A las 3.10 de la madrugada del 24 de marzo, cuando se cumpla exactamente medio siglo del Golpe, el grupo #SonSinCuenta presentará un hábeas corpus colectivo para exigir “que digan dónde están”. Un reclamo que continúa ante la vigencia del pacto de silencio. Una respuesta a quienes piden ‘memoria completa’.

La iniciativa, que replica lo hecho en 1996, es impulsada por el colectivo #SonSinCuenta, integrado por hijos e hijas de personas secuestradas-desaparecidas y/o asesinadas durante la última dictadura militar y los años previos. También, por hermanos y expresos. La presentación será el martes 24 de marzo a las 3.10 AM, hora en la que se consumó el golpe militar del año 1976, en las escalinatas del palacio de Tribunales (Talcahuano y Lavalle).
“En estos años se hicieron un montón de cosas –Juicio a las Juntas, Conadep, Juicios por la Verdad, apertura de juicios de lesa humanidad, recuperación de nietos, el Equipo Argentino de Antropología Forense, el Banco de Datos Genéticos- y si bien hay un montón de cosas sobre las que se avanzó, también hay un montón que no tienen respuesta”, señala Josefina Giglio, hija de desaparecidos, periodista, autora de la novela Yo la quise y miembro de #SonSinCuenta.
“Por más que reconocemos el gran trabajo con los juicios y sabiendo que la Argentina en esto es única en el mundo y que el contexto es como mínimo hostil, se busca volver a reclamar aquello que nos resulta que no se dirimió en su momento”, explica en diálogo con Tiempo.
“Hoy como ayer, seguimos sin respuesta sobre el destino de nuestros padres y madres. El pacto de silencio sigue vigente. A pesar de los avances en los juicios de Lesa Humanidad y de la apertura de algunos archivos estatales, desconocemos dónde están y qué sucedió con cada desaparecidx. Esta situación se agrava con las políticas del gobierno nacional actual, como el desmantelamiento de los equipos de investigación, haciendo aún más difícil el acceso efectivo a la información”, planteó el grupo en la convocatoria de la presentación colectiva.
El mensaje es claro. Mientras desde el Gobierno se fomentan discursos como el de Patricia Bullrich y su pedido de ‘memoria completa’, la respuesta es: si quieren memoria competa, que digan dónde están.
El hábeas corpus colectivo plantea que “se ordene el cese inmediato del estado de incertidumbre sobre el destino final de nuestros padres y nuestras madres, de manera concomitante con los procesos de juzgamiento de los responsables de los hechos delictivos cometidos durante el genocidio, se obtenga información, se destinen recursos para su análisis e investigación”.
También, que “se disponga el acceso efectivo a la totalidad de las fuentes de información y archivos estatales que pudieran arrojar datos sobre el destino final de nuestros familiares, ordenando remover los obstáculos que hasta el momento han impedido su esclarecimiento”.
Que “se ordene la restitución de los equipos de relevamiento y el análisis documental en archivos en instituciones estatales como el Ministerio de Defensa y cualquier otro que sea de interés”; que “se adopten las medidas conducentes, tanto la constitución de un órgano inter-estatal investigador con el debido control civil con facultades amplias de intervención como cualquier otra, en pos del efectivo cumplimiento de la obligación estatal de investigar por todas y cada una de las víctimas”; que “se dispongan medidas para asegurar, preservar y garantizar posteriormente el acceso efectivo a los registros privados pertenecientes a la institución eclesiástica, empresas con personal/trabajadores secuestrados-desaparecidos, y personales de los condenados por delitos de Lesa Humanidad y cualquier otro que sea relevante a estos fines”.
En síntesis, “después de 50 años del último golpe de Estado se nos diga dónde están”.
“Consideramos realmente que son sin cuenta”, dice Giglio sobre la expresión que da nombre al colectivo que integra, en un juego con los 50 años pero también en una reacción a quienes cuestionan la cifra de 30 mil desparecidos y desaparecidas. Si sigue el pago de silencio, si no se abren todos los archivos, si no dicen dónde están, no hay cuenta posible.
“En estos días pasó lo de La Perla: un grupo de querellantes que se nuclea e insiste sobre lo que no se hizo”, destaca sobre la identificación de restos de 12 personas secuestradas en ese centro clandestino de Córdoba. “La memoria es un artefacto absolutamente vivo, y con cada nueva pregunta la reapertura se produce. Estamos reclamando saber qué pasó, dónde están los huesos, por aquellas personas que no conocen su identidad. Esta semana se conoció el procesamiento de militares en Mendoza por causas contra las infancias”, enumera Giglio para dar cuenta de cuán abierto, vivo y candente está el tema, 50 años después.
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