Con el arranque del Mundial 2026, la inteligencia artificial que cada vez más impacta en el juego, depende de una fuerza de trabajo detrás de las cadenas de valor de datos

El Mundial 2026 de la FIFA 2026 es presentado como el torneo más movido por datos de la historia del deporte: marcaciones de offside asistidas por IA, una pelota equipada con sensores, scans en 3D de los 1.248 jugadores y un asistente de IA para cada selección. El seguimiento en tiempo real, los modelos de reclutamiento y los paneles tácticos son hoy herramientas corrientes del fútbol profesional. Detrás de cada uno de esos puntos de datos hay trabajadores que la transmisión de TV casi nunca muestra.
Las conversaciones sobre tecnología en el Mundial se detienen en las pantallas: la línea del offside, el VAR, las estadísticas en vivo. Pocos preguntan quién produce los datos detrás de todo eso, dónde y en qué condiciones. En mi nuevo proyecto de investigación, Trabajadores de Tecnología en el Fútbol (Tech Workers in Football), financiado por el Creative Labour and Critical Futures de la Universidad de Toronto, estoy mapeando la fuerza de trabajo detrás de las cadenas de valor de datos del fútbol.
Y esto no es nuevo. La inteligencia artificial, en cualquier contexto, funciona con datos, con el trabajo humano que anota y valida esos datos, y con infraestructura física. El fútbol depende de este tipo de trabajo hace mucho más tiempo de lo que sugiere el entusiasmo actual con la IA. Hace más de una década, uno de los clubes más grandes del Reino Unido, el Arsenal, compró una pequeña empresa de análisis de datos con la que ya venía trabajando y la incorporó al club como un departamento interno de ciencia de datos, una empresa cuyas imágenes de partidos eran, a su vez, codificadas por trabajadores de datos en Camboya y Laos. La adquisición fue en 2012 y se hizo pública recién en 2014. La fuerza de trabajo de datos del fútbol viene formándose hace más de diez años, y ha recibido poca atención.
Hay tres capas principales en las cadenas de valor de datos del fútbol. Más cerca del juego están los trabajadores de tecnología internos a los clubes: los analistas y científicos de datos que los clubes contratan directamente, que trabajan codo a codo con los cuerpos técnicos. Incluso entre clubes de una misma liga, no hay una sola forma de organizar ese trabajo. Los departamentos tienen nombres distintos y ocupan rincones diferentes del club. Los arreglos laborales varían, y los profesionales vienen de formaciones muy diversas, doctorados en física o matemáticas o personas reclutadas en las grandes empresas tecnológicas (Big Tech). Estos arreglos varían de un club a otro, y los clubes suelen mantenerlos en secreto. La forma en que los distintos clubes organizan sus departamentos de ciencia de datos varía, al igual que pueden variar los arreglos entre el cuerpo técnico y el equipo de trabajadores de datos. Hasta hoy, ninguna investigación documentó el perfil de estos trabajadores de tecnología en el fútbol.
El fútbol argentino no es ajeno a esta dinámica. Talleres de Córdoba construyó uno de los departamentos de análisis más documentados del país: un equipo que usa datos desde el fútbol infantojuvenil hasta el plantel profesional, y que el club atribuye a más de 81 millones de dólares en transferencias. Racing Club, por su parte, es el único equipo argentino que cerró simultáneamente acuerdos públicos con proveedores de datos de élite, como StatsBomb y SkillCorner como cara visible de esa apuesta tecnológica.
Más allá de los clubes están los proveedores de datos, y no son todos del mismo tipo. Algunos recopilan los datos oficiales de eventos, el registro estructurado de las acciones con la pelota, y parte de ellos también tiene los derechos de recopilar y distribuir el feed oficial de una liga para los medios y las casas de apuestas. Otros se especializan en rastreo (tracking), usando cámaras en los estadios para fijar la posición de cada jugador en el campo, y son sus ingenieros quienes transforman video crudo en datos. Una startup francesa, por ejemplo, construye datos de rastreo de jugadores únicamente a partir de las imágenes de la transmisión.
En Argentina, esta capa de proveedores tiene tambien cara local. ATENEA ID, una consultora argentina, provee los datos oficiales de eventos a los 30 clubes de la Liga Profesional (LPF) desde 2020. LibroDePases, plataforma local de scouting con IA, es AI Tech Partner oficial de la LPF y tiene entre sus clientes a Talleres y Defensa y Justicia. En mayo de 2026, Paulo Dybala se sumó como socio fundador. Son empresas nacidas en el ecosistema local que hoy compiten en el mismo espacio que los gigantes internacionales del dato deportivo.
Alrededor de ellos hay un ecosistema más amplio: fabricantes de wearables con GPS y sensores inerciales que miden cuánto y con qué intensidad corren los jugadores, plataformas de video que graban y etiquetan los partidos, bases de datos de scouting que los clubes recorren en busca del próximo refuerzo, consultoras de análisis de datos que modelan el rendimiento a partir de datos propios o de terceros, empresas nacidas en la industria de las apuestas que hoy venden predicciones, y sistemas de gestión de atletas que intentan anticipar el riesgo de lesiones. En todas estas capas, quien hace el trabajo suele estar contratado a tiempo completo, muchas veces vinculado a acuerdos de confidencialidad y concentrado en unos pocos polos de negocios. Y el campo se está achicando: un pequeño número de empresas controla hoy los datos de los que depende la mayoría de los clubes de fútbol, varias de ellas armadas a través de sucesivas olas de adquisiciones, y el sector ha atraído capital de private equity y plata del mercado de capitales a medida que se consolida.
Más lejos de las miradas del público, en la base, están los trabajadores de datos que anotan lo que pasa en el campo. Miran los partidos y convierten cada pase, cada quite y cada remate en datos estructurados, a contrarreloj de la transmisión mientras lo hacen. El trabajo se concentra en ciudades de salarios más bajos: más de 100 trabajadores de datos anotan partidos desde una única oficina en Ternópil, Ucrania, y una fuerza de trabajo similar hace lo mismo en El Cairo, Egipto. En el nivel más bajo, buena parte de esos datos en vivo es recolectada por personas contratadas partido a partido, como prestadores independientes pagados por pieza. Una empresa alemana, hoy parte de una empresa australiana de tecnología deportiva, tiene sus partidos anotados por un equipo de trabajadores de datos en Filipinas, donde pueden tardar de tres a cuatro horas en un solo partido.
En el libro Expected Goals, Rory Smith cuenta que todo trabajador de datos nuevo en Manila aprende el oficio a partir de un único partido: la victoria de Alemania por 7 a 1 sobre Brasil en la semifinal del Mundial de 2014. En ese partido, a pesar de rematar y tocar la pelota más que el rival, Brasil fue aplastado, y los trabajadores de datos aprendieron qué otros factores hay que tener en cuenta a la hora de mirar los partidos y etiquetar los datos.
Argentina forma parte de esta red global, aunque de manera fragmentada. Genius Sports publica ofertas de trabajo para trabajador de datos de fútbol en Cipolletti y en Rincón de los Sauces, Neuquén: trabajadores contratados partido a partido, que envían eventos en tiempo real desde el estadio mediante una app propietaria. Stats Perform opera de forma similar, con una red distribuida de trabajadores de datos en varias ciudades del país. Son empleos invisibles para la tribuna, y para casi toda discusión pública sobre el fútbol argentino y la tecnología.
Estas capas sostienen la forma en que el fútbol se mira y se gestiona hoy en sus distintas dimensiones: los gráficos en la transmisión, el número de probabilidad de victoria en la pantalla, las decisiones sobre tiempo de juego y tácticas, el jugador que un club acaba de contratar sobre la base de datos. Estos trabajadores de datos son hoy esenciales para el fútbol, pero el gran público los conoce poco. Incluso los científicos de datos, los más visibles entre ellos, rara vez son conocidos por su nombre fuera de sus clubes. Cuanto más abajo en la cadena, menos se ve el trabajo, mientras que la decisión en la cima es lo más público del juego. Algunos de los que recolectan datos en vivo terminaron en los tribunales, entre ellos hinchas y estudiantes pagados con poco más que entradas para los partidos, atrapados en disputas entre los gigantes de los datos a quienes proveen sus feeds.
La cadena de valor de datos en el fútbol también tiene una geografía. El trabajo de análisis de datos de alto valor se concentra en un puñado de centros ricos, mientras que la anotación de datos se concentra en ciudades de Europa del Este, África, Asia del Sur y el Sudeste Asiático. Los clubes fuera de las ligas dominantes muchas veces le pagan a estos proveedores en moneda extranjera por la infraestructura de la que dependen sus propios trabajadores de datos. Pero sería un error entender a estas ligas fuera de Europa como simplemente atrasadas. El fútbol brasileño, por ejemplo, viene construyendo sus propios arreglos. Hay empresas de datos que arman sus propios equipos para registrar cada partido a partir de la señal de televisión, y consultoras de datos que forman a los analistas que los clubes ahora salen corriendo a contratar. Y hay un mercado de trabajo de ciencia de datos que circula dentro de América Latina, construido en torno a departamentos internos de análisis de datos que se mueven entre los clubes brasileños.
Entender las complejas relaciones político-económicas y geográficas de las cadenas de valor de datos en el fútbol es una tarea para la investigación futura. Un mecanismo transfronterizo, en particular, merece atención: un número creciente de inversores es dueño de varios clubes en distintos países y los administra como un único portafolio. Métodos, datos y profesionales se mueven entre esos clubes como transferencias internas: la dirigencia de un club brasileño afirma usar, por contrato, los mismos analistas de rendimiento, datos y software que el club inglés en la cima de su grupo propietario.
El Mundial va a poner los datos y la IA del fútbol en el escenario más grande que existe. Cientos de millones de personas van a ver los partidos y discutir los números en la pantalla. Los trabajadores de datos que corren contra el reloj de la transmisión, los proveedores que venden datos a terceros, los analistas que preparan informes y negocian con los cuerpos técnicos no van a aparecer en pantalla, pero nada de ese espectáculo existiría sin ellos. El fútbol que estamos por ver funciona tanto con el trabajo de ellos como con el de los jugadores. Investigadores, prensa e incluso los clubes necesitan tomar más en serio a esta fuerza de trabajo, y entender sus perfiles: quiénes son, dónde trabajan, cuánto ganan y qué voz tienen sobre las tecnologías de las que dependen. Y a diferencia del béisbol, el deporte que los datos conquistaron primero, el fútbol nunca se rinde del todo a los números. Sigue siendo mágico, imprevisible. Y, claro, nosotros sabemos eso mejor que nadie.
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