“Envidiosa”: Vicky y la neurosis como deporte de alto rendimiento llegan a la meta

Por: Diego Lerer

La serie de Netflix hace del egoísmo un espectáculo que irrita, pero también seduce. Su inminente cuarta y última temporada cierra con las virtudes y defectos que la consagraron como un éxito.

Tras cuatro temporadas siguiendo las idas, las vueltas y la continua neurosis de Vicky, su protagonista, llega a su final Envidiosa, una de las series argentinas más exitosas de los últimos años. Protagonizada por Griselda Siciliani, la serie de Carolina Aguirre, producida por Netflix, se volvió un suceso pese a centrarse en una protagonista que, durante la mayor parte del tiempo, es una mujer egocéntrica, narcisista, caótica e inestable que no hace más que irritar al resto de la gente y frustrarse con todos y consigo misma.

Prototipo de chica que creció con conceptos anticuados de lo que era ser una mujer perfecta, Vicky es un personaje frustrante que casi no evoluciona a lo largo de las temporadas de la serie, recayendo una y otra vez en los mismos vicios de querer lo que, supone, tienen los demás y ella no. Si algo diferencia a la cuarta temporada -que quizás sea la mejor de todas- es que, por primera vez y solo ocasionalmente, Vicky no solo empieza a ver las cosas más allá de su propio ombligo, sino a entender que hay otras muchas vidas felices posibles que no tienen necesariamente mucho que ver con los cánones tradicionales.

La última temporada de Envidiosa tiene como eje inicial (spoilers de la tercera temporada) la adaptación de Vicky al hijo de nueve años, fruto de una relación anterior de su pareja, Matías (Esteban Lamothe). El chico, Bruno (Dante Barbera), creció con una madre casi opuesta a Vicky, una mujer (interpretada por Julieta Cardinali) que parece ser descontracturada, impulsiva, desordenada y más preocupada por cualquier otra cosa que por el chico. Esa oposición -o, digamos, el intento de acercar esas dos filosofías de vida- es central en una temporada en la que Vicky tiene que, otra vez, intentar salir de esa limitada visión de la felicidad que tiene para sí misma.

Bruno es simpático y tierno, pero muchas veces está en la suya, no la escucha, rompe cosas, deja tiradas otras y no siempre se adapta a los exigentes programas que la demasiado entusiasta y organizada Vicky le arma intentando conseguir su afecto como sea. Ese “trabajo personal” será central en su terapia con Fernanda (Lorena Vega), lo mismo que su adaptación a tener una estructura familiar que no tiene mucho que ver con sus expectativas infantiles.

Por fuera de eso, la temporada se ocupará de los problemas de pareja de su hermana Carolina (Pilar Gamboa) con su marido Fermín (Adrián Lakerman), con el que está separada y, a la vez, lidia con la aparición de una tercera. Las amigas de Vicky (interpretadas por Bárbara Lombardo, Violeta Urtizberea y Marina Bellati) ocupan roles cada vez más secundarios, salvo esta última, que lidia con intensos problemas de pareja a partir del embarazo de su novia.

Y en un regreso previsible -en los pocos momentos de la serie en los que Vicky hace algo relativamente parecido a trabajar- reaparece en su vida Nicolás (Benjamín Vicuña), con un proyecto laboral en común que rápidamente se convierte en una tentación para que Vicky vuelva a sus “malos hábitos” junto a su tóxico ex. Una subtrama con su madre, Teresa (Susana Pampín), cobra un inesperado peso en la temporada y, en cierto modo, será clave a la hora de activar una transformación en el modo en el que la protagonista ve su propio futuro familiar.

A lo largo de sus cuatro temporadas, Envidiosa logra escapar a sus vicios más televisivos tradicionales (que los tiene, y son muchos) y a su mirada un poco “Susanita” del mundo femenino gracias a un elenco de excelentes actrices que logra sacarle jugo a las improbables situaciones en las que se meten todas ellas. Siciliani es una brillante actriz de comedia cuyo talento le alcanza (y sobra) para manejar la rara comicidad que provoca su casi siempre alterada Vicky y, a la vez, darle a su (muchas veces) insufrible personaje una inesperada calidez, especialmente cuando atraviesa sus momentos más vulnerables.

Y el resto pasa por la química que la protagonista tiene con sus compañeras de elenco. En las escenas con ellas -los varones, inclusive el propio Lamothe, tienen roles más opacos y de mínima complejidad-, Envidiosa resuelve con oficio lo que no le sobra en creatividad o en originalidad. Ver a Siciliani y a Gamboa discutiendo o atravesando situaciones caóticas funciona como una clase de actuación para comedia de dos expertas en el asunto, por más que el material no siempre esté a la altura de sus respectivos talentos.

En un sentido más general y social, Envidiosa parece reflejar -a conciencia o no- una suerte de giro de época. La serie jamás se abre al mundo por fuera de una clase media alta -o media, en el mejor de los casos- en la que nadie parece muy preocupado por trabajar, por llegar a fin de mes o por lo que sucede fuera de la burbuja en la que todos viven. Pero eso, convengamos, forma parte del género de la comedia romántica en el que la serie se inscribe y suele ser habitual en este tipo de formato. Lo más interesante allí pasa por los frustrados y muchas veces frustrantes intentos de la protagonista de ver más allá de su propio ombligo.

Vicky es un personaje narcisista cuyo único interés en el mundo que la rodea pasa por lo que puede o no servirle a sus propios intereses y necesidades, incluyendo eso que ella entiende como amor. A lo largo de cuatro temporadas, por momentos divertidas y muchas veces bastante irritantes, el recorrido de su personaje pasa por abrir su propia perspectiva, salir de ese patrón de conducta y empezar a observar el mundo que la rodea con una mirada más abierta, empática y comprensiva. Hay otros modos de ser feliz en la vida y, por lo general, incluyen tener en cuenta lo que les pasa también a los demás. «




Envidiosa

Cuarta y última temporada. De Carolina Aguirre. Con Griselda Siciliani, Esteban Lamothe, Pilar Gamboa, Violeta Urtizberea, Bárbara Lombardo, Susana Pampín, Marina Bellati y Julieta Cardinali. Desde el 29 de abril, disponible en Netflix.

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