Es porque los bancos imponen restricciones como respuesta al aumento de la mora. Además, los supermercados levantaron las promociones que incluían el pago en cuotas sin interés.

Muchos hogares perjudicados por la brutal caída del salario tuvieron que apelar inicialmente a la racionalización del consumo, a la reducción de las compras y a la preferencia por segundas y terceras marcas; y, en última instancia, caer forzosamente en el endeudamiento con tarjetas de bancos y de cadenas comerciales para acceder a los productos más básicos de la oferta de consumo masivo, como la comida de cada día.
Promediando 2026, los bancos y otros emisores de tarjetas de crédito advierten que el margen para financiar gastos cotidianos a tantas familias por una vía pensada inicialmente para compras de bienes durables entró en una zona crítica de difícil abordaje.
Un dato que se difundió esta semana es ilustrativo de la crisis del sistema. Un informe de la firma de asesoría financiera First Capital Group con números del Banco Central destacó que las operaciones con tarjetas de crédito tuvieron una caída en mayo del 4,6% en términos reales comparadas con las del mismo mes de 2025 y una contracción del 1,7% en la relación con abril pasado.
El retroceso de mayo confirma el enfriamiento del consumo por esos medios al cabo de cinco meses de datos negativos en la comparación con el mes anterior: se achicó el 0,9% en abril; varió negativamente 3,3% en marzo; 3% en febrero y empezó la cadena con un bajón del 4,3% en enero.
La caída en el saldo total de la cartera “demuestra que una parte importante de los deudores han visto restringido su límite de crédito y aquellos tarjetahabientes que utilizaban las cuotas para ganarle a la inflación, no encuentran un incentivo para endeudarse con esa operatoria ante la escasez de cuotas sin interés y la expectativa de una inflación futura controlada”, analizó Guillermo Barbero, socio de First.
La explicación de la caída del consumo con tarjetas es, por un lado, la morosidad de los endeudados, que está en niveles récord y escalando a la fuerza por la caída del poder adquisitivo; y, por otra parte, el endurecimiento de los requisitos que imponen los bancos para otorgar nuevos préstamos.
A contramano de los créditos a empresas, que a partir de abril mostraron señales positivas presuntamente apalancadas por expectativas de una mejora de la economía, en el crédito a las familias la caída se profundizó, especialmente por el retroceso del financiamiento con tarjetas, anclado por el costo “que no se ha recortado lo suficiente” y por mayores niveles de mora, analizó FIEL.
En la Argentina, la morosidad total, sumando sector privado y familias sería del 7,3%, según datos de la consultora 1816 que se anticipan al Banco Central. En lo estrictamente referido a los hogares, la irregularidad rondaría el 11,5 por ciento. Ese achicamiento constante de la posibilidad de cumplir con las obligaciones asumidas se siente en todos los niveles del consumo.
Otros emisores importantes de tarjetas de crédito son las cadenas de supermercados, donde la morosidad del endeudamiento con tarjetas de crédito propias es del 9%, según fuentes que aseguraron que el nivel aumentó en el último año.
Aunque la mora es menor en este caso, los analistas del sector están en alerta por el impacto que genera en el negocio del consumo masivo, un tema de los más conversados días atrás en el Retail Day 2026, el evento anual del sector, donde se alertó sobre las primeras señales de desgaste del crédito como motor de las ventas.
El problema que advierten los supermercados es que la demanda se trasladó de los bienes durables, que originalmente eran el tipo de producto para los que se habían pensado las tarjetas de crédito, hacia los gastos elementales del día a día familiar.
El sector interpreta que el cambio de comportamiento del cliente, que dejó de usar las tarjetas de crédito para comprar electrodomésticos para concentrarse en la compra de artículos de primera necesidad, altera drásticamente el sentido tradicional del crédito minorista y dispara el peligro de incobrabilidad.
En muchos casos las empresas compensan lo que no reciben en términos de pagos de deudas trasladando costos al precio final en las góndolas de los comercios.
Un 86% de hogares bonaerenses está en situación de estrés económico mensual, según un informe del Instituto de Investigación Social, Económica y Política (ISEPCI).
El número surge de una muestra realizada en diferentes barrios del territorio bonaerense.
El 47% de los consultados manifestó que se endeuda para llegar a fin de mes; un 39% consignó que llega a fin de mes con dificultades que le obligan a ajustar gastos no esenciales; y un 14% apenas reconoció que no sufre dificultades para completar el mes con sus ingresos. Dentro del último grupo se distingue un 12% que llega ajustadamente y un 2% con margen de ahorro.
Además, el informe destacó que cuatro de cada 10 familias comen menos para pagar deudas por lo que ISEPCI resumió que “las deudas están comiéndose los alimentos” de esas familias.
El 43% declaró que no puede comprar alimentos necesarios debido a la obligación de cubrir esas deudas; el 30% aseguró que tiene deudas pero no afectan la alimentación de su grupo familiar; el 17% indicó que no tiene deudas; y un 10% evitó la respuesta.
El 50% de los consultados reconoció que recurre a deuda o ayuda para comprar comida: un 16% apela al tradicional fiado, un 14% a tarjetas de crédito y un 20% recibe ayuda de asistencia alimentaria o familiar.
El oficialismo pudo aprobar algunas de las iniciativas que pretendía antes del torneo. Sin embargo,…
En un Día del Periodista marcado por el destrato presidencial, la precarización laboral y la…
Hasta el martes se realiza en la Catedral, frente a la Rosada, una huelga comandada…
Fue un fallo de la Sala II de la Cámara Federal porteña, que aceptó un…
Decreto a decreto, cómo el gobierno construyó la infraestructura para espiar a periodistas, organizaciones y…