Si no se presentaba, Bonadio tenía lista una orden para hacerla comparecer por la fuerza. Se despejó el camino para el juicio oral.
La ex presidenta se contrarió porque cuando llegó no había nadie en el juzgado esperándola. El operativo de seguridad estaba montado desde la madrugada, pero no había certezas sobre la hora en la que la ex jefa de Estado llegaría a Tribunales. El único dato vago lo habían recibido los encargados de seguridad anoche: Va a ir temprano.
Después, todo fue muy rápido. Respondió las preguntas formales que le formuló una asistente social para completar el informe socio-ambiental y si bien fue cortés, casi todas las respuestas fueron monosilábicas.
Se limpió los dedos de tinta tras dejar sus huellas en un formulario que todos los procesados o sometidos a una causa judicial deben completar. Utilizó unas toallitas húmedas hipoalergénicas. Bebió el agua mineral que ella misma llevó y firmó el acta con una lapicera que le facilitó su abogado, Carlos Beraldi.
De ahora en más, la ex presidenta no debería volver al juzgado de Bonadio por esta causa. El próximo paso en el marco del expediente en el que está procesada por las operaciones de dólar a futuro será ante el tribunal oral federal que resulte designado para realizar el juicio.
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