Se trata de Joe Nathan James, quien en 1994 asesinó a Faith Hall, cuyas hijas solicitaron sin éxito a la Justicia del estado de Alabama que se detuviera la ejecución.

James, ejecutado mediante una inyección letal, había pedido a la Corte Suprema de Estados Unidos que detuviera su ejecución «de acuerdo con los deseos de los familiares de la víctima sobrevivientes». «Las víctimas y sus familias son los más importantes en nuestro sistema judicial y merecen ser escuchadas respecto al castigo de sus victimarios», dijo el abogado del hombre en una apelación ante el alto tribunal.
Las hijas de Hall, que tenían seis y tres años cuando su madre fue asesinada, dijeron que querían que se le perdonara la vida a James, consignó la agencia de noticias AFP. «No quiero seguir adelante con esto. No somos Dios», dijo Terryln Hall, de 32 años, a la cadena CBS. «El ojo por ojo nunca ha sido una buena premisa para la vida», añadió su hermana Toni.
James fue condenado por haber asesinado a balazos a Faith Hall, de 26 años, después de que ella terminara una corta relación con él. En un comunicado, el fiscal general de Alabama, Steve Marshall, dijo que «se ha hecho justicia». «Joe James fue sentenciado a muerte por el atroz acto que cometió hace tres décadas: el asesinato a sangre fría de una joven madre inocente», expresó. James se convirtió en la octava persona ejecutada en Estados Unidos en lo que va de 2022, todos ellos hombres (cuatro blancos, tres negros y un indígena).
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