Fyodor Lukyanov: pensar desde Valdai

Por: Eric Calcagno

La mirada del filólogo, periodista y analista político sobre el rol de Rusia en el mundo que dejan los "arquitectos del desorden", o sea, Estados Unidos.

Fue en 2004, en la ciudad de Valdai, a mitad de camino entre Moscú y San Petersburgo. Es allí donde el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, el Consejo en Asuntos Exteriores y Políticas de Defensa, la Universidad de Moscú y la Escuela Nacional de Investigaciones Económicas convocaron a un foro para discutir la presencia rusa en el planeta. Con el tiempo, tal encuentro pudo ampliarse en presencias y en objetivos. Así es como ahora tiene cerca de 9000 participantes, científicos, investigadores, políticos, empresarios  y figuras públicas de todos los países. Ya no trata sólo la cuestión rusa, sino que el eje es la reflexión sobre el poder internacional en el mundo, así como las políticas globales, asuntos económicos, seguridad, energía, ciencia, tecnología, sociología, comunicación, entre otra variedad de temas que son considerados en perspectiva regional. Este “Club de discusión Valdai” realiza encuentros en San Petersburgo y en Vladivostock, una ciudad que también es el nodo estratégico que da al Pacífico. ¿Será el equivalente de Davos para el Sur Global? No parece. El Club Valdai es en serio: las circunstancias lo ameritan.

Diplomado en filología de la Universidad de Moscú, periodista y analista político, Fyodor Lukyanov es el director de investigaciones del Club Valdai. Dirige la revista Rusia en asuntos globales, publica artículos en diversos medios y conduce un programa de política internacional por televisión. Vale la pena leer lo que escribe, ya que las interpretaciones realizadas representan la opinión de un intelectual orgánico del Sur Global. Para muestra basta un Fyodor, como decía Dostoyevsky (cuac).

Es así como Lukyanov emplaza el reciente conflicto contra Irán en la perspectiva pertinente. “El reciente conflicto se inscribe en los últimos 25 años de transformaciones en Medio Oriente”, dice, y ahora “vemos las consecuencias de cálculos errados, ambiciones mal comprendidas y vacío de poder”; por eso “el caos sobreviniente es la evidencia de la ingenuidad ideológica y la arrogancia geopolítica del intervencionismo occidental”. En ese sentido, sostiene que la caída de la Unión Soviética alumbró el deseo de instalar en el mundo árabe sistemas políticos inspirados en Estados Unidos o Europa, en un lugar que no es ni lo uno ni lo otro. Eficaz para destruir instituciones existentes, no fue capaz de construir nada que las reemplace. Destruyeron autocracias, a veces laicas, y sólo favorecieron al islamismo extremo o fortalecieron a países que juraron combatir, como Irán. En efecto, el desmantelamiento de Irak producto de la “cruzada contra el terrorismo” encabezada por Estados Unidos permitió que “Teherán expanda la influencia a Bagdad, Damasco, Beirut y Turquía, que ahora revive los sueños imperiales con Erdogan”. Desde el medioevo sabemos que las cruzadas fracasan: “los Estados Unidos, arquitectos del desorden, se encontraron en guerras sin fin que no pueden ganar”. Lukyanov no es más generoso con la llamada “Primavera Árabe”. Escuchemos: “los Estados Unidos impusieron elecciones en los Territorios Palestinos, lo que sólo sirvió para empoderar a Hamas (…) Libia fue destrozada, Siria entró en guerra civil, Yemen se convirtió en un desastre humanitario, Sudán del Sur, nacido bajo presiones extranjeras, pronto cayó en la disfuncionalidad”. Encima “el islam político es hoy la única forma de participación popular que existe”. Para completar la catástrofe, de los tres países que definen el mundo árabe hoy ninguno es árabe: Irán, Turquía e Israel. Cada uno de esos países, nos dice Lukyanov, “representan distintos modelos políticos: una teocracia islámica con visos pluralistas (Iran), una democracia militarizada (Turquía), y una supuesta democracia al estilo occidental, cada vez más estructurada por un nacionalismo religioso (Israel)”.

A principios de siglo, nos dice Lukyanov, el orden liberal-neoconservador consideraba desde Washington D.C. que para rediseñar Medio Oriente bastaba con libertad de mercado, elecciones libres y la sociedad civil. “No funcionó. No sólo desmanteló el viejo orden sin poner uno nuevo, sino que además las fuerzas que debían propagar la democracia fortalecieron el sectarismo y la violencia”. Con Trump, las cosas cambian. La ilusión democrática ya no es necesaria. Aliado con la derecha israelí y las monarquías del Golfo, el objetivo ahora es “establecer el dominio militar, tener acuerdos económicos y normalización estratégica”. El plan es “la paz por la fuerza”, pero Lukyanov dice que eso “no es para nada paz”. Los errores y los horrores cometidos por el imperialismo hablan de un profundo desconocimiento de la historia y la política regional. “Y como siempre en Medio Oriente, el lugar donde mueren las utopías, los pueblos pagan el precio”. Ese es el nivel de reflexión que podemos encontrar en el “Club de discusión Valdai”. Y al volver a la isba, será momento de leer “Los endemoniados” para comprender un poco mejor lo que pasa. Fue escrito en 1871 por Dostoyevsky, que también se llama Fyodor.  «

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