Fernanda Trías acaba de publicar un libro de cuentos, "Miembro fantasma". La expresión viene de la medicina y ella la utiliza de manera metafórica para referirse a aquello que ya no está pero que sigue doliendo, a las ausencias que están muy presentes.

–¿Cómo fue escrito Miembro fantasma? ¿Pensaste en un libro de cuentos unitario o reuniste una serie de cuentos que fuiste atesorando a lo largo del tiempo?
-En realidad, las dos cosas, porque son cuentos que pertenecen a un mismo período de mucha escritura para mí, que fue más o menos entre 2018 y 2024. Las ideas de los cuentos fueron surgiendo y empecé a entender que, evidentemente, estaban naciendo de una misma pulsión, que había cuentos que pertenecían a una misma constelación. A partir de ese momento ya los empecé a organizar de manera más consciente.
–¿Creés que “Miembro fantasma”, el cuento que le da nombre al libro, sintetiza o es una clave de lectura del resto de los cuentos?
-No lo sé y tampoco me parece muy importante que haya una unión temática extremadamente concreta. No necesito escribir todos los cuentos sobre un mismo tema. Lo que tengo que sentir es que pertenecen a una misma constelación emocional.
-Pero creo que todos tienen en común determinado manejo del lenguaje.
-Establecer eso me excede. No puedo analizar tanto lo que escribo, pero siento que en todos está mi tono, incluso en los que quedaron fuera del libro porque tenían otra temperatura emocional. Pero sí puedo decir que mientras escribía pensaba en el peso de las ausencias, en cómo transitamos eso que no sabemos cómo nombrar pero cargamos. Cuando di con el concepto de miembro fantasma me ayudó bastante a organizar las ideas y empecé a ampliar los ángulos posibles, que el miembro fantasma no fuera únicamente la pérdida, que hubiera otras heridas que podían ser no sólo personales, sino también colectivas, esas heridas que están en la memoria histórica, en la memoria de una comunidad. Por ejemplo, poco a poco fui entendiendo que la ciudad para mí es un miembro fantasma.
Cuando pienso en la ciudad de Montevideo, pienso en la ciudad de mi infancia que es una Montevideo que ya no existe, es como un miembro fantasma porque aunque quisiera volver a sus barrios, ya no son tales. He intentado regresar a sus barrios, pero ya no son los barrios de la infancia. Entiendo también la escritura como un miembro fantasma.
–¿Por qué?
-Porque que hay que lidiar con algo que te atormenta y que tenés que ver cómo lo manejás. Por eso empecé a ampliar el concepto, para no dejarlo ni en lo literal ni en un lugar muy cerrado.
-Cuando hablás de heridas, ¿a qué tipo de heridas te referís?
-Pueden ser heridas emocionales, heridas psicológicas.
–Te lo pregunto porque el concepto de miembro fantasma es un concepto de la medicina. ¿Lo conocías antes de escribir tus cuentos?
-Sí, ya lo conocía, pero lo recordé o se me apareció cuando estaba escribiendo específicamente ese cuento. En ese momento sentí que esa imagen me interesaba. Ya he trabajado en otros libros a partir de términos médicos porque tengo una relación personal con la enfermedad, el cuerpo y lo médico ya que soy traductora y me especialicé en traducción médica. Trabajé en eso 20 años, es decir que a partir de mi trabajo aprendí acerca de muchos síndromes, incluso de condiciones genéticas raras. Eso aparece, por ejemplo en mi novela Mugre rosa, en la que hay un niño, Mauro, que padece el síndrome de Prader-Willi por lo que tiene un hambre insaciable. Me siento familiarizada con lo médico. Cuando apareció el concepto de miembro fantasma me dije: “voy a investigarlo un poco más para ver si se me abren otras posibilidades”. Así supe cuándo se usó por primera vez ese concepto, quién fue el médico que lo identificó y muchas otras cosas. Yo no iba a usar el concepto médicamente, pero saber más me permitía entender las posibilidades de la imagen.
-¿Y que más aprendiste sobre el tema?
-Por ejemplo, que se trata de un tema de representación del propio cuerpo a nivel del cerebro. Es decir, el cerebro tiene una representación corporal pero cuando el cuerpo cambia el cerebro no siempre cambia esa representación. Entonces, cuando se produce una amputación, se sigue sintiendo el miembro amputado como un miembro presente. El cerebro tiene que reaprender que ese miembro que siente presente ya no está ahí, debe reaprender la ausencia. Y eso me sirvió después en el momento de pensar qué material estaba trabajando.
–Me parece que en el cuento que le da nombre al libro encontraste una forma muy adecuada de hablar de la dictadura sin ser obvia ni panfletaria. Me parece algo difícil de lograr porque, cuando se habla de la dictadura y las desapariciones sin que haya de por medio una gran elaboración literaria se le confía todo el poder comunicacional al tema como si ese tema bastara por sí mismo y creo que eso no es así.
-Sí, es muy difícil escribir sobre el tema. Yo llevaba muchos años, queriendo hacerlo. Quería escribir desde la experiencia de ser una niña que nació y creció en los años de la dictadura en Uruguay. En ese momento yo no entendía lo que estaba pasando y quería escribir sobre esa experiencia de no entender, pero, a la vez, de sentirse afectada por eso que pasaba. Escribir sobre el tema me resultó muy difícil y el cuento “Miembro fantasma” en particular tuvo muchas versiones anteriores porque le daba vueltas y vueltas y no podía dar con la forma. No lo quería abandonar porque sentía que había en él algo valioso pero no podía resolverlo, hasta que no recuerdo cómo en algún momento eso se destrabó y entendí cómo hacerlo
-¿Qué es lo primero que te aparece cuando pensás en un cuento? ¿Cuál es el punto de partida?
-Mis cuentos, nacen de una imagen pero con una especie de línea argumental resumida, muy escueta. De pronto veo una imagen, pero viene acompañada de algo más. En los cuentos no es sólo una imagen lo me aparece. Eso me pasa más con la novela. Con la novela sí veo sólo una imagen que es como una fotografía o como una escena de una película y no tengo nada más. Me tengo que poner a escarbar y a tratar de entender. La imagen del cuento, en cambio, ya viene con algo más.
Por ejemplo en el cuento, “Intimidad irremplazable”, que habla sobre pichones en una ventana, de pronto vi la imagen del nido en la ventana y de una mujer alcohólica bebiendo dentro de la casa y se me apareció también la idea de lo que ella cree que es una conexión con el pichón y, a su vez, el pichón en esa conexión de absoluta intimidad con el pájaro madre. El resto no lo sabía del todo, no sabía cómo evolucionaría la narración, pero ya tenía el corazón de la historia.
-Por supuesto que siempre hay un punto de partida, pero leyéndote tuve la sensación de que sos de las escritoras que va descubriendo en el camino lo que quiere escribir o que escribe para saber qué es lo que quiere escribir. Me parece que la escritura es un camino de descubrimiento y que cuando el escritor descubre, el lector lo nota porque se asombra ante el descubrimiento y lo agradece. No pasa lo mismo cuando todo está milimétricamente calculado.
-Sí, es cierto que hay una especie de asombro que se mantiene cuando se va descubriendo. Para mí la emoción de escribir consiste precisamente en sentarme a ver qué descubro hoy. Hebe Uhart hablaba de andar a media rienda. Tenerlo todo ya perfectamente craneado y después, simplemente, pasarlo a papel, es como andar con la rienda muy corta y así no vas a dejar que el caballo vaya para ningún otro lado que aquél al que vos le decís que tiene que ir. Ahí no hay sorpresa porque el camino ya está marcado. Lo de la media rienda me gustó mucho cuando lo leí porque me sentí identificada Algo sabés, la escritura no es un absoluto descontrol, pero das espacio a una deriva de algún tipo.
-A pesar de que vivís hace mucho tiempo en Colombia usás términos que son totalmente uruguayos. ¿Cómo se preservan esas formas linguísticas en un país que habla castellano pero que no es tu castellano?
-Esos vocablos vienen de vienen de la mano de la memoria de la infancia. Hay dos cuentos en los que aparecen algunos términos colombianos. Uno es “De frontera solo el aire” y el otro, “Ultima carta a Claudia”, pero eso es porque aparece Colombia. Jamás se me ocurriría escribir un cuento con un personaje colombiano. En cambio, hay términos de Uruguay que tienen que ver con mi memoria afectiva y no sé incluso si esas palabras se siguen usando o son de un pasado uruguayo. Yo escribo desde mi lugar, que es el lugar de la extranjera.
-Hay algo que tiene mucha presencia en Miembro fantasma y es el tema de la escritura. El texto no sólo narra una historia sino que, al mismo tiempo, reflexiona sobre la escritura.
-Sí, es cierto. En estos últimos años he reflexionado mucho sobre lo que significa escribir. A veces pienso que puede ser porque cada vez estoy más metida en pensar cómo contamos las historias, preguntándome a mí misma cómo contar una historia. Además, como también doy talleres, pienso cuál sería la mejor manera de contar las historias de los demás. También me interesa mucho la relación entre lo biográfico y la ficción. Hoy, prácticamente no creo en la ficción pura porque para mí la memoria es ficción. Entonces, de tanto darle vueltas al tema creo que éste se ha ido colando en mi escritura, que tematizo la batalla que significa escribir, los fantasmas con los que te tenés que enfrentar que van desde inseguridades personales hasta las propias zancadillas que una misma se hace para no enfrentar el deseo de la escritura.
¿Cuándo se utilizó por primera la expresión “miembro
fantasma”?
-Durante la Guerra Civil de Estados Unidos había un médico, Silas Weir Mitchell, que trabajaba en un hospital para los soldados. Era un hospital que recibía muchos amputados porque era una guerra muy sangrienta en la que se combatía cuerpo a cuerpo. Los amputados eran tantos que se empezó a conocerse como el Hospital del Muñón. Mitchell empezó a notar que buena parte de los amputados tenía alucinaciones que él llamó “fantasmas sensoriales”. Estos soldados decían sentir el miembro ausente. Entonces él acuña la expresión phantom limb, que es literalmente miembro fantasma. En un primer momento se pensó que era un fenómeno que tenía que ver con el muñón mismo. Y en realidad, como se vio luego, el muñón no tiene nada que ver, es una representación que está en la corteza cerebral.
Fernanda Trías nació en Uruguay en 1976. Es autora de las novelas Cuaderno para un solo ojo, La azotea, Mugre rosa y El monte de las furias y del libro de cuentos No soñarás flores. Ha recibido numerosas distinciones como el Premio Nacional de Literatura (Uruguay 2020), el Premio Bartolomé Hidalgo (Uruguay 2021) y el Sor Juana Inés de la Cruz (México 2021). Desde 2015 vive en Colombia, donde se desempeña como profesora en la Maestría de Escritura Creativa del Instituto Caro Cuervo.
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