¿Es posible una Argentina libre sin tradición?

Por: Juan Francisco Valenzuela

En tiempos libertarios, donde gobierna el dólar y se festeja cada vez más Halloween.

“Los hermanos sean unidos,Porque esa es la ley primera—Tengan unión verdaderaEn cualquier tiempo que sea—Porque si entre ellos peleanLos devoran los de ajuera.”

Martin Fierro

Según la Real Academia, las dos acepciones de la palabra tradición son:

  1. Transmisión de conocimientos, doctrinas, ritos o costumbres hecha de generación en generación. 
  2. Conjunto de conocimientos, doctrinas, relatos, ritos o costumbres de un pueblo o colectividad, transmitidos por tradición. 

En nuestro país, cada 10 de noviembre se celebra el día de la tradición en homenaje al natalicio del escritor y poeta argentino José Hernández, creador del emblemático Martín Fierro. En tiempos de reordenamiento de las agendas globales, que pujan por un lado por volver a los regionalismos y defender los intereses políticos – económicos de los imperialismos en pugna, pero por otro por consolidar identidades homogéneas alrededor del mercado como rector de nuestras vidas. 

Tiempos de “diversidades” de corte esencialmente cosmético y “libertades individuales” sostenidas sobre cimientos digitales con semánticas estériles, que profundizan la desigualdad y el vaciamiento espiritual entre nuestros hermanos. Tiempos donde todo, o casi, parece ser relativo y los paradigmas que en el transcurso de nuestra historia moldearon el “ser nacional”, pilares sobre los cuales nuestro pueblo ha edificado con solidez su sentido del “estar-siendo” sobre este suelo, como tan acertadamente definiría el gran Rodolfo Kusch; peligran ante la amenaza de una inteligencia artificial que aspira, como un Gran Hermano que todo lo ve y escucha, a vigilar y moldear las conductas de la comunidad para que no se desvíe de su objetivo principal: legitimar a como dé lugar un nuevo estatuto del coloniaje aquí y en todo Iberoamérica. 

¿Quiénes somos y quiénes son esos hermanos?

José Hernández nos invitó a esa unidad, partiendo de la base de identificar en el gaucho, el sujeto en cuestión: el CRIOLLO. Es que el extraordinario Martín Fierro, genuino exponente de nuestras tradiciones, se resignifica en estos tiempos de aparente desmembramiento del ser nacional. Alguna vez dijo don Arturo Jauretche “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”. Claro, el problema de nuestra bendita Argentina es que todos los gauchos fueron criollos, pero no todos los criollos fueron gauchos….

Dólar y Halloween, al parecer son fieles exponentes de una profunda enajenación material y cultural. Recuperar la unidad espiritual entre quienes somos herederos de las culturas preexistentes en América y las corrientes de inmigrantes que fundaron la Patria y parieron criollos sobre estas latitudes, debería ser la madre de las tareas para todo argentino y argentina de bien. Nuestros hermanos, más allá del linaje, son también criollos, al igual que nosotros. Compatriotas que día a día hacen pata ancha a lo largo y ancho de este inmenso país bicontinental y bioceánico. Haciéndolo más grande. Enalteciéndolo. Echando luz a las tradiciones que nos hermanan. Tradiciones que configuran un ADN histórico de nuestro ser nacional y pueden reconocerse en las miradas, a partir de una misma lengua que nos define e identifica, en el andar de sus paisanos, y por sobre todo en la lucha por la justicia. Que es al entender de Fierro, y de quien humildemente aquí escribe, una síntesis de nuestro lenguaje. Esas tradiciones, lejos de ser relativismos de moda, son verdades incontrastables. 

Ahora bien, ¿Qué es el ser nacional?

Según el historiador y ensayista Juan José Hernández Arregui, “el «ser nacional» es, en primer término, un concepto general y sintético, compuesto por una pluralidad de subconceptos subordinados y relacionados entre sí. Es un hecho político vivo empernado por múltiples factores naturales, históricos y psíquicos a la conciencia histórica de un pueblo. Es una comunidad establecida en un ámbito geográfico y económico, jurídicamente organizada en nación, unida por la misma lengua, un pasado común, instituciones históricas, creencias y tradiciones también comunes conservadas en la memoria del pueblo, y amuralladas, tales representaciones colectivas, en sus clases no ligadas al imperialismo, en una actitud de defensa ante embates internos y externos, que en tanto disposición revolucionaria de las masas oprimidas, se manifiesta como conciencia antiimperialista, como voluntad de destino.”

Desmenucemos algunos conceptos de este fragmento extraído de “Que es el ser nacional” de J. J. H. Arregui. En primer lugar, el autor expresa que el ser nacional está compuesto de varios conceptos relacionados entre sí. A su vez, que no es un sujeto abstracto, sino un hecho político vivo en la conciencia histórica de un pueblo. Establecido en un determinado lugar y bajo algún tipo de organización, con una misma lengua, creencias y tradiciones en común, conservadas en la memoria de ese pueblo, y que tienen como característica principal ser profundamente antiimperialista. Aquí, Arregui llega a la conclusión de que el ser nacional está compuesto por tradiciones, y una de ellas, quizás la más potente, es la que define a la masa que lo compone por ser profundamente antiimperialista. 

Siguiendo este análisis, y poniendo en contexto actual el texto, surgen algunos interrogantes para reflexionar:

¿Sigue siendo una tradición del pueblo argentino ser antiimperialista? ¿Por qué?

¿Se produjeron transformaciones en la conformación del ser nacional argentino actual? ¿Tienen esas transformaciones que ver con las tradiciones?

¿Qué papel cumplen las tradiciones en la búsqueda de la unidad del pueblo argentino de cara a los desafíos que tiene por delante? 

Afirma el filósofo Cesar Stancanelli en su obra Martín Fierro -Sabiduría, Liberación y Canto Sapiencial-: “Es interesante observar como Fierro, en la reelaboración de su memoria sapiencial, parte de la primera época, y ahí la deja como referencia; desarrolla la segunda, haciéndonos ver lo dramático de todo proceso liberador; y finalmente deja los lineamientos para la tercera. Las dos primeras épocas tienen su finalización; en cambio la tercera queda totalmente abierta a los cuatro puntos cardinales, cada uno de los cuales es portador de un enigma y de un mensaje que solo el pueblo es capaz de discernir y de escuchar. Tal vez porque es el único que es capaz de escuchar con el corazón.”

¿Norte o sur? ¿Este u oeste? Puede que sean tiempos en los que apremia reafirmar nuestras tradiciones, y como señala Fierro, trabajar sin descanso para defender la ley primera: mantener la unidad entre los hermanos. Probablemente, las respuestas a todos los enigmas e interrogantes que nuestra comunidad tiene por delante, tengan su eco si sabemos escuchar con atención el corazón de nuestro pueblo. Pero cuidado. Un corazón que solo va a poder responder y ser brújula del camino, si late como un bombo legüero, o una caja chayera, al ritmo de nuestras tradiciones. Allí nos debemos buscar para volvernos a encontrar. Fraternalmente en la tradición. Inicio del camino inconcluso para la liberación de la República Argentina e Iberoamérica.

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