
Al advertir la existencia de un virus desconocido que empezaba a causar muertes, el gobierno chino, luego de un tiempo de hesitaciones, comprensibles frente a algo de lo que no se tenía experiencia, declaró en cuarentena a 50 millones de personas y dio aviso a la Organización Mundial de la Salud, la que, a su vez, comunicó la situación al resto del mundo. Se puede debatir si Beijing actuó o no con la suficiente rapidez, pero no habría una conclusión definitiva por la excepcionalidad de la situación y las graves consecuenciasde dar una falsa alarma sobre estas cuestiones.
A partir de allí, el gobierno chino controló la pandemia en un punto que lo pone entre los países con mejores resultados. Basta comparar infectados y muertos cada millón de habitantes. Al mismo tiempo, Beijing comenzó a enviar ayuda médica y de equipamiento sanitario a los países que la requirieran, llamó a crear una comunidad mundial sobre salud y se comprometió a declarar bien público universal la vacuna que se descubra en China.
El gobierno norteamericano desoyó las recomendaciones de la OMS, y cuando la pandemia empezó a hacer estragos dio indicaciones confusas y contradictorias, sin plan común ni articulación entre el gobierno federal y los estados. Al aumentar las víctimas, a un punto en que EE UU está en el primer lugar absoluto de infectados y muertos, la reacción del presidente Donald Trump ha sido la de echarle culpasal gobierno chino y a la OMS.
El mandatario norteamericano no se ha privado de recomendar, a través de Twitter, medicamentos no aprobados por la comunidad médica mundial y se ha notado permanentemente la sola preocupación por la continuidad de la actividad económica y del consumo y una evidente insensibilidad por la vida de los habitantes de su país.
Hoy, en medio de la pandemia, la Casa Blanca enfrenta una de las más masivas y extendidas rebeliones populares. Por la discriminación racial y la brutalidad policial, sí, pero que expresa la queja de amplios sectores por la discriminación económica y la exclusión social. Con 40 millones de desocupados, EE UU se enfrenta a una recesión que podría hacer caer el PBI en dos dígitos.
China hoy se dispone a seguir creciendo “modestamente” y cumplir con su palabra de que no haya más pobres en su territorio en dos años. Dos mundos, dos civilizaciones (y dos sistemas políticos, económicos y sociales) distintos.
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