviles y otros ámbitos -los gimnasios, las noches con mujeres, las fiestas en yates- de esas figuras que son sumamente populares en internet, entre ellos Harrison Sulivan (HSRikky Tikkky), Ed Mathews, Myron Gaines y Justin Waller. Los contenidos insisten en la idea de que un hombre que se precie de tal no tiene que padecer miedo, debe proteger a las personas a su cargo, enfrentarse constantemente a retos físicos, que incluyen peleas a puños y ataques en manada a homosexuales y supuestos acosadores, y tener éxito económico.
Frecuentemente para poder introducirse en el mundo de sus entrevistados y que se explayen, el periodista se mantiene pasivo y solo interviene cuando los comentarios se tornan radicalmente misóginos, virulentamente racistas, homofóbicos, antisemitas o simplemente disparatados. Así, cuestiona por ejemplo ideas prevalentes tales como la de una conspiración judía para conquistar el mundo, el rechazo a la comunidad gay o la concepción de monogamia unilateral. Es decir, la noción de que la fidelidad sexual debe ser sostenida solo por las mujeres.
También hay señalamientos respecto de que esa idea conservadora respecto de la moral de las mujeres parece contradecirse con la promoción de sitios virtuales de sexo -tales como OnlyFans- donde las mujeres son tratadas como mercancía. Esa aparente contradicción es respondida con el viejo lema burgués de que sus parejas deben permanecer blancas y vírgenes mientras que el resto de las féminas no importa que sean prostitutas en tanto alimenten sus bolsillos de rufianes digitales. En nombre del éxito económico, rige la ley del «vale todo», incluso apuestas y otro tipo de negocios fraudulentos.
Estas pequeñas intervenciones de Theroux generan desconfianza y crean un clima de hostilidad que puede desembocar en la violencia física por parte de estos varones, que se sitúan en las antípodas de todo lo que el periodista representa. Desencajado, interviene así también ante concepciones esgrimidas que denotan altas dosis de ignorancia y que, de no mediar su peligrosidad, podrían resultar hasta graciosas. Como cuando denuncian la constante amenaza de los alienígenas. O un supuesto neurocientífico afirma que las mujeres acumulan semen en su interior y pueden procrear hijos parecidos a parejas anteriores.
En el relato y la cosmovisión de la «machosfera», la fuerza física y la exhibición de los músculos funcionan como correlato de la verdadera hombría. Sin embargo, Theroux opta por no sondear este aspecto homosocial de estos varones. Prefiere indagar en las causas que los llevaron a sustentar estos valores y que frecuentemente encuentra en infancias pobres, sin amor, con ausencias paternas o plenas de violencia.
Esto no sirve para nada para generar empatía por estos muchachos que no solo ejercen violencia directa, sino que influyen en legitimarla, así como en difundir negocios sucios y los valores del neocapitalismo más cruel y descarnado en millones de jóvenes a escala global.
Louis Theroux: dentro de la machosfera, dirigido por Adrian Choa y de 91 minutos de duración, es un documental brutal, pero necesario. Sin conocer este universo y la fuerza de la propagación de estas ideas, quedaría incompleto el arco de motivaciones y los niveles de propaganda que llevaron a gran parte del mundo a inclinarse por la ultraderecha más racista. El ídolo de la mayoría de los influencers es Donald Trump. De vivir en Argentina, no hace falta nombrar quién sería su principal referente político. «
Dirección: Adrian Choa. Duración: 91 minutos. Disponible en Netflix.
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