Fabián Martínez Siccardi: “Hay que contar las luces y sombras de la Historia”

Por: Mónica López Ocón

El escritor patagónico Fabián Martínez Siccardi, en coautoría con J. M. Coetzee, acaba de publicar "Un mal salvaje", un libro imperdible que habla del exterminio de los pueblos originarios no solo en Argentina sino también en Sudáfrica, Australia y Namibia.

“El pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado”. La frase es de William Faulkner y la cita Fabián Martínez Siccardi en Un mal salvaje (Random House), el libro cuya autoría el escritor patagónico comparte con J.M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura del año 2003. Ambos se refieren al proceso de exterminio de los pueblos originarios, sobre el que se construyeron diversos Estados del Sur que no estamos acostumbrados a relacionar.

Mientras Martínez Siccardi se refiere a la violencia ejercida contra los indígenas de la Pampa y la Patagonia entre el siglo XVIII y la llamada “Conquista del desierto” impulsada por Julio A.Roca, Coetzee cuenta sobre la persecución de las etnias khoi y san de Sudáfrica, sobre los aborígenes de Australia y los crímenes cometidos por el Imperio alemán en Namibia a comienzos del siglo XX que dejó como resultado 75.000 víctimas.

“Las historias del pasado que contamos acá –dice Martínez Siccardi en Un mal salvaje– siguen vivas y forman parte del presente en nuestros países del sur” y agrega más adelante: “En la Argentina los pueblos indígenas son demonizados y expulsados de sus territorios más que nunca».

En Australia, en 2023, fracasó un referéndum que buscaba reconocer constitucionalmente a los pueblos originarios y crear un medio representativo llamado La Voz.

Sudáfrica no ha reconocido formalmente a las comunidades san y khoikhoi (khoisan) ni ha abordado las cuestiones de derechos sobre la tierra y la preservación cultural”.

En Un mal salvaje Martínez Siccardi refuta el mito de una Argentina blanca y europea. Definitivamente, no es cierto que los argentinos bajamos de los barcos.

Fabián Martinez Siccardi

-En primera instancia lo que sorprende de Un mal salvaje es que la persecución de los pueblos originarios se dio –se sigue dando– también en otros lugares de latitud Sur con los que no estamos acostumbrados a relacionar la masacre indígena que ocurrió en nuestro propio territorio. Me refiero a Sudáfrica, Australia y Namibia invadida por el Imperio Alemán a principios del siglo XX. En un artículo que está fuera del libro decís que es necesario dar vuelta el mapa para ver la conexión que existe entre esos países y que la Historia oficial no cuenta.

-Sí, no estamos acostumbrados a hacer esa relación con la historia de otros pueblos del hemisferio Sur porque el mediador es siempre el Norte. Se cree engañosamente que las historias de los pueblos del Sur, Argentina, Sudáfrica e incluso Australia fueron muy dispares cuando, en realidad, no fue así.

-En Un mal salvaje contás que conociste a Coetzee personalmente porque él dictaba aquí unos seminarios organizados por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y vos te anotaste porque lo admirabas mucho. ¿Cómo nació este libro que hicieron juntos?

-Coetzee es casi un militante de la idea de cortar la intermediación del Norte, porque es el Norte mismo el que conquista el hemisferio Sur y, a su vez, sigue siendo mediador entre los países del hemisferio Sur. De hecho en una época no había vuelos directos entre Sudáfrica y Argentina.

No sé si eso continúa siendo así, pero en un momento si querías ir a Sudáfrica tenías que pasar primero por el Norte para llegar después al Sur. Si un autor publica en Argentina, tiene que publicar también en España para que lo traduzcan en Sudáfrica o en Australia. Siempre hay una mediación del Norte. Lo que plantea Coetzee es la necesidad de empezar a vivir sin esa mediación.

Cuando di vuelta al mapa, empecé a encontrar paralelos con la historia de Argentina y otros Estados del Sur, que no me imaginaba, pero que le dan un sentido diferente a la construcción que yo tenía de la historia de Argentina que era la construcción de la historia oficial que viene desde el fin del siglo XIX. Ha habido muy poco revisionismo.

Estas conexiones me llevaron a plantearme que había una manera muy diferente de ver la Historia argentina, el avance del gobierno argentino, del Estado argentino sobre la Patagonia. Volviendo a tu pregunta específica, hace más de diez años que vengo con el proyecto de escribir sobre esas conexiones, de contar tres historias coloniales paralelas. Con ese fin me comuniqué con un asesor de Tasmania e incluso viajé a Tasmania. Me comuniqué también con un escritor de Sudáfrica que es un académico que vive en Inglaterra, con la idea de armar estas tres historias coloniales paralelas que ya mencioné.

-¿Y qué pasó con ese proyecto? ¿Funcionó?

-No, no cuajó. Aunque se dice que los latinos trabajamos menos, yo fui el único que terminé de escribir mi parte y los otros por motivos X o Y no terminaron lo que estaban haciendo, entonces continué con mi proyecto solo. Es un libro que se va a publicar en noviembre y narra la historia de mi familia, desde mis abuelos que eran proletarios que fueron a trabajar a la Patagonia como peones de campo hasta mi generación, y con las Huelgas Patagónicas y el tema indígena metido en el medio. Mientras tanto, mi conexión con John Coetzee continúa. Él había leído algunas cosas mías y había escuchado unos podcasts que hice y que se llaman Originarios: muerte y resurrección.

Me invitan a la Universidad de Adelaida, una ciudad en la que Coetzee vive hace más de 20 años. En un evento aparece él. Me saluda y me dice “me enteré de que estabas viniendo”. Me dice también que le había interesado particularmente el podcast sobre la Isla Martín García en donde hubo un campo de concentración de indígenas. Entonces lo transcribo y se lo mando para que le resulte más fácil y él se interesa mucho en que hablemos juntos sobre la conquista del desierto en Australia.

Se organizó entonces una charla a la que fue muchísima gente y la conexión del público con el tema fue muy grande. Salimos a tomar un café, le pregunto si estaba dispuesto a llevar esa conversación hacia algo más grande. Él me sugiere que escribamos juntos un artículo y yo le digo que creía que tenía que ser un libro y el acepta mi propuesta.

Decidimos que íbamos a hacer narraciones de los genocidios de la Pampa y de la Patagonia porque en Argentina son tantos que no podía cubrir todo, y él dijo que quería cubrir Sudáfrica, Namibia y Australia. Cada uno fue trabajando con sus narraciones por su cuenta. En un momento él propone empezar el libro con nuestros relatos autobiográficos. No quiero spoilear nada pero hay un paralelo muy fuerte entre la infancia de Cetzee en el campo y la mía.

-En Un mal salvaje aparece un diálogo entre los dos. ¿Cómo se produjo? ¿Fue un diálogo a la distancia?

-Sí, fue un intercambio de mails. Como dato de color te cuento que si ponemos juntos los correos electrónicos que nos enviamos para coordinar el tema del libro, no creo que ocupen más de dos o tres páginas. Coezee es muy lacónico para escribir y eso me forzó a serlo yo también, lo que le agradezco mucho porque me ayudó a ser muy concreto.

Creo que fue un acierto comenzar con datos concretos de tu infancia en los que mencionás personas también concretas como Reyes, que trabajó en la estancia de tus abuelos en la Patagonia, porque eso le da carnadura a la historia que cuentan, el relato histórico deja de ser abstracto.

-Yo me acuerdo muy bien de Reyes. Fue alguien muy importante para mí. Me acuerdo incluso de su olor. Empezar con los relatos autobiográficos, que también a mí me parece una muy buena idea, ayuda articular lo autobiográfico con lo dialéctico.

-¿En qué idioma se escribían?

-Todo se escribió en inglés porque es el idioma que hablamos los dos. Creo que la primera lengua de Coetzee fue el neerlandés y que el idioma inglés lo aprendió en el colegio. Para mí también el inglés es mi segunda lengua. Una vez que terminamos el libro, lo traduje al español. Le dije claramente a la editorial que quería hacer una traducción al español rioplatense que es la variante del español que se habla acá. No quería para nada un español neutro. Y otra condición que puse fue que se publicara desde Buenos Aires, desde Argentina y no desde España. Un mal salvaje es una historia del Sur y la quería publicar desde el Sur.

-Aunque siempre tuve conciencia que la llamada “conquista” fue en realidad una expansión de España sangrienta y despiadada fue muy sorprendente para mí asociar campos de concentración con pueblos originarios e ignoraba lo de la Isla Martín García.

-Hay que pensar que si después de la última dictadura que hubo en Argentina los gobiernos que la siguieron hubieran sido afines a ella, nadie estaría hablando hoy de los centros de detención clandestina ni de los vuelos de la muerte porque no hubiera habido un proceso de recuperación de memoria, porque la historia la hubieran contado sólo los perpetradores de los crímenes. La historia de lo que pasó con los pueblos originarios solo fue contada por los que ganaron. Pero los documentos que narran estos crímenes están en el Archivo General de la Nación y en el Archivo General de la Armada.

Los documentos que hablan de estos campos de concentración no están ocultos ni fueron destruidos. Lo que pasa es que nadie fue a buscarlos hasta hace unos 30 años atrás cuando un grupo de académicos empezó a cotejar las memorias históricas de los descendientes de las personas que habían estado en los campos de concentración. Tampoco yo lo sabía cinco o seis años atrás.

Ese fue uno de los motivos que me impulsaron a escribir este libro y a escribirlo de la mano de una persona como Coetzee que le da más volumen al tema por ser quien es y por el compromiso político que tiene. Creo que es preciso contar las luces y también las sombras de la Historia. Tanto en América como en Australia y Sudáfrica se construyeron Estados sobre el sacrificio de los pueblos originarios.

Malocas y malones

-En tu libro hablás de las malocas que creo que es un término que no se conoce demasiado pero que da vuelta totalmente la imagen más difundida de lo que es el malón.

-Sí, nuestra violencia originaria proviene del invasor. Las malocas eran avances improvisados sobre la población indígena. Algunas veces las hacían un grupo de colonos de manera improvisada, pero en general eran las estructuras gubernamentales las que ordenaban ese avance para tomar cautivos. Avanzar sobre asentamientos indígenas era algo que sucedía del lado hispano. Muchos criollos avanzaban sobre los indígenas.

Luego, en la mayoría de los casos, los grupos indígenas como como represalia, como venganza, y para recuperar cautivos o para recuperar recursos, empezaron a organizar los malones. Sin embargo lo que más trascendió fue la imagen del indio malonero que era intrínsecamente malo por ser un salvaje. Se considera que por esta razón, el indio constituía un obstáculo para el progreso.

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