Oberman: “En el fútbol, al que es distinto o transgresor lo ven como a un loco”

Por: Roberto Parrottino

Campeón mundial Sub 20 con Messi en 2005 y de Primera en 2010 con Argentinos Juniors, a los 36 años Gustavo Oberman acaba de dar la vuelta olímpica con Dock Sud en la C. Psicología, Ascenso y el análisis de un ambiente que le corrió la cara cuando pidió ayuda.

Gustavo Oberman dice que, en el fútbol, las amarguras son más que las alegrías. A pesar de coronarse con Dock Sud campeón del Apertura de la Primera C y asegurarse a fin de año una final por el ascenso a la B Metropolitana, Oberman hace equilibrio. Campeón con la selección Sub 20 en el Mundial de Holanda 2005 -el de Messi- y con Argentinos Juniors del Clausura 2010, a los 36 años ganó otra perspectiva del fútbol sin salirse del juego. Cachete, la cara siempre aniñada, habla del Ascenso, de la psicología y la psiquiatría, del “prototipo” de futbolista, de un ambiente que le corrió la cara cuando pidió ayuda y del día después del retiro.

-¿En qué momento te agarró el campeonato con Dock Sud?

-Cuando vas creciendo, vas entendiendo el fútbol. Desde lo táctico, desde la inteligencia, y entonces disfruto cada entrenamiento, cada partido. No sé si jugaré uno, dos o tres años más. Si bien ya hice el curso de entrenador y otro de asesoría deportiva, hoy no tengo decidido dejar de jugar. Mientras pueda, lo voy a disfrutar. Me gusta jugar, competir, no perder ni en el fútbol-tenis, donde me enojo, discuto, festejo y parezco un loco. Eso lo llevás o no llevás, nace con uno.

-¿Por qué cada categoría tiene su reglamento?

-Cuando nos tocó jugar la Copa Argentina con Gimnasia La Plata, en marzo, nos cobraron 40 faltas que en la C no son faltas. En la C chocás a un jugador por la espalda y no es falta. En Primera, sí. El árbitro es más permisivo y deja jugar más porque no hay cámaras, sólo filman los partidarios. Igual, la C es cada vez más profesional y competitiva. Los clubes cada vez le dan más atención a las inferiores. Porque por un tema económico, los clubes de Primera cada vez más apuestan a jugadores del Ascenso. Sale bien: agarrás a un jugador de la C, lo ponés a entrenar como a uno de Primera, y no desentona. La diferencia está en que tenés muchos compañeros que terminan la práctica y se van a trabajar y vuelven a la noche a su casa. Y no es fácil rendir al otro día en la cancha. Tengo compañeros que laburan todo el día en la peluquería, porque es su salida laboral. Otro, de Uber. Si después tiene que rendir, cuesta más. Ahora, si descansa, si a la tarde va a un gimnasio, si se alimenta con vitaminas y proteínas, como los chicos de Primera, va a competir al mismo nivel. Cuando llega la oportunidad, muy pocos la dejan pasar.

Foto: Mauro Rodríguez / Prensa Club Sportivo Dock Sud

-¿Qué lugar le das a la psicología en tu carrera?

-Cuando era chico fue fundamental, la necesitaba. Me sacaban amarillas todos los partidos, me expulsaban por protestar. De hecho, me subieron a Primera y me convocaron de la selección cuando cambié mi forma de comunicarme con mis compañeros, con los árbitros. Fue importante trabajar con un psicólogo en un espacio particular. Es mejor, soltás cualquier barbaridad sin miedo. Con alguien que trabaja en el club quizás es un compromiso: hablás mal de un técnico y si tiene que dar un informe y lo cuenta… Sería poco profesional, pero el miedo está.

-¿Ya no es mal mirado el que va al psicólogo?

-No, pero miran de reojo a alguien que tiene una patología o necesita ir al psiquiatra o toma una pastilla para dormir. Tengo sobradas muestras de jugadores que comentaron que tenían un problema así y los hacen “descansar”, en el sentido de que te sacan del equipo, y es peor. El día de mañana, cuando se entienda que tener ansiedad o depresión es una enfermedad, va a ser más fácil. Tuve algún compañero que comentaba que tenía un familiar enfermo y después no jugaba. Entonces, si te pasa algo, no decís nada. Eso es algo que tenemos que mejorar en el fútbol.

-“Vos nos ves y somos un prototipo”, dijiste. ¿Cómo son?

-Los futbolistas convivimos y hablamos en un vestuario. Somos 30 y nos parecemos bastante. Todos llegan con un bolsito muy similar, y si vas con una mochila “rara” te dicen algo. El corte de pelo, en el 90% es igual. Ahora se usan unas medias bajas, cortitas. Quizás a alguien que es distinto o transgresor, se lo ve como a un loco. Y después, la gente de afuera cree que un futbolista que jugó en Primera está salvado, y no es así. Ahora, si te venden para un lado y para otro, posiblemente -si no hacés las cosas mal- tengas una vida holgada. Pero si no te compra un club, y te compran y te venden, cuando termina la carrera futbolística tenés que tener algo preparado o un negocio para trabajar y seguir viviendo. Si la gente entendiera eso sería todo mejor.

-¿Cómo fue jugar con Messi?

-Realmente, trataba de no entorpecerlo. Me imaginaba lo que iba a hacer, le daba opciones de pase, él necesitaba que le abriera espacios para el pase, para poder encarar, para llevarme la marca. En ese momento estaba muy rápido y mis diagonales trataban de ser a un lugar donde él no apuntaba. Verlo correr con la pelota pegaba al pie era un placer. De hecho, en el gol que le meto a España en cuartos, Messi mete el pase. Fue injusto que haya habido gente que hasta hace poco dijera que Messi en la selección no era nada, que no tenía ganas, o que le debía una alegría a la gente. No, se la debía a él mismo. Si no conseguía la Copa América, seguro hubiera pensado que no estaba completa su carrera. Una locura. Imaginate para los normales…

Foto: Mauro Rodríguez / Prensa Club Sportivo Dock Sud

-¿Cómo visualizás el día después del retiro?

-Hoy, más tranquilo. En 2016, cuando volví de jugar en el Pune City de la India, estuve seis meses parado, pensé que no iba a jugar más, y la pase mal. No tenía ganas de salir de mi casa, me avergonzaba, no sabía lo que me pasaba adentro. Ese año empecé el curso de técnico y a jugar en Argentino de Quilmes. Y a partir de ahí empecé a disfrutar del fútbol porque no sabía si iba a ser un año, dos, o tres. Ya son tres, y este año hice un curso de asesor deportivo. Hoy lo tomo con más naturalidad si a fin de año no renuevo con el Docke. No me voy a sentir mal como en 2016, porque ya lo decidiría yo. En aquel momento le pedí ayuda a gente que consideraba -quizá equivocadamente- que tenía que ayudarme. Los necesité y no estuvieron. No pasa nada, pero dolía. Que te ignoren es lo que duele, no que no te ayuden.

-¿Qué ayudas?

-Un lugar para jugar, entrenarme, mostrarme. Una recomendación. Te decían “sí, sí” o no te contestaban. Cuando Fede Domínguez dirigió a Boca Unidos, lo llamé por si necesitaba a un jugador como yo. Me contestó y al tiempito me dijo que no iba a poder ser por tal y cual cosa. ¡Le agradecí solamente por haberme contestado! Otra gente no había visto el mensaje, ni me había mandado el emoticón del dedito para arriba. ¿Por qué tan malos?

-¿Qué importancia tienen los clubes de barrio?

-Son tan importantes como las escuelas. Son lugares de contención, de educación, de alegría para muchos chicos que es ir a un club de barrio o hacer algo peor. Y el barrio del Docke, ahora que ganamos, tiene otra luz. Cuando salimos de la cancha, donde entrenamos, la gente va sonriendo, ves camisetas y camperas del Docke. Es un barrio identificado con el club, siempre nos da el apoyo, y ojalá podamos darle el ascenso.

-Es, en parte, el barrio de Okupas.

-La vi en su momento, y ahora la voy a volver a ver. Las partes del Docke con el Negro Pablo y su banda son las mejores. Hoy la están analizando demasiado. Hay que ponerse en el momento en que sucedía, vivía o escribía. Coincido que las formas tienen que cambiar, que de hoy en adelante vayamos mejorando. Pero las cosas tienen su contexto y no es cuestión de prohibir. Ojalá que el Docke vuelva a ser noticia a fin de año, no por aparecer en Okupas.

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