Epstein: crimen y discurso

Por: Eric Calcagno

Epstein es la parte ominosa. Algún día se sabrá quiénes estuvieron en la isla Little Saint James o en el Zorro Ranch.

Sobre la base de un hecho policial, el escritor francés Stendhal (1783-1842) escribe Rojo y negro – crónica de 1830, una novela que pinta una época. Es que a veces el crimen como acontecimiento sirve para recorrer la sociedad entera, desde los poderosos hasta los menesterosos, en una colección de personajes que reflejan grandezas y bajezas, a veces en el mismo ser. Todo queda al descubierto. Pero en este caso no es Julien Sorel que por amores despechados le dispara a Mme. de Rênal en plena iglesia de Verrières. Aquí el crimen que evocamos supera toda imaginación macabra. Es que el caso Epstein devela el comportamiento de una élite global, financiera y digital que practica secuestros, violaciones, tortura y canibalismo, siempre ejercido sobre menores de edad. Por supuesto que Jeffrey Epstein es la parte ominosa que conocemos, así como las complicidades exceden por mucho a Ghislene Maxwell. Algún día se sabrá quienes estuvieron en la isla Little Saint James o en el Zorro Ranch, a menos que sea Nueva York, Paris, Londres. Quizás. Lo que si podemos observar estos días es como diferentes personalidades han elaborado un discurso para esconder las evidencias.

Es así como Pamela “Pam” Bondi, la “attorney general” de los Estados Unidos, algo así como la ministra de Justicia, tuvo que presentarse ante el comité de Justicia de la cámara de representantes el miércoles pasado. Allí la esperaban los diputados demócratas, con un tema excluyente: Epstein. Al principio de la comisión, Bondi lamentó lo sufrido por las víctimas, afirmó que serán escuchadas, y que cualquier error por parte de la justicia será enmendado. Jamie Raskin como vicepresidente de la comisión la acorraló tanto, que antes que contestar Bondi acusó al diputado ser un abogaducho de cuarta, y hasta de ni siquiera  ser abogado. Por cierto, Raskin es profesor de derecho constitucional, después de estudiar en Georgetown y recibirse con honores como Juris Doctor en Harvard, donde además dirigió la Harvard Law Review. Una nadandez, vea. Pam Bondi también esquivo los pedidos de Jamila Payapal, que le exigía pedir perdón a las víctimas de Esptein presentes en la sala. Al levantarse quienes fueron abusadas, Pam afirmó “no caer en esa teatralización” e ignoró a quienes sufrieron en carne propia y saben quiénes lo hicieron. Por cierto, por ahora a ninguna le tomaron declaración. Otro gran momento es cuando Bondi acuso de antisemita a la diputada Rebecca Balint por la insistencia en las preguntas acerca de Epstein. Balint recordó entonces al propio abuelo masacrado en los campos de concentración nazis. Un lugar donde practicaron secuestros, violaciones, tortura y genocidio. Cuando el diputado Ted Lieu acusó a Bondi por encubrir a Donald Trump, esta le contesto que “¿Cómo osa? ¡Soy una fiscal de carrera! ¡Nunca dude de mi integridad!” Bueno, parece que Lieu mostró algunos videos comprometedores. Según los presentes, Pam a veces enrojecía, otras tenía los brazos cruzados. Pero el ataque más fuerte provino de un diputado republicano llamado Thomas Massie, bastante derechoso por cierto. Pero la detestación mutua y correspondida que tiene con Trump hizo que Massie se subiera al escándalo Epstein con armas y bagajes. Frente a las proclamas de transparencia de Pam Bondi, Massie desplegó las Epstein Files embadurnadas por las líneas negras de la censura, donde los criminales están a salvo y las víctimas quedan expuestas.

Las declaraciones de Bondi exponen la estructura del discurso libertario. Denigran a la persona que acusa: no importa el argumento, sino la calidad de quien lo dice. Practican el esencialismo: todo lo que hacemos nosotros está bien, por lo tanto no podemos hacer nada mal. Bandi carga las culpas sobre gobiernos anteriores, por más que no estuviesen publicadas las “Epstein files” por entonces, ni siquiera en la versión censurada que el gobierno de Trump tuvo que difundir, y encima obligado por una ley del Congreso. Bondi también acusa a los diputados por utilizar el caso Epstein para tapar los éxitos de Trump. Pero resulta que Trump no tiene éxitos. Entonces si los demócratas quieren ocultarlos, es obvio Trump tiene éxitos. ¿Clarito, no? Yo soy Attorney General, dice Bondi. Por lo tanto si no se investiga a Trump, es que no ha cometido delitos. ¿Hablar tanto de Epstein no será antisemitismo? ¿Y de qué valen los testimonios de las y los sobrevivientes de Epstein acerca de quién secuestró, torturó, violó cuando los índices bursátiles alcanzan a diario marcas más altas? Eso supone que la bonanza de la Bolsa justifica todos los crímenes. ¿En serio?

Tales giros discursivos deben ser una parte del libro Defender lo indefendible, que está tan divulgado y practicado por el régimen de Milei. En los hechos, la violencia es el requisito y el blindaje de la narrativa libertaria, de Pam Bondi o de cualquiera. No importa la relación con lo existente, lo importante es que las palabras dichas siempre sean ofensivas, alcancen la humillación y promuevan el odio social. El logos es reemplazado por la logorrea, que ya no es sólo la incontinencia verbal que denota ciertas patologías -tal dice la RAE- sino la irrupción de la diarrea en catarata de insultos y esconder cualquier aproximación a la realidad. “La verdad, la áspera verdad” es la cita con la que Stendhal abre Rojo y Negro, tan necesaria para hacer la crónica de una época. 2026.

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