“Hay una puerta ahí”, un documental que reafirma la lucha por la eutanasia en Uruguay

Por: Nicolás Peralta

Con una estética mínima y narrativa íntima, la película de los directores uruguayos Facundo y Juan Ponce de León, cuenta una historia de amor, enfermedad y despedida.

Este sábado en el Gaumont se podrá ver un filme de los directores uruguayos Facundo y Juan Ponce de León, que documenta las conversaciones vía Zoom entre un paciente diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y su médico. Hay una puerta ahí muestra a Fernando Sureda, quien no puede lidiar con su enfermedad y desea acceder a la eutanasia. Por eso lucha por la sanción de la ley en Uruguay, con la intención de ser el primero en aplicarla. Mientras tanto, Enric Benito, un médico especializado en cuidados paliativos, comienza a reunirse con él por videollamadas. La película registra el nacimiento de una amistad entre dos hombres, mientras uno ayuda al otro a morir. La aceptación del dolor, el sentido del humor y el compromiso con la familia y los amigos acompañan las charlas virtuales, ya que la pandemia no les permitió encontrarse en persona.

–¿Cómo fue que llegaron a esta historia?
–Curiosamente, es una película que nos llega, no fuimos nosotros a buscarla. Enric, el médico español, intuyó que había ahí un material valioso. Buscó alguna productora en Uruguay y, cuando Fernando murió en septiembre de 2020, consiguió nuestro mail y nos escribió: “Tengo un mensaje del más allá para ustedes”, nos puso. Nos contó la historia, y dos días después ya estábamos en un Zoom con la familia. Así nos dieron acceso a un link de Dropbox con once horas de material, para que evaluáramos si había algo más que un registro. Nos tomamos un mes con mi hermano sin hablarnos, con la única condición de conversar recién cuando los dos hubiéramos visto todo. Cuando nos encontramos, dijimos: “Esto es una bomba”. Y ahí empezó el proceso.

–¿Y cuánto duró ese proceso?
–Duró dos años. Porque es una película hecha con Zooms, audios y no mucho más. No tiene otra cosa, pero a la vez había que construir la narrativa. Desde el principio supimos que no iba a ser una película sobre la eutanasia ni sobre los cuidados paliativos, sino sobre dos personas que se hacen amigas. Va más allá de la medicina: son dos hombres de casi la misma edad que conectan, que tienen química, y que con ternura sobrellevan el dolor. Porque está todo en este documental. Es una montaña rusa emocional, sube y baja todo el tiempo, y eso la vuelve muy potente. Pero no fue fácil. Nos preguntamos muchas veces: ¿quién va a ir al cine a ver una película hecha por Zoom, que se ve y se escucha mal, sobre un tipo que está en la cama y quiere morir, y un médico que le dice que hay otra forma de ver la realidad? Pero le encontramos la vuelta. En Uruguay estuvo ocho semanas en cartel con salas llenas. Las conversaciones eran la riqueza. A nosotros mismos nos costó darnos cuenta de eso al principio.

–¿A veces no hacen falta tantos recursos para impactar?
–Al principio queríamos embellecerla, entre Zoom y Zoom poníamos imágenes abstractas, de naturaleza… y todo eso lo fuimos sacando. En lo simple y directo estaba la clave. Por eso está bueno que desde la cultura podamos aportar al debate público y al crecimiento social, mostrando algo que pasó y que puede volver a pasar.

–¿Cómo está la situación del cine en Uruguay?
–Está mejor que en Argentina, sin dudas. Desde hace unos 15 años viene creciendo el apoyo. Se generan incentivos para que se filme acá. Por ejemplo, se grabaron series como Coppola (la segunda temporada) o Margarita. Claro que es una industria afectada a nivel global, pero acá se la cuida. Siempre estaría bueno que haya más inversión, pero no vivimos los recortes que hay allá. El gobierno argentino le está dando la espalda a la cultura, literalmente, sin pensar en lo importante que es.

–¿Y ustedes cómo encaran el cine desde lo autoral y lo comercial?
–Nos gusta contar historias. Como a todes les cineastas, queremos generar impacto y tener un sello. Tratamos de encontrar un punto medio: ni muy comerciales ni muy autorales. Entendemos que el cine también es un negocio, y cuanta más gente vea lo que hacés, mejor. Pero tenemos claro que el entretenimiento no es algo banal. Puede ser entretenido y profundo a la vez. Un buen producto pasa por diferentes estados: risa, llanto, sorpresa, miedo… No es algo para dejar de fondo. Los que hacemos esto queremos que lo que contamos quede resonando en la cabeza del espectador. Siempre hay incertidumbre sobre si funciona o no, y eso es lo apasionante. Por eso nos gustó hacer esta peli: habla de la enfermedad, de cómo lidiar con ella, y sobre todo de la importancia de los vínculos. Eso nunca puede ser algo malo.

 

Hay una puerta ahí

De los directores uruguayos Facundo y Juan Ponce de León. Con la presencia de uno de sus directores y de su protagonista, Enric Benito. Se podrá ver el sábado 9 de agosto, a las 19:15 en el Cine Gaumont, Av. Rivadavia 1635.

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