Este miércoles se cumple el quinto aniversario de la muerte de Luis Alberto Spinetta.

Es sabido (y si no, ahí está Internet para averiguarlo) que Spinetta era oriundo del barrio de Belgrano, barrio que albergaba por entonces a los sectores porteños más acomodados. Lo que es menos sabido es que en esas calles el rock era más bien una excentricidad, música suburbana, como solía decirse entonces. El rock apuntaba a ser voz de los pibes que debían ir a laburar, los problemas que enfrentaban por elegir un camino al de sus padres, el asco que daba tu (alta) sociedad. Ahí, acaso, la primera anomalía del Flaco.
Como muchos de los pibes y pibas de su tiempo, Spinetta soñaba con una sociedad que no tuviera esas ni otras inequidades; puede decirse que soñaba con un mundo en la que disfrutar del arte y del amor y dedicarse a la creación de distinto tipo fuera la mayor preocupación de la vida de cualquier personas. Temas más existenciales, no está mal decir. Y hacia allí dirigió sus primeros acordes. Algunos memoriosos incluso dicen que dirigió más que acordes: lo recuerdan protestando en manifestaciones en los tempranos días de la década del setenta; hasta participando en las reuniones de una pequeña agrupación de izquierda.
Vinieron años de discos a los que no se les prestó la atención debida, especialmente al fabuloso Téster de violencia, que contenía el debut oficial como músico de su hijo Dante, al mando de Pechugo. Durante la presentación, la nueva agrupación subía a cantar El mono tremendo. En eso de las bandas de infantes y de compatir escenarios con los hijos, el Flaco también fue un precursor.
Algunas frases:
«No hay energía para volar, y con los pies sobre la tierra te vas hundiendo. No podemos pretender que hoy sea como en otros años en los que toda una sociedad descubrió, por los Beatles, por Timothy Leary, por Kennedy, por Mandela, que había un mundo para crear. Y la música era una explosión constante en cada artista. Yo sigo viviendo en esa época. De alguna manera, me quedé.
«En algunos momentos pareciera que el rock tiene la clave para allanar los problemas que nos aquejan, pero en general todo se ha envilecido por los artistas con deseo de enriquecerse y figurar. El ego se ha impuesto sobre el talento.
«Mucha gente se quiere salvar antes del 2000 sin importarle si aplastan a otros para su realización. No me uno a eso para nada. Y por eso me paso las horas inventando cosas para decir, en contra de todo ese torbellino de locuras que son las grandes ciudades en el fin de siglo.»
«Me gustaría que mi música ayude a paliar el dolor de los que no pueden.»
«Hay que crear un país grosso, ganen ese espacio de imaginación con esfuerzo para poder vencer a todos esos enemigos que son muy mediocres».
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