Acorralado por acusaciones de corrupción, el presidente fue destituido. En una votación en la Cámara Baja, Sánchez reunió un heterogéneo apoyo mayoritario para asumir el Ejecutivo.

En la votación en la Cámara Baja, Sánchez reunió el apoyo de una mayoría de diputados (180 de 350) a su moción de censura, promovida después de que la justicia condenara al Partido Popular (PP) de Rajoy en un sonado caso de corrupción.
El rey Felipe VI firmará, en principio este viernes por la tarde (hora española), el nombramiento de Sánchez, que podría jurar o prometer su cargo el sábado.
«Voy a abordar todos los desafíos que tiene nuestro país con humildad, con entrega», y «voy a hacerlo desde el consenso, con humildad, con mucha capacidad de trabajo», declaró el líder socialista a la prensa, después de seis años y medio de poder conservador en España.
Rajoy se despidió antes del desenlace con una breve intervención en la cámara, reconociendo su derrota y felicitando a Sánchez por adelantado.
«Suerte a todos ustedes por el bien de España», dijo el líder conservador, de 63 años y en el cargo desde diciembre de 2011. Tras el resultado, fue a saludar al socialista con un apretón de manos.
Para echar a Rajoy, Sánchez armó una heterogénea coalición con la izquierda radical de Podemos, los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. En total, ocho fuerzas políticas lo votaron este viernes.
Una opción obligada por la fragmentación de la cámara, y denunciada enérgicamente por el portavoz del PP en la cámara, Rafael Hernando, quien fustigó una coalición de «extremistas, radicales e independentistas» que «quieren acabar con el proyecto de España».
Sánchez, licenciado en Economía y de 46 años de edad, reconoció que «por supuesto» tendrá dificultades en su acción de gobierno, que con los 84 diputados de su partido será el más minoritario de la España democrática.
No obstante, reiteró con un tono optimista su «compromiso con Europa» y la estabilidad macroeconómica, y prometió «estabilizar socialmente este país», priorizando políticas en favor del medioambiente y de la igualdad entre hombres y mujeres.
Igualmente, reiteró su oferta de diálogo al gobierno independentista catalán entrado en funciones este mismo viernes, lo que augura el levantamiento inminente de la tutela impuesta a la región en octubre, a raíz del intento fallido de secesión unilateral. «Este gobierno quiere que Cataluña esté en España, y escuchará a Cataluña», declaró Sánchez.
El PSOE promovió la moción de censura hace una semana, tras conocerse la sentencia judicial de la Gürtel, una trama corrupta consistente en una red de empresas que de 1999 a 2005 sobornaron a cargos del PP para obtener contratos públicos en distintos puntos del país.
La sentencia fue una bofetada para el PP, que no obstante la recurrirá.
El partido conservador fue condenado a pagar más de 245 mil euros como «partícipe a título lucrativo» de la trama. La justicia consideró probado que hubo una caja B desde 1989, y el tesorero que la administró, Luis Bárcenas, fue condenado a 33 años de prisión.
La votación de este viernes saca del poder a un Mariano Rajoy que en los últimos tiempos sobrevivió a la grave crisis económica de 2008-2013, y al desafío separatista catalán, la peor crisis política en España en cuatro décadas.
Sánchez y su ascensión fulgurante
Consumada la destitución de Rajoy, Sánchez ha completado en apenas un año un recorrido sorprendente: en mayo del año pasado recuperó el liderazgo del PSOE meses después de verse defenestrado por una rebelión interna, y ahora se dispone a presidir el gobierno español.
En su exposición de motivos el jueves prometió que mantendrá los presupuestos de 2018 elaborados por el PP, aprobados hace una semana en la cámara baja y pendientes de tramitación en el Senado, donde los conservadores tienen mayoría.
Un gesto paradójico y destinado a atraerse el apoyo decisivo del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que gobierna esta región del norte de España y arrancó de esos presupuestos un paquete de inversiones en infraestructuras de 540 millones de euros.
Pero dado lo variado de sus apoyos, su mandato se anuncia difícil. Sánchez admitió que «es evidente que tenemos que ir a unas elecciones generales», y abogó por «que consensuemos ese horizonte electoral».
La convocatoria electoral es además una exigencia firme del partido liberal Ciudadanos, rival del PP en la derecha y que según los sondeos va viento en popa. Si no hay comicios adelantados, la legislatura terminará a mitad de 2020.
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