La periodista defendió el rol del periodismo, la ciencia y la salud pública frente a un modelo que ataca los espacios comunes y destruye el debate democrático.

“Somos muy pocas las mujeres haciendo programas de economía y política”, dijo al comenzar, marcando una de las tensiones históricas de la radiofonía y el periodismo de análisis: la escasa presencia femenina en espacios donde se discuten los grandes temas del país. Su señalamiento, más que una queja, funcionó como recordatorio de que la representación sigue siendo una deuda pendiente.
En un tono sereno pero firme, O’Donnell apuntó luego contra la desvalorización de lo público: “En un momento donde se le asigna muy poco valor a lo público, y lo saben los docentes universitarios, los trabajadores de salud, los investigadores científicos, hay muy poco valor asignado al espacio que nosotros habitamos, que es el espacio de la conversación pública”. En ese punto, su discurso trazó un paralelismo entre el vaciamiento presupuestario de sectores clave del Estado y el vaciamiento simbólico del periodismo, cada vez más asediado por la polarización y el desprecio.
El momento más contundente llegó cuando defendió con énfasis la necesidad de preservar el debate público de la violencia verbal y la discriminación: “La conversación pública no puede estar de la mano del insulto, del agravio, del chiste de mal gusto, la discriminación, la burla al distinto. Asignarle a alguien por sus preferencias sexuales no se puede dejar pasar. Tenemos que preservar el debate público. No es un problema de formas, es un problema de fondo. La democracia necesita que la conversación pública no discrimine ni insulte al otro. Y nosotros los periodistas, las palabras es todo lo que tenemos en la vida. Cuidémoslas”.
El mensaje resonó como un llamado urgente a repensar los modos en que se ejerce el oficio y a rechazar los discursos de odio, cada vez más naturalizados en algunos sectores de los medios. O’Donnell no apuntó contra nadie en particular, pero sí contra un clima que habilita la burla, la estigmatización y el desprecio como si fueran parte del juego.
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