La huelga contra la tercerización que permitió liberar a todo un país

Por: Matías Cremonte

La protesta fue en Curaçao en una etapa donde tuvieron lugar muchas revueltas populares. Fue un día después del Cordobazo. Los reclamos y el poder de la organización sindical.

Cuando llegó la noticia al reino de los Países Bajos ya era tarde. Buena parte de Willemstad, la capital de Curaçao, ardía. Esa isla de arenas blancas y aguas celestes era un hervidero. La huelga de los obreros petroleros contra la tercerización y el sistema de contratistas que usaba Shell se desmadró. Fue el 30 de mayo de 1969 y terminó en una insurrección popular, que parecía rendir honores a la rebelión que en 1795 encabezó el esclavo Tula.

Curaçao era, en esos años en los que las ideas revolucionarias recorrían el mundo, parte de las islas del reino con una ubicación estratégica. Frente a lo que hoy es la República Bolivariana de Venezuela, a salvo de los frecuentes huracanes y con un puerto natural en su bahía, tardó poco en convertirse en un importante territorio de ultramar para el imperio.

Su población era y es aún mayoritariamente afrodescendiente porque la isla fue pionera en la concentración de esclavos para su posterior comercialización. Y donde hay mucha opresión, tarde o temprano, termina floreciendo la rebelión.

A comienzos del siglo XX, la empresa holandesa Shell instaló una refinería de petróleo venezolano y convirtió a la isla en la principal abastecedora de combustible de las embarcaciones que navegaban por el mar Caribe. Su importancia creció luego de la construcción del canal de Panamá.

Los obreros no tardaron en sindicalizarse. Conformaron organizaciones poderosas, entre las que predominaba la Federación de Trabajadores del Petróleo.

A finales de la década del sesenta, el mundo estaba bastante convulsionado. Tuvieron lugar muchas revueltas populares, anticapitalistas y anticolonialistas, en lo que se denominó un período de auge de masas. Los estudiantes encabezaban grandes movilizaciones, con el Mayo Francés entre las más notorias. Algunas fueron salvajemente reprimidas, como la llamada masacre de Tlatelolco en México.

En mayo de 1969, mientras en Argentina se desarrollaba otra huelga, estalló en las antillas un conflicto laboral. Fue en la refinería de Shell y la razón estaba en los bajos salarios, que estaban muy por debajo de los del mercado, y los abusos de la subcontratista Wescar.

La huelga comenzó el 30 de mayo. Los obreros iniciaron una marcha sobre Willemstad, pero rápidamente se produjo una gran insurrección popular. Y, de pronto, esa capital de estilo colonial y colores pasteles empezó a arder en diferentes puntos del casco céntrico.

Al día siguiente, el reino envió a su Marina desde la metrópoli para reprimir el levantamiento, que se cobró varias vidas y culminó con centenares de detenciones.

La huelga fue un éxito en cuanto a las demandas laborales. Se eliminó el sistema de subcontratación y todos los trabajadores se convirtieron en empleados de Shell. Lograron un aumento general de salarios y, entre otras conquistas, el cese de la discriminación a los obreros afrodescendientes.

Pero la magnitud de la rebelión provocó la renuncia del presidente, que hasta entonces era designado desde La Haya. También, una serie de reformas políticas por las cuales la población nativa pudo acceder a todos los cargos públicos, que hasta entonces eran ocupados exclusivamente por la élite blanca neerlandesa.

Se disolvió el Congreso, se convocaron elecciones parlamentarias y el recién nacido Frente Obrero de Liberación, encabezado por el sindicalista petrolero Wilson “Papa” Godett, obtuvo numerosos escaños.

Muchas insurrecciones de la época son recordadas como hitos populares de rebeldía, que dieron lugar a grandes cambios. En la mayoría de los casos, la chispa que encendió la pradera partió de un reclamo laboral.

En Argentina, el 29 de mayo de 1969, la clase trabajadora cordobesa salió a las calles reivindicando su derecho al descanso los sábados desde las 13 horas. La protesta también creció y desembocó en una insurrección de obreros y estudiantes. Terminó marcando el final de la dictadura de Juan Carlos Onganía y fue bautizada como el Cordobazo.

Un día después, el 30 de mayo de 1969, esos vientos huracanados de rebeldía y libertad pasaron por Curaçao, modificando su estructura política y social hasta el día de hoy.

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