La película reconstruye el histórico duelo entre Diego Maradona y la selección inglesa. El festival francés presentó además nuevas obras de directores consagrados y una inesperada decepción de Asghar Farhadi.

Pero, finalmente, lo más importante fue lo que pasó en el partido en sí, gracias a los dos épicos y muy distintos goles de Diego Maradona: el que se haría famoso como “la Mano de Dios” y, unos minutos después, el que muchos consideran el mejor gol de la historia de los mundiales de fútbol. A apenas un mes de un nuevo encuentro futbolístico mundial, El partido llegó al Festival de Cannes para recordar ese evento. La película codirigida por Juan Cabral y Santiago Franco y basada en el libro homónimo de Andrés Burgo se organiza en varios segmentos para narrar los diferentes aspectos del match en cuestión.
Por un lado, la historia de tensiones entre ambos países que va desde las Invasiones Inglesas hasta Malvinas. Por otro, la evolución de cada uno de los equipos antes de llegar al Mundial. Y, fundamentalmente, el partido en sí, con todos sus detalles, curiosidades y secretos. Los que lo observan, comentan y analizan son jugadores de ambas selecciones que participaron de aquel partido: Jorge Valdano, Oscar Ruggeri, Julio Olarticoechea y Ricardo Giusti por el lado argentino, y Gary Lineker, John Barnes y el arquero Peter Shilton, que continúa molesto por el gol con la mano de Diego.
El film —que se verá por Disney+ a partir del 21 de mayo— busca más que nada unir versiones de la historia, acercar posiciones y funcionar como una suerte de reflexión acerca de todos los temas que circulan alrededor del fútbol en general y de este partido en particular: la idea del engaño, la trampa, el talento, la filosofía de cada una de las naciones en juego y la indescifrable manifestación del genio que frota la lámpara y, en apenas unos segundos de magia pura, se lleva la historia puesta en esa camiseta comprada apenas unos días antes en una feria mexicana.
Fuera de la premiere del documental argentino, Cannes arrancó con la presentación de algunos esperados filmes de autores de renombre internacional. El japonés Koji Fukada abrió la competición con Nagi Notes, una película centrada en el reencuentro entre dos ex cuñadas que comparten unos días en un pueblo campestre japonés mientras una de ellas posa para una escultura que hace la otra. En el medio, una serie de llamativos eventos se van gestando en el lugar, en una película sobria y cuidada que no explota del todo sus enormes posibilidades dramáticas.
La película francesa La vida de una mujer, de Charline Bourgeois-Tacquet, es un drama urbano y realista acerca de la vida de una prestigiosa cirujana de un hospital público de Lyon, que lidia con recortes presupuestarios (sí, allí también), problemas de pareja, con una madre enferma y un affaire amoroso que la toma por sorpresa. Com una gran actuación de Léa Drucker, el film francés indaga con precisión en los problemas y tensiones de la vida de de una mujer que tiene que conjugar, con dificultad, vida personal y profesional.
El segundo día de Cannes trajo nombres más conocidos, como el polaco Pawel Pawlikowski (Ida), quien estrenó Fatherland, film centrado en la relación entre el famoso escritor Thomas Mann y su hija Erika a lo largo de un viaje en coche por la Alemania en ruinas de posguerra, mientras el autor de La montaña mágica da entrevistas y conferencias. Hanns Zischler y Sandra Hüller (la actriz de Anatomía de una caída) son los protagonistas de este bello y doloroso film en blanco y negro que explora el específico drama de la familia del escritor con la difícil situación social y política de ese país tras ese devastador conflicto bélico.
La primera gran decepción del festival hasta el momento corrió por cuenta del director de La separación, Asgar Farhadi, que trajo a Cannes Historias paralelas, película que rodó en Francia y en la que cuenta las experiencias de una escritora que espía a sus vecinos para tener material para su nueva novela.
Con un elenco francés de renombre —Isabelle Huppert, Virginie Efira y Vincent Cassel, entre otros—, el realizador iraní hace una mala adaptación de Una película de amor, de Krzysztof Kieslowski, mezclando la vida de la escritora y la ficción que ella escribe, la que empieza a confundirse con la vida real de sus vecinos de un modo peligroso. Larga, sin gracia y poco creíble, es un importante fracaso en la carrera del realizador iraní.
El fin de semana llegarán a la competencia por la Palma de Oro en Cannes otros pesos pesado del cine internacional —el estadounidense James Gray, el español Rodrigo Sorogoyen, el japonés Hirokazu Kore-eda, entre otros— y, en la sección paralela Quincena de Realizadores, arribará el realizador argentino Lisandro Alonso, con su película La libertad doble, secuela de su opera prima La libertad, que también se estrenó aquí en Cannes solo que 25 años atrás.
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