La Orquesta Típica Pichuco, integrada por jóvenes músicos, acepta el desafío de reproducir la impronta del autor de "Responso" y presenta su primer y logrado trabajo discográfico.

El desafío encarado por esta orquesta conformada por jóvenes y talentosos músicos se ve ampliamente cumplido como puede comprobarlo quien escuche la placa, en la que encaran tangos como «La racha» de Agustín Bardi, «Nostálgico» y «Nocturna» de Julián Plaza, «Para lucirse» de Ástor Piazzolla, «La trilla» de Eduardo Arolas, «Tema otoñal» de Enrique Francini, «Mañanitas de Montmartre» de Lucio Demare o «Bandola triste» de Raúl Garello, a quien está dedicado este álbum como reconocimiento al apoyo que el recordado bandoneonista le brindó a la agrupación desde sus inicios.
El disco se propone y logra reproducir la pulsión sonora de la orquesta de Aníbal Troilo adaptando su sonido a los tiempos que corren pero sin perder la esencia estilística que Pichuco supo imponer a sus proyectos. Para cumplir con este objetivo la agrupación se ciñó a los arreglos originales que Plaza, Piazzolla y Garello escribieron para la orquesta del autor de «Responso».
La presencia de notables invitados, como los cantantes Alfredo Pittis (en «Barrio de tango» de Troilo y Homero Manzi), Hernán Cucuza Castiello (en «Cómo se pianta la vida» de Carlos Viván) y Carlos Morel (en «Desencuentro» de Troilo y Cátulo Castillo) y los bandoneonistas Víctor Lavallén (en «A mis viejos» de Osvaldo Berlingieri) o el propio Garello (quien fue integrante y arreglador de la Orquesta de Aníbal Troilo y realizo su última grabación con la Orquesta Típica Pichuco, en su composición, «Bandola Triste»), potencia la calidad del registro.
Los integrantes de la agrupación, Renato Venturini (dirección) Bruno Ludueña, Yuki Okumura y Lucas Pantarotto en bandoneones, Manuel Quiroga (1er violín), Rodrigo Beraldi, Emanuel Teper y Alma Quiroga en violines, Gustavo Barahona en viola, Martin Baldi en cello, Lautaro Muñoz en contrabajo y Adrián Enríquez en piano son conscientes de que el sonido de la época de oro del tango dejó una impronta indeleble que, afortunadamente, en este resurgimiento del género sirve para señalar el camino hacia nuevas experiencias sonoras, partiendo de las bases que creadores como Troilo y tantos otros sembraron para que las nuevas generaciones de músicos se apropien del sonido de Buenos Aires y sigan manteniéndolo vivo.
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