La reunión fue en el backstage del Movistar Arena. Con la gira “Tempo Rei Tour”, el histórico referente del tropicalismo recorre su legado musical y se despide de los grandes tours internacionales.

García, de 74 años, llegó al estadio para asistir al concierto y fue llevado al backstage, donde mantuvo una breve conversación con Gil, que a sus 83 continúa activo sobre los escenarios. El encuentro, que se confirmó minutos después de que comenzaran a circular rumores entre el público sobre un palco preparado para el músico argentino, reunió a dos figuras fundamentales de la música latinoamericana. La reunión fue descripta como “relajada y amena”. Ambos artistas se mostraron contentos de verse en persona.
El show de Gil en Buenos Aires formó parte del tramo internacional de “Tempo Rei Tour”, una gira que el propio artista concibió como su despedida de los grandes tours internacionales. El concierto, que marcó su regreso al país, funcionó como un recorrido por más de seis décadas de trayectoria.
Durante la noche, el músico brasileño repasó algunos de los clásicos que marcaron su carrera y que fueron celebrados por el público argentino, como “Palco”, “Banda Um” y “Tempo Rei”. La presentación combinó momentos de gran despliegue escénico con pasajes más íntimos, pensados especialmente para esta gira.
El título del tour remite a la canción “Tempo Rei”, compuesta por Gil en 1984 como respuesta a “Oração ao Tempo”, del también referente de la música bahiana Caetano Veloso. Mientras aquella obra reflexionaba sobre lo efímero del tiempo, la de Gil proponía una mirada más ligada a la permanencia y la transformación.
En medio del concierto, el artista también compartió recuerdos de su carrera, como su participación en un festival de artes negras en Lagos, Nigeria, al que asistió junto a músicos de distintas partes del mundo. A partir de esa experiencia compuso la canción “Refavela”, que luego interpretó ante el público porteño.
La lista de temas incluyó además “Não chore mais”, “Extra”, “Vamos fugir”, “A novidade”, “Realce”, “Punk da periferia”, “Se eu quiser falar com deus”, “Drão”, “Estrela”, “Esotérico”, “Andar com fé” y “Aquele abraço”, en un cierre que mantuvo de pie a gran parte del estadio.
A lo largo de su carrera, Gil se consolidó como una de las figuras centrales de la música brasileña y del movimiento Tropicália, además de atravesar episodios políticos decisivos como su detención durante la dictadura militar y su posterior exilio en Londres. Entre 2003 y 2008 también fue ministro de Cultura de Brasil.
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