La esperada película retoma la historia seis años después del final de la serie. Entre nazis, tragedias y viejos fantasmas, el ya exlíder de los Peaky Blinders enfrenta su destino.

La película arranca seis años después del momento en que terminó la serie. Desde el primer momento queda claro que el Tommy Shelby (Cillian Murphy) de 1940 dista mucho de ser aquel joven mafioso y rebelde de encendidos y demoníacos ojos azules que, en los años locos, recorría a lomos de su lustroso corcel negro las calles de Birmingham como si fueran propias, la emprendía a los tiros a la menor afrenta, lo hacía todo ya fuera por amor o por dinero (o en orden contrario) y que, cual hippie invertido —espléndidamente vestido en los años veinte—, resolvía cualquier litigio con las artes de la guerra o del sexo. Incluso tampoco es el que cabalgaba triunfante sobre todos sus enemigos, sobre el lomo de un caballo blanco, en la imagen del último capítulo de la serie situado en 1934.
El Tommy Shelby de principios de los años cuarenta tiene los ojos apagados, está cubierto de canas, pero además es un ser derrotado al que la vida le pasó por encima. Un ser que vivió la desgracia de tener “casi” todo (uff, ese “casi”) y lo perdió todo: a Grace, el amor de su vida; a su adorable hija Ruby (víctima de la tuberculosis); a su hermano y cómplice Arthur (ya sabremos de qué ominosa manera); y la lista continúa… Es un Tom Shelby que se dedica a escribir sus memorias, acosado por los fantasmas de las pérdidas, a quien tanto sus seres amados muertos como sus víctimas persiguen en visiones dantescas y le exigen que finalmente se vaya a reunirse con ellos.
Sin embargo, mientras Tommy vegeta en vida y espera la paz de la muerte, el mundo y el resto de la familia Shelby continúan con sus atribuladas existencias. El mundo ya se encuentra en plena Segunda Guerra Mundial y, por ello, el primer plano de la película es un campo de concentración donde los prisioneros son obligados por los nazis a falsificar millones en libras esterlinas con el nefasto propósito de introducir ese dinero falso de contrabando y, de esa manera, hacer colapsar la economía inglesa (hecho inspirado en casos reales: la Operación Bernhard). A su vez, la fuerza aérea alemana bombardea una fábrica de armamentos en Birmingham, matando a todas las mujeres trabajadoras (hecho con reminiscencias del incendio de la fábrica Cotton en 1908 y la muerte de 129 obreras que dio lugar a la conmemoración del Día de la Mujer).
Por su lado, la familia Shelby (de la cual se rescata para la película a la adorable Ada, interpretada por Sophie Rundle) y los Peaky Blinders son manejados ahora con mano de hierro por Duke, el hijo mayor (un espectacular Barry Keoghan), un ser tan o más demoníaco que su padre, que, al contrario de su progenitor, no tiene ningún anclaje en el amor y que, en su crueldad y amoralidad, hace añorar los dorados tiempos de Tommy Shelby. Duke llega al extremo de quedarse tanto con armamentos que servirían para combatir a los nazis como con morfina que salvaría la vida de niños en hospitales y, por supuesto, más pronto que tarde se verá seducido por la tentadora propuesta del desalmado John Becket (Tim Roth) de ganar una fortuna introduciendo el mentado dinero sucio en Inglaterra. Que eso haga ganar la guerra a los nazis no parece preocupar a Duke. Porque, como diría un votante aleatorio de Milei: todo es lo mismo.
Una nueva tragedia familiar (tan triste que no se puede spoilear) y la aparición de una misteriosa médium gitana que tiene relación con su pasado (Rebecca Ferguson) llevan a Tommy Shelby a volver a calzarse el viejo traje y el sombrero con el cual deleitó las pantallas durante decenas de horas de streaming y regresar al ruedo para enderezar la vida de su hijo. Ahora bien, ¿su hijo quiere ser enderezado o se apresta para la traición? Después de tantas batallas y de demostrar con creces que es un hombre invencible, ¿sucumbirá Tom Shelby a la deslealtad de su propia sangre? ¿Expiará sus pecados al ser víctima de los nazis y salvador del mundo occidental? ¿O nuevamente sobrevivirá, como se espera y desea, para seguir siendo el malvado antológico al que los espectadores eternamente aman y aman odiar?
Con el preciosismo estético que caracterizó a la serie, con un guión con ribetes shakesperianos, con la siempre genial actuación de Cillian Murphy y un Barry Keoghan que no le va en saga, con una música que merece tratamiento aparte y que incluye temas de Nick Cave y covers de Massive Attack, Peaky Blinders: El Hombre inmortal está plena de tiroteos, acción y bombas esperables, pero también exuda una potente y bella melancolía. Y, a la vez que le da un cierre final al destino de Tommy Shelby, prepara a la siguiente generación de Peaky Blinders: una nueva serie que, se anticipa, se situará en los conservadores años cincuenta.
Dirección: Tom Harper. Guión: Steven Knight. Con Cillian Murphy, Barry Keoghan, Rebecca Ferguson, Tim Roth, Sophie Rundle, Stephen Graham, Packy Lee, Jay Lycurgo, Ned Dennehy e Ian Peck. Disponible en Netflix desde el 20 de marzo.
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