Los discursos de dos presidentes: intervenciones breves, pero tan opuestos que obligan a la comparación.

Algo de eso podemos encontrar en los discursos de dos presidentes sudamericanos, pronunciados el mismo 19 de febrero. Fueron intervenciones breves, aunque tan opuestos en contenidos que obligan la comparación. Digamos que uno ya había empezado mal: cuando Lula hablaba de “señoras y señores”, Milei cometía el “Señor Presidente” por Donald Trump y seguía con “distintivos miembros”.
¿Un distintivo es un distinguido?
Antes, Trump tuvo la atención de recordar que sin la ayuda (política y financiera) que los Estados Unidos le dispensaron a Milei, este hubiera perdido las recientes elecciones. Milei estuvo agradecido: “La Argentina participa de este Consejo con la convicción de que la paz exige decisión política y una arquitectura institucional capaz de sostener soluciones reales en el tiempo. El Presidente Trump ha predicado con el ejemplo mediando el acuerdo de paz en Gaza”. Más adelante afirma que “creemos en el liderazgo que enfrenta desafíos complejos con determinación, como el del Presidente Trump”.
Lejos de allí, Lula hablaba en nombre del Brasil soberano en la cuarta cumbre internacional acerca de la Inteligencia Artificial que se realiza en la India. Por primera vez en el Sur Global. Escuchemos. “Aquí, en Delhi, el mundo digital vuelve a la tierra natal. Fueron matemáticos indios lo que nos legaron, hace más de dos mil años, el sistema binario que estructuraría la computación moderna”. Un homenaje a Modi, el dueño de casa, pero también un reconocimiento a los más de mil millones de internautas que tiene la India. También un recuerdo sobre el origen oriental de la civilización para la veintena de presidentes que asistieron, junto con cerca de 100 empresas que componen el mundo digital y 500 inversores o especialistas. “Cuando pocos controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no estamos hablando de innovación, sino de dominación. Los datos generados por nuestros ciudadanos están siendo apropiados sin una contrapartida equivalente en generación de valor en nuestros territorios”.
Brasil habla y hablará de igual a igual.
La IA, continúa, “aumenta la productividad, mejora los servicios públicos, la medicina, contribuye a la seguridad alimentaria ya energética, así como en la forma de comunicarnos unos con otros. Pero también puede fomentar prácticas nefastas, como el empleo de armas autónomas, discursos de odio, desinformación, pornografía infantil, femicidio, violencia contra mujeres y niñas y precarización laboral. Contenidos falsos manipulados por inteligencia artificial distorsionan elecciones y ponen en riesgo a la democracia”.
Del otro lado del mundo, valga la redundancia, Milei comprometía el apoyo argentino -incluso militar- en la “Fuerza Internacional de Estabilización” que en nombre de la “Junta de la Paz” debe convertir a la franja de Gaza en un exclusivo complejo hotelero. Incluso citó mal al escritor Vegecio (siglo IV dC) al decir “si vis pacem, para bellum”, pues éste sostenía que la mejor manera de no ser atacado es ser poderoso, no ser poderoso para atacar. Es decir lo exacto contrario de la doctrina norteamericana de “la paz por la fuerza”.
Al menos tanto Lula como Milei hablaron de arquitectura internacional. Así es como Milei habla de convicción, determinación, liderazgo, mandato, para establecer una arquitectura institucional capaz de sostener soluciones reales en el tiempo. Es un imperativo categórico de naturaleza moral, por lo tanto innegociable. Para Lula, el problema es político. “Los algoritmos no son apenas aplicaciones de códigos matemáticos (…) son parte de una compleja estructura de poder. Sin acción colectiva, la IA profundizará desigualdades históricas”. La regulación de las Big Techs es una necesidad política para proteger a los derechos humanos en las redes, promover la integridad de la información y proteger las industrias creativas de nuestros países. Lula también denuncia la monetización de contenidos escandalosos que amplifican la radicalización política. Por último, propone que sean la ONU las que tomen cartas en la urgente regulación de la esfera digital.
En un discurso ante una audiencia de entrecasa, Milei somete de nueva la Argentina a EE UU como un acto de fe, y ata la propia suerte al devenir de Trump. Un inútil derramamiento de lugares comunes. En el discurso de Lula encontramos la identificación de un problema, la irrupción de la IA, las posibles ventajas y los previsibles peligros, los valores a defender y las instituciones para hacerlo.
No debemos recurrir a ningún oráculo en Delfos ni consultar a la Sibila Cumana si es que en algún tiempo Brasil está sentado en el Consejo de Seguridad como miembro permanente, mientras militares argentinos hacen de infantería colonial en otra lejana guerra del imperio.
Es que las palabras dicen.
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