Fue para celebrar la canonización de la Madre Teresa en el Vaticano.
El almuerzo, ofrecido en el aula Paulo VI , fue preparado por una pizzería napolitana que llevó al Vaticano tres hornos de leña y fue servido por cerca de 300 voluntarios y voluntarias.
«Pienso especialmente en tantas religiosas que dan su vida sin guardarse nada. Rezamos en particular por la hermana misionera española Isabel, asesinada hace dos días en la capital de Haití, un país para el que pido que cesen los actos de violencia y que haya mayor seguridad para todos.Recordamos también a otras hermanas que han sufrido violencia en otros países».
Luego de dar el Ángelus, y antes de almorzar con los invitados, Francisco dio una vuelta en papamóvil por los alrededores de la Plaza San Pedro para saludar a los miles de fieles que siguieron la canonización desde la Via della Conciliazione.
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