Las más de 200 personas que se quedaron sin la posibilidad de trabajar en los estadios de fútbol realizaron una protesta en el centro y regalaron sándwiches de chorizo, bondiola y vacío. Aclaran que no tienen nada que ver con las barras bravas.

«Somos más de 200 familias que salimos a buscar el mango», dijo una integrante de la Organización de Vendedores en Eventos Masivos (OVEM) que desde 2007 maneja una parrilla con su marido para vender choripanes en estadios los fines de semana y en manifestaciones los días hábiles.La mujer argumentó que cuentan con «monotributo social y libreta sanitaria».
La manifestación fue acompañada por representantes y banderas de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), que lidera Juan Grabois, y del Movimiento Evita.
Sobre el parrillazo, su marido apuntó: «Queremos que sea lo más visible posible que nosotros no trabajamos con los barras, como dice la opinión pública». Y, remarcó: «Siempre quisimos regularizarnos, ¿cómo te vas a regularizar trabajando con las barras?, no es lógico».
El 29 de enero, el Gobierno porteño revocó los permisos para los puestos que elaboraban y vendían comida en los alrededores de los estadios de fútbol porteños durante cada partido.
«Un estadio sin chorizos, no es estadio», dijo Liliana Rodríguez, una turista peruana, quien contó que en Lima las canchas están rodeadas de puestos de comida. Un joven de 20 años que trabaja a siete cuadras del Obelisco para una empresa de medicina prepaga, se enteró del parrillazo por Twitter y destinó su hora de almuerzo a hacer fila bajo el sol para comer un choripán gratis: «Es una tradición comerse un choripán en la cancha, se puede regular sin dejar a la gente sin trabajo», opinó.
Durante el parrillazo, algunos integrantes de la OVEM recorrían las filas que se formaban en la Plaza de la República para juntar firmas a favor de los puestos de comida y en contra de la resolución que los prohíbe. «En diciembre me sacaron la parrilla y la garrafa. Por la feria judicial todavía no me la devolvieron. Por eso no la traje y estoy juntando firmas», contó Claudia, que tiene 49 años y desde 2003 vende hamburguesas, bondiola y choripán en los estadios.
El gobierno porteño publicó su resolución ante un pedido de la Subsecretaría de Seguridad Ciudadana a la dirección de Ambiente y Espacio Público sobre los permisos para «la elaboración y expendio de productos alimenticios en las inmediaciones de estadios de fútbol» a tono con «la implementación de estrategias generales» para «mejorar la calidad y seguridad de estos entornos».
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