Trabajo, salud, tristeza, veneración, confesión, angustia, desesperación, renovación de votos. Postales de la caminata histórica a Luján.

Sin embargo, cuando parece que mucho está perdido, millones de compatriotas peregrinan en búsqueda de un horizonte de justicia social, jubileo del espíritu, pero sobre todo, ante la insensibilidad y oídos sordos de su clase dirigente, su mayor deseo es conversar con su Madre espiritual: la Virgen de Luján.
Trabajo, salud, tristeza, veneración, confesión, angustia, desesperación, renovación de votos. Por los jubilados, por la educación, por los discapacitados, por los compañeros y compañeras, por los destinos de la Nación; hermanos y hermanas de esta Argentina gigante, caminan a corazón abierto agradeciendo, suplicando amor, paz y misericordia para ellos y sus hermanos.
Allí, se comulga respeto, admiración, pasión, fraternidad, hermandad y sobre todo alegría. Alegría porque, en el encuentro festivo de la peregrinación a la Virgen de Luján, se encuentran presentes todos aquellos valores hoy ausentes en los vectores de la política cotidiana y la realidad anómica de la República.
¿Un ingrediente infaltable de este ritual? El silencio. En la procesión, el silencio es diálogo con Dios. Es diálogo con uno mismo. Es diálogo con la comunidad. Aquella que parece por momentos cercana a su ruptura definitiva, pero que paradójicamente encuentra en la Fe, el combustible para el milagro.
En esa revolución de pasos, el peregrino sin querer expone la arquitectura fantasmagórica del poder que ejercen sectores de la política dirigencial. Hombres y mujeres de ojos ciegos bien abiertos. Sujetos que juegan una especie de “estrimeo virtual” delirante con las necesidades más profundas del pueblo. Rindiendo culto permanente a valores autodestructivos como el egoísmo, el individualismo o el hedonismo. Cultura del descarte, desde donde se depreda la casa común y los fundamentos ordenadores de la comunidad que propuso sabiamente el Papa Francisco:
“La realidad es superior a la idea, el todo es superior a la parte, la unidad es superior al conflicto y el tiempo es superior al espacio.”
En un contexto donde peligra la integración geográfica de nuestro territorio, donde la soberanía política esta jaqueada por factores internos y externos, y la economía “nacional” se ha convertido literalmente en una mesa de casino que siempre tiene de ganador el “croupier de la casa” a costas del sacrificio de las mayorías trabajadoras. En el país de la deuda esclavizante, del infierno del Dante representado en el avance de la corrupción más sombría y el narcotráfico violento que se lleva la vida de nuestros hijos. En este sur castigado en todas sus latitudes hay una gran noticia. ¡Y se manifiesta con la potencia de un Salmo! Hay un pueblo en movimiento. Peregrino y bondadoso, que se encuentra y reconoce entre sí a partir de una madre que lo cobija. Que lo abraza. Que lo mira a los ojos y le recuerda quién es. Sin dudas es una noticia para celebrar. Un milagro de fe y esperanza para un pueblo que sabe qué hacer y dónde encontrarse en la imprescindible tarea de volver a empezar. CELEBREMOSLO
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