Israel podría condenar con la pena de muerte a dos ambientalistas

Por: Ricardo Gotta

Son el español de origen palestino Saif Abukeshek y el brasileño Thiago Ávila, secuestrados de la Flotilla Global Sumud y confinados en una cárcel de Shikma. Los otros activistas detenidos retornan a sus países. Quedan 33 barcos en la flota (con cinco argentinos) que aguardan para seguir rumbo a Gaza.

“Si estás viendo este video, significa que el Estado sionista de Israel interceptó a la Flotilla Global Sumud, que intenta llevar ayuda humanitaria a Gaza y romper el bloqueo criminal sobre el pueblo palestino”.

La oscura madrugada del jueves se ceñía en el Mediterráneo. Una nube de drones cubrió el cielo, bloquearon las comunicaciones y el horizonte se iluminó con rayos que presagiaban  una tormenta y permitieron ver a las embarcaciones militares israelíes. A los pocos segundos se dispararon decenas de videos con alertas muy similares, en diversos idiomas.

Se trató de una operación quirúrgica y calculada. Las fuerzas israelíes eligieron 22 embarcaciones de las 55 que conformaban la flotilla. Secuestraron a 175 militantes. Sabían a la perfección lo que iban a buscar. Y desplegaron una violencia desproporcionada, que dejó no sólo barcos inutilizados sino muchos moretones y costillas fracturadas. Cinco argentinos estaban en ese grupo: Celeste Fierro, Pablo Giachello, Raúl Laguna Bosch, Mónica Schlotthauer y Ezquiel Perisini. Viajan de regreso.

Fundamentalmente, la operación de caza tuvo dos objetivos: extraer de la flotilla una cantidad grande de suministros para la ayuda humanitaria, y por supuesto, descabezar la coordinación del grupo, secuestrando a dos reconocidos activistas ambientalistas: el brasileño Thiago de Ávila e Silva Oliveira y el hispano sueco Saif Abukeshek.

Thiago de Ávila e Silva Oliveira y Saif Abukeshek.

Thiago participó de la FGS 2025: interceptado antes de llegar a Gaza, fue trasladado a la prisión de Ktzi’ot, en el desierto del Néguev, donde la pasó mal. Intentó viajar a la Argentina a fines del último marzo para dar una charla y fue interceptado en el puerto de Buenos Aires.

Saif, además, tiene origen palestino: en su caso, ese sería el argumento israelí para someterlo bajo “régimen de detención” sin límite y hasta aplicarle la pena de muerte, a partir de la reciente ley aprobada por el parlamento israelí. Saif lo sabía y su propósito no era llegar a Gaza, sino descender en algún puerto. Sus compañeros intentaron protegerlo. Los redujeron a los golpes.

España calificó de «ilegal» la detención de uno de sus nacionales. Brasil hizo lo propio con Ávila. Pocos gobiernos, en especial de Europa, los acompañaron. Hamas, por su parte, condenó los abusos y agresiones físicas denunciados. El gobierno israelí los acusó de mantener lazos con el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Ayer se supo que ambos fueron trasladados a la cárcel de máxima seguridad de Shikma, en la ciudad costera israelí de Ashkelon. Rodeada de altísimos muros, fue construida en 1930 por el Reino Unido durante su dominio sobre Palestina.

La incursión fue en aguas griegas. Desde la flotilla acusan al gobierno griego de una actitud «ambigua y colaboracionista con el Estado Israelí» ya que asumió «ilegalmente» la custodia de los detenidos. Un grupo de ellos permanece aún confinado en Grecia y otro se subió a un avión que el gobierno turco puso a disposición de sus connacionales, para llegar a Estambul y luego viajar a Barcelona y retornar a sus países de origen. Es el caso de los militantes argentinos.

Los 22 barcos, con diversas averías (un par acabaron hundidos) fueron abandonados por los israelíes en medio del Mediterráneo. Incluso el Tam Tam, que contenía un abigarrado grupo de militantes que debió ser auxiliado, a punto de naufragar ya que los soldados destruyeron sistema de navegación, focos y velas. En medio del temporal los salvó un buque de Open Arms y uno de Greenpeace, dos ONGs que acompañan a la flota con respaldo logístico y denunciaron a Israel por «abandono de personas».

Desde el Aeropuerto Internacional de Heraklion en Creta, hacia donde un grupo de ambientalistas llegaron para dar su apoyo, Cele Fierro envió un mensaje: “¡Estamos bien! Con los otros compañeros secuestrados pasamos dos días horribles, pero estamos bien. Quédense tranquilos ¡Hay que reclamar por Thiago y Said!”.

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