Así lo indican los datos preliminares de la Primera Encuesta Nacional de Personas que Usan Cannabis, realizada por la Revista THC y el Centro de Estudios de la Cultura Cannábica Argentina (Cecca), con el acompañamiento de la Licenciatura de Historia de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

En el caso del 82,4% que lo utilizó de manera recreativa, hay importantes diferencias por provincias: desde el 86,5% en Ciudad de Buenos Aires al 74,3% en Formosa. «Al agrupar por regiones, vimos que fundamentalmente en la Patagonia, y en las provincias del centro del país es más fuerte el uso recreativo, pero en las dos puntas –Patagonia y Norte- van creciendo los usos medicinales», dijo a Télam el director de la encuesta e investigador de Cecca, Emiliano Flores.
Para este sociólogo, «es muy probable» que la mayor incidencia del uso medicinal en la Patagonia «esté ligado al trabajo de las organizaciones cannábicas o de grupos tipo mamá Cultiva» asociado a «cierta apertura hasta oficial al cannabis medicinal». El sociólogo explicó que la encuesta realizada entre el 11 de noviembre y 11 de diciembre del año pasado, se planteó con el objetivo de producir un estudio exploratorio y de vocación comprensiva que empiece a subsanar en algo «la falta de datos empíricos». «Cuando queríamos abordar de forma comprensiva el fenómeno del cannabis en la Argentina, nos encontrábamos con que los datos son muy pocos, tienen un enfoque epidemiológico que hace hincapié en el daño o el riesgo de tomar contacto con la sustancia y no están actualizados», señaló.
En ese sentido, puntualizó que «el último estudio de la Sedronar que aborda el cannanbis es de 2017 y todavía no contempla su uso terapéutico, que es un fenómeno que viene creciendo desde 2016» con el fortalecimiento de los activismos y la sanción de la ley de cannabis medicinal. «Nosotros dijimos: evidentemente el cannabis es usado en la Argentina pero saber cómo se usa y como cambia según región, provincia, edad, nivel educativo y género nos puede hacer entender mejor el fenómeno y demostrar que no todo el uso es uso problemático, que hay gente que no tiene una relación traumática con el cannabis», dijo.
En segundo lugar, el investigador destacó como resultado preliminar la constatación de que «las cuatro categorías que armamos como tipo de uso principal también están presentes en todo el país», no sólo el uso recreativo, lo que «sorprendió un poco». En particular llamó la atención que la utilización con fines medicinales en mascotas se registre «en todas las provincias excepto Tierra del Fuego y La Rioja», lo que pone en evidencia que «existen redes de veterinarios que vienen trabajando con aceites y este tipo de terapias». «Incluso se están dando casos de personas que empezaron a usar aceite para el gato, por ejemplo, y después lo empezaron a utilizar para su propio dolor de espalda y hasta se lo recomendaron a una amiga, con lo cual el circuito es a veces al revés de lo que uno supondría siempre, que el acceso es por el uso recreativo y después vas probando para otros usos», contó Flores.
En tercer lugar, el estudio demostró que la transversalidad del uso del cannabis no es sólo geográfica sino también demográfica. «Obviamente la mayor parte de los usuarios son jóvenes varones de sectores medios, pero también vemos que hay mujeres, adultos mayores, desocupados, jubilados, personas de todos los niveles de ingresos y con todo tipo de cobertura de salud», detalló el director de la encuesta.
Los resultados finales del trabajo -que incluirán datos sobre formas de acceso, problemas legales, prácticas de cultivo, motivos del uso medicinal y razones que motivaron el acercamiento en los usuarios recreativos, entre otros- se darán a conocer en el marco de la II Expo Cannabis que se realizará entre el 15 y el 17 de octubre en La Rural. «Creo que teniendo esos datos se puede pensar dónde están los problemas que genera el uso de cannabis porque según estadísticas oficiales el 7,8% de la población en la Argentina usa cannabis, lo que equivale a cerca de 1,5 millones de personas a pesar de una regulación que prohíbe absolutamente todo», indicó.
Al mismo tiempo, aseguró que «por otro lado, no hay casos de sobredosis ni tenemos un gran quilombo porque existen mecanismos sociales de regulación que funcionan más allá de los mecanismos legales». «Y eso es también lo que tratamos de conocer con este estudio: cuáles son esos mecanismos sociales de regulación que parece que funcionan bien y que incluyen cuestiones como en qué medida influye estar en familia o con un compañeros de trabajo para usar o no cannabis, que sea fin de semana o entresemana antes o después del trabajo», agregó.
Por último, Flores destacó la magnitud de la convocatoria que terminó teniendo la encuesta online, una herramienta que no suele superar las dos mil respuestas. «Esto demuestra que no solo había necesidad de tener datos sino también ganas de contar de cómo viven como personas que usan cannabis», concluyó.
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buenisimo