Se realizará en abril en Moscú un congreso que busca aglutinar a los partidos comunistas, socialistas y progresistas de todo el mundo en la construcción de una alternativa política.

Un diagnóstico de urgencia. La convocatoria del Sovintern no nace en el vacío. Se sustenta en un diagnóstico crudo y, para muchos, irrebatible. Vivimos en una era donde las élites occidentales parecen haber agotado su capacidad de ofrecer estabilidad. El documento de convocatoria es tajante: guerra, neocolonialismo y un riesgo ambiental sin precedentes.
El argumento central es que el modelo de «dominación global» de Occidente está en recesión, no solo económica, sino moral. Mientras el Sur Global se fortalece y empuja hacia la multipolaridad, la clase trabajadora en el norte y el sur ve cómo sus derechos se diluyen y la riqueza se concentra en una cúspide cada vez más estrecha. Es en este escenario de incertidumbre donde el socialismo intenta reapropiarse de su papel histórico.
De la URSS al «Bolchevismo Digital». Lo más fascinante de esta propuesta es su dualidad. Por un lado, hay una reivindicación abierta de los valores de la civilización soviética: la educación universal, la salud gratuita y la exploración científica con fines pacíficos. El Sovintern no huye del pasado; lo abraza como una prueba de que otra organización social fue, y es, posible.
Sin embargo, el proyecto evita caer en el anacronismo mediante la introducción de un concepto vanguardista: los «Bolcheviques Digitales». La propuesta de crear una plataforma online moderna, segura y multilingüe para un congreso permanente reconoce que la lucha política hoy se libra en los servidores y las redes. La idea de una «Internacional interactiva» podría ser la clave para superar las barreras geográficas que históricamente limitaron la coordinación de la izquierda global.
Los desafíos de la «Gran Alianza». El camino para el Sovintern no estará exento de obstáculos. Coordinar a partidos que mantienen su «independencia política e ideológica» —desde el marxismo-leninismo más ortodoxo hasta los progresismos de frentes amplios— requiere una gimnasia diplomática monumental.
Además, el uso de Moscú como sede en el contexto geopolítico actual enviará un mensaje inequívoco: el nuevo socialismo no solo busca la justicia social, sino que se alinea estratégicamente con la ruptura del orden establecido por la OTAN y Washington.
¿Hacia una nueva realidad política? El lema «Cooperación, no explotación» resuena con fuerza en un mundo cansado de sanciones y conflictos. Si el Sovintern logra trascender la retórica y consolidar esa red social global de la que habla su llamamiento, podríamos estar asistiendo al nacimiento de la primera estructura de resistencia política verdaderamente adaptada a la era de la información.
La cita en Moscú a fines de abril será la prueba de fuego. ¿Logrará la izquierda global unirse bajo una misma plataforma digital y política, o quedará como un esfuerzo romántico de un mundo que fue? Por ahora, la invitación está sobre la mesa: la búsqueda de una «Paz en lugar de guerra» es un objetivo que pocos, independientemente de su ideología, se atreverían a cuestionar.
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