El cortometraje del director Guido Segal se estrenó en el BAFICI, y cuenta con actores y actrices y una extraña colección de personajes inanimados que emulan las figuras de Hitler, Mussolini y Franco. Una invitación a sondear el deseo psicoanalítico en una puesta en escena lisérgica.

Afincado en Los Ángeles desde hace más de un lustro, Segal logró quedar seleccionado en un festival que conoce desde pequeño. “El BAFICI me formó, trabajé ahí y vi muchas de las películas que más me influenciaron, fue como volver al primer amor”, explica. Además de Susana Pampín, Carla Crespo, Patricio Aramburu y Phillipe Lecuyer, unos peculiares muñecos son protagonistas de la pieza.
“Una persona cercana me mostró que había comprado una colección de muñecos. Ver que estaban rotos me resultó muy llamativo. Tenían un costado macabro, porque eran representaciones de líderes de la Segunda Guerra. Me fascinó que algo que fuera perverso también pudiera ser hermoso. Al explorar esa contradicción surgió la historia”, relata a Tiempo.
Las figuras en cuestión son representaciones de Adolf Hitler, Benito Mussolini, Francisco Franco, Dwight Eisenhower y Charles De Gaulle. El corto, de 14 minutos de duración sorprende por su calidad y por sus efectivos gags. Explora la cuestión del deseo en psicoanálisis, los viajes lisérgicos y el kintsugi, la técnica japonesa para reparar objetos con resina dorada.
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