Una jueza fue interceptada por dos asaltantes quienes desistieron del robo cuando les dijo que iba a un misa encabezada por Olveira.

El singular episodio ocurrió el 27 de octubre pasado, cuando la jueza del tribunal oral número 29 Cristina Deluca Giacobini se dirigía conduciendo su automóvil, junto con una amiga, a una misa en una pequeña capilla instalada en la Isla Maciel, uno de los barrios picantes del Conurbano bonaerense, en el partido de Avellaneda y muy cerca de la Capital Federal.
Según contó la jueza a la radio AM 530, una motocicleta con dos jóvenes a bordo las interceptó, y uno de los tripulantes “con una 9 milímetros en la mano” les abrió la puerta del lado del conductor y les gritó: “quietas, quietas”.
Deluca Giacobini, con las manos sobre el volante en actitud pasiva, le dijo al asaltante: “vamos a la misa de Paco”.
“El muchacho guardó el arma en la cintura, nos pidió disculpas, cerró la puerta suavemente y se fue caminando hacia atrás, con las palmas de las manos extendidas hacia nosotras y diciendo ‘perdón, perdón’. Se subió a la moto y los dos se fueron”.
La jueza y su acompañante siguieron su camino, fueron a la misa (tal como lo hacen regularmente desde hace unos cinco años) y luego se retiraron sin nuevas dificultades.
El padre Paco Olveira fue recientemente separado de la diócesis de Avellaneda-Lanús, a mediados de septiembre pasado, y dejará de ser el párroco de la Isla Maciel a principios del año próximo.
“Es normal que los curas cambiemos de parroquias según necesidades. Es cierto que a fin de año o principios del que viene vendrá otro sacerdote y que el Obispo prefirió que mi siguiente labor pastoral no sea en la diócesis de Avellaneda- Lanús y se lo respeto. Sí espera la comunidad cristiana que el curita que se nombre venga gustoso, ame a los humildes y continúe una línea pastoral desde la opción por los pobres y para ello está trabajando”, explicó el sacerdote a sus feligreses.
Deluca Giacobini, integrante del tribunal oral número 29, conoció al sacerdote “hace unos cinco años” a raíz de la actividad social del religioso. “Hace muchos años que colaboro con el padre. Creo que es la forma de acercarse al otro y también mostrar que hay otra forma de vivir, con el estudio, con el trabajo, con el compartir y el ser solidario. Esa es la forma de ir cambiando el mundo”.
La jueza llamó a no estigmatizar al barrio. “Lo que me pasó fue en la Isla Maciel, pero también hace algunos años en Callao y Quintana, en plena Recoleta, cuando me rompieron la ventanilla y me robaron la cartera. La diferencia es que en Callao y Quintana no estaba el Padre Paco”, reflexionó.
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