Gaza: nueva ofensiva contra Hamas mientras persiste el genocidio

Por: Ricardo Gotta

Nada mejoró, pasados 50 días del alto el fuego que no fue tal. Siguen los ataques israelíes que provocan más muertos civiles. Advierten que aún no llega ayuda humanitaria.

Pasaron ocho décadas, lo que en la historia de Medio Oriente, pareciera que fuera un suspiro. Pero no es así. Veamos: en 1978, las Naciones Unidas establecieron que el 29 de noviembre fuera el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. La fecha remite a 1947, 31 años antes, cuando la propia ONU aprobara la emblemática resolución 181 que formalizaba la creación de un «Estado judío» y un «Estado árabe» en Palestina, con Jerusalén como ‘corpus separatum’. Pasaron ocho décadas: de ambos estados sólo se creó el de Israel. Pasaron ocho décadas: Gaza sigue sometida a una agresión desmedida, descomunal, inhumana, a todas luces ilegal. Que lleva intrínseco un genocidio. En pleno siglo XXI, un nuevo genocidio en la historia de la humanidad.

En las últimas horas, nuevas manifestaciones de repudio a esa intervención militar y de apoyo al pueblo palestino se replicaron en todo el mundo. Un ejemplo puntual: miles de afiliados a las organizaciones Cobas, Clap, Sgb y Cub adhirieron a una huelga que, entre sus premisas, contenía la liberación palestina. Mientras, ya pasaron 50 días desde que el 10 de octubre se celebrara el último alto del fuego, que EE UU propaló casi como el fin de la guerra. Pues, el Centro de DD HH de Gaza informó que desde que entró en vigor, murieron 350 palestinos y 889 resultaron heridos en la Franja. Que, desde ese día, no sólo no cesaron los ataques del ejército israelí sino que hubo unas 535 nuevas intervenciones. Por supuesto, el gobierno de Benjamín Netanyahu sólo acepta que acciona en contra de Hamas, aún sin reconocer los perjuicios al pueblo gazarí: entre las víctimas se contabilizan 130 niños, 54 mujeres y 14 ancianos.

“Gaza no es sólo una catástrofe humanitaria, es la destrucción sistemática de un pueblo”, volvió a advertir la organización Médicos Sin Fronteras, al tiempo que describe el genocidio contra la población palestina. Los muertos se elevan a más de 66 mil, entre ellos 20 mil niños, aunque es probable que el número real sea mayor, con personas atrapadas bajo los escombros. Y aunque las instalaciones de salud tienen “un estatus protegido” advierte que “los hospitales siguen siendo bombardeados y los centros médicos allanados, poniendo en peligro al personal y a los pacientes”, al tiempo que “ningún hospital en Gaza está plenamente operativo”. MsF denuncia que “15 de nuestras compañeras y compañeros han sido asesinados, y nuestro cirujano ortopédico, el doctor Mohammed Obeid, permanece detenido por Israel desde octubre de 2024. En total, más de 1500 trabajadores de la salud han sido asesinados”, lo que significa “una pérdida enorme para el sistema de salud de Gaza”.

Más de 16.500 pacientes necesitan ser trasladados para recibir un tratamiento imposible de brindar por un sistema sanitario en ruinas. La espera es tan larga que, en muchos casos, llega antes la muerte: según la OMS, al menos 740 personas (137 niños) murieron, aguardando un traslado. Justamente MsF lanzó una consigna muy elocuente: “Los médicos no pueden parar el genocidio, los líderes mundiales sí”.

“El territorio está cerrado tanto por tierra como por mar. Ni siquiera los pescadores pueden salir a buscar su alimento: son blancos de disparos desde drones o helicópteros. Gaza cerrada tanto por tierra como por mar”, denuncia Aymeric Elluin, un responsable en la región de Amnistía Internacional.  Reclama, como ya hace demasiado tiempo, que se llegue al “fin del bloqueo ilegal y a permitir el envío masivo de ayuda humanitaria”.

ESTO ES RECUADRO

Milicias abrazadas por el oso

Mientras la población gazarí se desangra en esta etapa de la guerra que comenzó aquel sábado 7 de octubre de 2023 cuando Hamas desató una ofensiva sobre territorio israelí que no sólo provocó cientos de muertos y toma de rehenes, sino que despertó la sospecha mundial de al menos una complicidad de Netanyahu (y de lo más reaccionario de la derecha israelí), para desatar la furiosa acción bélica sobre los territorios palestinos, en especial la Franja de Gaza. En definitiva, la asonada de Hamas resultó la excusa perfecta.

A 26 meses de aquel sábado sangriento, Hamas se mantiene en pie, con decenas de miles de combatientes armados diseminados por el territorio gazarí, incluso en reductos a los que, sospechosamente, no llega Israel.  Hace sólo horas, la milicia palestina, rechazó “de plano”, la resolución de ONU que otorgó un mandato al plan emanado de la Casa Blanca, “para estabilizar el alto el fuego en la Franja” y advirtió que no acatará ninguna medida que implique, ya no su rendición, sino al menos su desarme, mientras no exista “un proceso hacia la creación de un Estado palestino”. Una demanda que no encuentra garantías desde hace largo tiempo. Claro, Tel Aviv exhibió la reacción opuesta: “aplaudió” una resolución “que llevará a la paz y a la prosperidad porque insiste en el completo desarme y desradicalización de Gaza”.

Pero más allá de las enunciaciones, pesan los hechos. En ese sentido, llamó la atención la proliferación de grupos armados palestinos enfrentados a Hamas, que son explícitamente apoyados por Israel y por EE UU, como explícitamente lo admitió Netanyahu. Un mosaico de orgas que tomaron notoriedad en los últimos meses, conformados por un muy complejo entramado de clanes familiares y nuevas milicias, con una acalorada postura contra de Hamas. Además también se integran de bandas con pasado delictivo y criminal, algunas de ellas surgidas como evolución de los clanes que permanecían presos y que se desarrollaban en ese ámbito.

Una de las milicias más grandes está encabezada por Yasser Abu Shabab: las Fuerzas Populares que operan desde la ciudad sureña de Rafah. Llamó la atención que utilizaran las redes sociales para promocionar su acción, con videos e imágenes en las que se los ve ataviados con modernas vestimentas para la guerra y armamentos de última generación. Otro líder, Hossam al Astal, dirige la Fuerza de Ataque Antiterrorista, que también actúa en la región sureña, aunque próxima a Jan Yunis. Admitió hace unas horas que «representantes estadounidenses» le prometieron que su grupo tendría un papel en la futura fuerza policial de Gaza. Por otra parte, se sabe que sectores de la Autoridad Palestina (gobierna la Cisjordania ocupada y es acérrimo rival de Hamás), desde hace semanas, intensificaron su envío de “apoyo” de manera descubierta.

De todos modos, según la evaluación de ciertas fuentes, por el momento, estas milicias operan solo en una parte del territorio, el más controlado por el ejército israelí, que justamente prepara el terreno para que las milicias sigan avanzando.

Milicias abrazadas por el oso

La población gazatí se desangra en esta etapa de la guerra que comenzó aquel sábado 7 de octubre de 2023, cuando Hamas desató una ofensiva sobre territorio israelí, que no sólo provocó cientos de muertos y toma de rehenes sino que despertó la sospecha mundial de al menos una complicidad de Netanyahu (y de lo más reaccionario de la derecha israelí), para desatar la furiosa acción bélica sobre los territorios palestinos, en especial la Franja de Gaza. En definitiva, la asonada de Hamas resultó la excusa perfecta.
A 26 meses de aquel sábado sangriento, Hamas se mantiene en pie, con decenas de miles de combatientes armados diseminados por el territorio gazatí, incluso en reductos a los que, sospechosamente, no llega Israel. Hace sólo horas, la milicia palestina rechazó “de plano” la resolución de la ONU que otorgó un mandato al plan emanado de la Casa Blanca, “para estabilizar el alto el fuego en la Franja”, y advirtió que no acatará ninguna medida que implique, ya no su rendición, sino al menos su desarme, mientras no exista “un proceso hacia la creación de un Estado palestino”. Una demanda que no encuentra garantías desde hace largo tiempo. Claro, Tel Aviv exhibió la reacción opuesta: “aplaudió” una resolución “que llevará a la paz y a la prosperidad porque insiste en el completo desarme y desradicalización de Gaza”.
Pero más allá de las enunciaciones, pesan los hechos. En ese sentido, llamó la atención la proliferación de grupos armados palestinos enfrentados a Hamas, que son explícitamente apoyados por Israel y por EE UU, como explícitamente lo admitió Netanyahu. Un mosaico de orgas que tomaron notoriedad en los últimos meses, conformados por un muy complejo entramado de clanes familiares y nuevas milicias, con una acalorada postura contra de Hamas. Además también se integran de bandas con pasado delictivo y criminal, algunas de ellas surgidas como evolución de los clanes que permanecían presos y que se desarrollaban en ese ámbito.
Una de las milicias más grandes está encabezada por Yasser Abu Shabab: las Fuerzas Populares que operan desde la ciudad sureña de Rafah. Llamó la atención que utilizaran las redes sociales para promocionar su acción, con videos e imágenes en las que se los ve ataviados con modernas vestimentas para la guerra y armamentos de última generación. Otro líder, Hossam al Astal, dirige la Fuerza de Ataque Antiterrorista, que también actúa en la región sureña, aunque próxima a Jan Yunis. Admitió hace unas horas que «representantes estadounidenses» le prometieron que su grupo tendría un papel en la futura fuerza policial de Gaza. Por otra parte, se sabe que sectores de la Autoridad Palestina (gobierna la Cisjordania ocupada y es acérrimo rival de Hamas), desde hace semanas, intensificaron su envío de “apoyo” de manera descubierta.
De todos modos, según la evaluación de ciertas fuentes, por el momento, estas milicias operan sólo en una parte del territorio, el más controlado por el ejército israelí, que justamente prepara el terreno para que las milicias sigan avanzando.

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