En la frontera entre la razón y la locura

Por: Diego Gez

Julieta Zylberberg le pone el cuerpo al unipersonal La Fiebre. La obra retrata la historia de Azucena, una mujer que experimenta un brote psicótico que la empuja a un viaje singular.

Sobre las ganas de patearlo todo, incluida la delicada frontera donde termina la cordura. Bajo ese precepto delicado se apoya una obra que intenta avanzar en un camino donde las certezas siempre están por verse. En La Fiebre, la nueva obra de Mariana Chaud, Julieta Zylberberg toma el escenario para transitar diferentes situaciones donde un único personaje se vuelve pura instancia de apuesta.

Estrenada recientemente bajo el paraguas del teatro independiente, el retorno de Zylberberg a ese modo de producción también tiene mucho de lúdico, en gran parte motivado por su amistad con la directora de esta obra, una vieja amiga con la que comparte un pasado de pura construcción artística. “Con Mariana somos muy amigas y siempre teníamos ganas de hacer una obra juntas, e inclusive tuvimos algunos intentos que por nuestros trabajos no se dieron. Después avanzamos sobre algo nuestro, fue a principios del año pasado cuando ella escribió un texto cortito que fue el comienzo de todo esto. Al leerlo me pareció increíble”, aclara Zylberberg sobre aquellos primeros pasos que desembocaron en La Fiebre.

La actriz interpreta a Azucena, una mujer que experimenta un brote psicótico que la obliga a dejarse llevar por sus reacciones más intempestivas e inmediatas. “Para explicar lo que le sucede al personaje hay que dejarse llevar por un relato que no está precisamente ordenado. Ella decide soltar las sogas que la atan a la tierra y al sistema. Es que cortó con todo y se entregó a eso; vaga por la calle, sigue el recorrido de un tren pero caminando, toma drogas y habla con una tortuga de nombre Fiebre, que es una especie de compañera. Creo que el límite entre la cordura y la locura siempre es muy finito y la obra habla en ese sentido. Todos le tenemos temor a la locura e irse a otro lado en el que uno no está acostumbrado, pero también existe algo seductor en eso porque la vida a veces se hace insoportable. Hay mucho rechazo contra la locura, algo así como mantenerla alejada para que no entre a tu vida. En realidad estamos siempre ahí, muy cerca de ella, y si te corrés un poquito llegás. La sociedad está marcada para que pertenezcas a ella, pero siempre bajo sus requisitos”.

Reflexionando sobre esa instancia, Zylberberg sostiene: “Tengo un montón de cosas de ella y lo puedo reconocer (risas). Pero para hacerla a Azucena no observé a nadie, busqué  una mirada propia. Me pasó con esta interpretación que me miré a mí misma, mi interior, y me permití  soltarme más. Pero como dije antes, creo que lo que le pasa a ella es algo que siempre está cerca de nosotros. Para la interpretación busqué en zonas particulares de mi conciencia sin hacer algún trabajo de campo. De alguna manera, poco o mucho, locos estamos todos (más risas), aunque el personaje también tiene momentos de lucidez muy plenos, situaciones donde está el amor, la vida, la soledad. Digamos que de esa forma se puede vislumbrar quien era ella antes de soltar la cordura.”

Hoy y a la distancia, ella admite que el proyecto era un ideal para realizar, sobre todo por la posibilidad de contar con una libertad buscada. “Era hacer lo que nosotras queríamos representar en un escenario. Un texto de ella, yo actuándolo, a nuestros tiempos y hablando de algo nuestro. Me acuerdo que ella mientras escribía la obra me la iba dando para leer y yo después  ensayaba. Era juntarnos muy tranquis a trabajar en alguna de nuestras casas, aunque también nos colgábamos mucho en los ensayos porque teníamos mucho para conversar” (risas).

Una obra como La Fiebre se inscribe en la tradición más palpable del teatro independiente, con un marco de producción acotado, en una sala chica y sin la pompa ejecutiva económica de las obras del mainstream. Volver a este formato le permitió a su protagonista conseguir una autonomía tan ansiada como buscada. “En un momento Mariana me dice que la obra estaba lista y me pregunta si quería buscar algún gran teatro, y yo me negué. Quería que nos moviéramos con nuestros tiempos, sin presiones y a nuestro modo”, concluye Zylberberg.


La Fiebre

Una obra de Mariana Chaud. Actúa: Julieta Zylberberg. Sábados a las 23 en Nun Teatro Bar, Juan Ramírez de Velazco 419.


Proyectos para el año que viene

Lo que viene para Julieta Zylberberg en relación a 2020 mucho tendrá que ver con su trabajo en la pantalla grande y chica, respectivamente: «Hace poco estuve en Chile filmando una película muy hermosa que se llamará Tengo miedo, torero, basada en la novela homónima de Pedro Lemebel, donde interpretó a una guerrillera. Tuve de compañeros a Alfredo Castro y Leonardo Ortiz Gris, y sinceramente creo que será un peliculón total. Todo gira alrededor de la historia de una travesti vieja que se enamora de un guerrillero joven en los ’80, con el pinochetismo de fondo. Y a mediados de noviembre comienzo a hacer con Polka una tira que se llamará Separadas, con un elenco grande de siete chicas». Zylberberg valora mucho este tipo de productos televisivos, cada vez más escasos, y no se siente tan identificada con programas como Bailando por un sueño: «Sé que hay actores a los que les gusta la exposición que te da el Bailando, pero no es mi tipo. Una vez me ofrecieron estar ahí, pero sentí que no era un lugar para mí. Agradecí la propuesta porque fueron amorosos conmigo y seguí mi camino», recuerda.

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