Llegó de Córdoba para formarse con Agustín Alezzo y encontró en la revista un lugar propio. Hoy es una actriz consumada y disfruta la maternidad con plenitud.

El 7 de enero Fernanda reestrena Viuda e hijas en el Teatro Multitabaris (CABA), junto a Nora Cárpena, María Valenzuela y Paula Morales.
–¿Cuándo supiste que querías ser actriz?
-Desde muy chica. A los cinco años ya decía que quería ser actriz. No sé cómo explicártelo: ya lo traía en mi ADN.
–¿Hubo un momento en que se volvió una decisión consciente?
-Sí. Ya estudiaba teatro cuando vi Capítulo segundo en Villa Carlos Paz, protagonizado por Solita Silveyra, y me deslumbró Oscar Martínez. Pensé: “quiero ser como él, pero versión femenina”. Tenía 16 o 17 años.
–¿Tuviste castings raros?
-No venía de la época del casting, eran audiciones. El más raro fue el primero con Moria. Preguntaron si cantaba, bailaba y actuaba: dije que sí y terminé de vedette sin imaginármelo. A los pocos meses ya protagonizaba revistas en la avenida Corrientes.
–¿Cómo llegaste a esa audición?
-Recién llegada a Buenos Aires, sin dinero y buscando material para armar un book, me crucé con el coreógrafo de Moria, que conocía de Carlos Paz, y me dijo: “venite mañana”. Y así fue. Vine a estudiar teatro con Alezzo y terminé en el género más hermoso que es la revista. Estoy orgullosa de eso. Hoy trabajo con Moria, la que me eligió y me cambió la vida.
– ¿Recordás alguna escena que te haya divertido hacer?
-Muchas… muchas. Imaginate, en 42 años. Pero me divertí muchísimo con Viudas negras, putas y chorras. Y ahora se viene la segunda temporada.
–¿Cómo trabajás un personaje nuevo?
-Primero leo la sinopsis: para mí es clave. Después el guion completo, como si fuera un libro. Elijo por intuición. Antes hacía lo que venía: después pude elegir y ahora siento que los personajes me eligen a mí. Respeto mucho el texto, dialogo con las autoras si lo necesito, pero construyo de a poco, ladrillo por ladrillo.
–¿Cómo se actúa distinto en teatro y en set?
-En teatro, cuando la letra está segura, podés jugar: el vivo te da feedback. En cine o series todo es más pragmático, pero igual profundo y verdadero.
–¿Qué personaje te quedó dando vueltas?
-Paola Menéndez fue un quiebre para mí (Viudas negras). Tuve que representar a una mujer alfa que no existía en este tiempo, pero ahora sí. Llegó en un momento clave de mi carrera. Extrañaba mucho la ficción: me iba muy bien en otras áreas, en la tele, pero no era lo mío. Este personaje fue una bisagra. Escrito por alguien brillante como Malena Pichot, con un humor especial, nunca imaginé la repercusión que tendría. Me llamaron de muchos países. Fue una gran bisagra, me nutrió y me acercó a mi sueño de ser una gran actriz.
–¿Aprendés algo de los personajes que interpretás?
-Aprendo de los papeles luego de hacerlos: los miro a la distancia, como aprendiendo de otras personas. Es medio hasta esquizofrénico, porque aprendo de lo que encuentro diciendo a través de mi voz, mi cuerpo y mi pensamiento. Los personajes tienen su propia psiquis y yo me meto en ella.
–¿Alguna escena te marcó emocionalmente?
-Sí, cuando hice de una de Las madres del Dolor en la novela La 1.5.18. Busco a mi hija por todos lados y me dicen que está muerta. Me acuerdo y lloro. Estoy tan agradecida con ese personaje. Creo que fue de las últimas ficciones que se hicieron en televisión.
–¿Cómo es tu presente laboral?
-Intenso. Trabajo desde los 14 y hoy tengo cuatro trabajos para sostener la vida en este país, después de 45 años de carrera. Hago un programa diario con Moria de dos horas, la serie de Netflix con un personaje muy importante en la vida de Moria, Viudas negras y teatro de miércoles a domingo. Paramos para las Fiestas, pero reestrenamos en pocos días. Además, redes, marcas y ser mamá de una nena de diez. Vivo en Pilar y trabajo en Capital. Este año fue hermoso, lleno de trabajo. Mientras el cuerpo aguante, sigo.
–¿Cómo vivís la maternidad?
-Me cambió todo. Mi hija vino a enseñarme a priorizar la vida, a estar presente y disfrutar los momentos. Aprendí a correr el ego y priorizar lo que importa. Es difícil y maravilloso a la vez. Hoy ella también empieza a actuar y la acompaño con un equipo alrededor. Es una nueva etapa para las dos. Giovana, mi hija, es mi gran maestra y el gran amor de mi vida.
–¿Lográs tener tiempo para vos?
-A veces. Intento disfrutar lo cotidiano y ser consciente del minuto a minuto. Aprendo a frenar, a agradecer y a estar en el aquí y ahora. «
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