Ping pong con Emilia Mazer: “Una vez comí ciervo y sentí que traicioné a Bambi”

Por: Nicolás Peralta

Reivindica su pasión por la actuación y la docencia, los libros de Simone de Beauvoir y la necesidad de no perder el sentido del humor.

Actriz de enorme trayectoria en teatro, cine y TV, Emilia Mazer fue revelación en Los chicos de la guerra, trabajó con Alejandro Doria, protagonizó ciclos icónicos y hoy actúa junto a Julio Chávez en La ballena. También es docente desde hace casi tres décadas y sigue estudiando, viajando y eligiendo historias que la representen.

–¿Cuándo supiste que querías ser actriz?

–Siendo niña, jugando. A los seis años ya lo tenía claro. Empecé a estudiar a los 16 y nunca me detuve.

–¿Cómo fueron esos primeros pasos?

–Llenos de ilusión. A los 18 ya debutaba como actriz.

–¿Fue difícil?

–No uso palabras como “fácil” o “difícil”. Si me gusta, allá voy.

–¿Tu participación en Los chicos de la guerra marcó tu carrera?

–Fue muy fuerte. Se estrenó en 1984, la guerra había sido en el ’82. Ya había hecho un corto premiado, Dulce esperanza, pero ese papel me explotó la vida. Desde el día siguiente al estreno empecé a trabajar sin parar.

–¿Cómo elegís los proyectos?

–Mi lema es «Si no te sentís bien, no lo hagas». Hice de todo: teatro comercial, independiente, escribí, dirigí. El criterio cambia, pero me tiene que gustar contar esa historia. No importa el tamaño del papel.

–¿Incluso hoy?

–Incluso hoy. En La ballena tengo una sola escena, pero es muy movilizante y la comparto, nada más ni nada menos que con Julio Chávez.

–¿Qué te gusta fuera del trabajo?

–Hago gimnasia, yoga. No para ser atleta, sino para estar bien. Me gusta leer y estudiar.

–¿Qué estudiás?

–Hice una diplomatura en Historia con Felipe Pigna. Ahora curso otra en neurociencias aplicadas a la enseñanza. No tiene que ver con la actuación, pero me enriquece.

–¿Por qué das clases?

–Mi abuelo era maestro, mis padres docentes universitarios. Lo llevo en la sangre.

–¿Dónde estudiaste?

–En la Escuela Normal N° 1, bachiller con orientación pedagógica. Estudiando teatro admiraba a Alezzo y pensaba: “Algún día quiero estar ahí”. Cuando sentí que tenía experiencia para transmitir, empecé a dar clases. Lo vivo como una gran responsabilidad.

–¿Cuál fue la peor función?

–Una gira en Madrid con el unipersonal Buscando a Madonna. Pensaron que era un musical, no una obra crítica. Fue un desastre. Era en un boliche, con show de transformistas, stand up y bandas. Me anunciaron como “Emily”. La obra duraba 90 minutos y quedó en 20. Nadie entendía nada, fue un bochorno. Terminé llorando.

-Fue una noche memorable.

-En aquel momento obvio que terminé llorando, me quería matar.  Hoy lo cuento y me cago de risa. El sentido del humor siempre termina siendo nuestro mejor aliado.

–¿Viajaste mucho por trabajo?

–No sé si tanto. Pero sí. Filmé en Estambul, Atenas y Estocolmo. Di clases en España y Brasil. Fui a Uruguay muchas veces. A México, a escribir un guión.

–¿Qué comidas te sorprendieron?

–En España, gambas al ajillo, natilla, jamón. En Brasil, feijoada y jugos. En Suecia comí faisán y ciervo. Me impactó mucho: me acuerdo que cuando comí ciervo sentí que traicionaba a Bambi, uno de mis grandes recuerdos de la infancia (risas).

–¿Qué pensás de la falta de ficción en TV?

–Es una pena. Viví una época gloriosa. Nosotros y los miedos, Verdad consecuencia, Mujeres asesinas, todas con Doria. Fue la edad de oro.

–¿Cuál es tu disco favorito?

–Mi primer disco fue Abbey Road, de Los Beatles. Pero de los ’90 me marcó REM y sobre todo el tema “Losing My Religion”:  me da mucha energía.

–¿Un libro preferido?

–Todos los de Simone de Beauvoir. Me hicieron feminista antes de tiempo.  «

Ping pong con Emilia Mazer

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