La encabeza el viceministro Gabriel Rubinstein. El objetivo de máxima es que el Fondo adelante sin condicionamientos los U$S 10.000 millones que tenía previsto girar a lo largo del año.

El viaje tendrá como telón de fondo la fuerte corrida cambiaria que elevó la cotización del dólar paralelo un 25% en apenas 10 días. El martes cerró a $ 495 por unidad, luego de haber orillado los 500 pesos en algún momento de la jornada.
La renegociación había sido acordada por el ministro de Economía, Sergio Massa, con la subdirectora del FMI, Gita Gopinath, en un encuentro que sostuvieron hace dos semanas en Estados Unidos. La corrida cambiaria aceleró los tiempos y amplió la agenda de discusiones. “Notificamos al FMI de las restricciones que pesaban sobre la Argentina y que vamos a cambiar en la rediscusión del programa”, anunció Massa en un intento por mostrar energía en medio de la crisis. Un ejemplo de esas restricciones dejadas de lado fue la venta de bonos (revelada este martes por operadores financieros) por parte del Banco Central, en un intento por aplacar la suba de los dólares CCL y MEP: había un compromiso de que no se utilizarían para esos fines.
El objetivo del viaje, como de todas las gestiones que se vienen llevando a cabo en los últimos días, es conseguir divisas frescas para el Banco Central, aplacar la corrida cambiaria y mostrar un cierto margen de apoyo político. Desde Washington, voceros del FMI afirmaron que “los intercambios entre las autoridades y el equipo del Fondo Monetario Internacional avanzan de manera constructiva”.
En el Palacio de Hacienda se juegan la carta de que la entidad acepte adelantar los desembolsos previstos para el corriente año. Son unos 10.800 millones de dólares que se deberían girar en tres tramos, en junio, septiembre y diciembre, sujetos al cumplimiento de ciertas metas macroeconómicas (acumulación de reservas, contención del déficit fiscal y el cese de la emisión monetaria). Las autoridades económicas pretenden que todo ese dinero sea girado lo más rápido posible a sabiendas de que las metas pactadas no serán cumplidas. En materia de déficit fiscal, por ejemplo, el saldo negativo del primer trimestre ($ 689.000 millones) superó en un 56% el tope previsto.
A favor de ese propósito, el gobierno esgrime la carta del apoyo de la Casa Blanca, que Joe Biden prometió a Alberto Fernández en la cumbre presidencial del mes pasado. El respaldo se tradujo en la inmediata visita al país de la subsecretaria de Estado, Wendy Sherman. La palabra de Estados Unidos tiene mucho peso en las decisiones del FMI.
Gopinath, que en los últimos tiempos tomó a su cargo de manera directa la relación con Argentina, había flexibilizado en primer lugar los objetivos de acumulación de reservas y luego aceptó rediscutir el tope de déficit fiscal, que según argumentaban los negociadores argentinos no contemplaba la reducción de ingresos tributarios por las menores exportaciones agrícolas adjudicadas a la sequía.
Pero esos temas ya quedaron atrás después de los ardientes últimos 10 días, en que el Banco Central se quedó sin dólares para controlar la situación. El viernes pasado la entidad emitió una comunicación que en la práctica paralizó la demanda: obligó a que todos los pedidos de divisas sean formulados con 48 horas de anticipación, lo que le permitió capturar algo más de U$S 400 millones de las liquidaciones en el mercado oficial de cambios en las últimas tres ruedas.
Por fuera del FMI, Massa ya golpeó casi todas las puertas que tenía para llamar; hubo aportes del BID, del Banco Mundial y hasta se activó otro tramo del swap de divisas con el Banco Popular de China. El martes anunció otro crédito del BID, esta vez por U$S 75 millones, para provisión de agua potable en la provincia de Buenos Aires.
El eventual adelantamiento de los desembolsos del FMI quedó envuelto en las tensiones políticas preelectorales. El domingo, el representante argentino ante la entidad, Sergio Chodos, denunció que economistas de Juntos por el Cambio se entrevistaron con representantes de la entidad para sugerir que no hagan ningún aporte de divisas previo a las elecciones. Chodos calificó esa conducta de “triste y antipatria”.
Por su parte, el economista Alejandro Werner, quien durante muchos años integró el FMI y tenía bajo su órbita las negociaciones con Argentina, consideró que «es muy difícil pensar que el FMI suelte recursos adicionales para financiar el faltante de reservas«. Este miércoles, en declaraciones radiales, Werner opinó que “es difícil que el FMI haga un desembolso a un gobierno que no tomó las medidas necesarias en tres años, no lo va a hacer ahora a punto de cambiar la administración”, en referencia a las elecciones presidenciales de octubre próximo.
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