La actriz defendió la identidad de las producciones argentinas y reclamó políticas públicas para sostener la producción audiovisual frente a la crisis. Además, advirtió que sin apoyo estatal será muy difícil mantener la diversidad cultural frente a la competencia extranjera.

“Creo que en una época tan difícil para el cine argentino y para nuestro país, la identidad de nuestro cine, de cómo filmamos, es muy interesante, nos muestra como país y creo que es buenísimo poder seguir teniendo películas y poder seguir filmando, no solo porque le da trabajo a los artistas, sino porque nos representan en el mundo”, señaló Aruzzi con convicción. Sus palabras apuntaron a reforzar la idea de que la producción audiovisual local cumple un rol cultural y simbólico que excede las cifras de recaudación.
Consultada sobre la crisis de la industria y las perspectivas de recuperación, la actriz fue categórica: “No sé, porque mientras no haya políticas que subvencionen el cine, que es tan difícil de hacer, y que haya tanta competencia de afuera, es muy difícil filmar acá. Entonces no sé si alcanza con que una película nos represente en el Oscar o en el Goya: si no hay políticas que apoyen la cultura, es difícil”. De ese modo, puso en primer plano la necesidad de un Estado presente para sostener una actividad marcada por altos costos y un mercado dominado por grandes producciones extranjeras.
El tema no estuvo ajeno a la polémica generada por Francella, quien defendió la lógica de priorizar películas rentables. Al respecto, Aruzzi tomó distancia: “Son cosas que piensa él. Yo creo que toda manifestación artística es buena y no solo lo taquillero vale”. La frase, que sonó como respuesta directa, buscó remarcar que la diversidad de propuestas enriquece la identidad cultural argentina, incluso cuando no se convierten en éxitos de boletería.
La opinión de Aruzzi no pasa inadvertida: trabajó junto a Francella en la exitosa versión teatral de Casados con Hijos, pero dejó en claro que su mirada sobre el lugar del arte en la sociedad está en las antípodas. Mientras el actor eligió alinearse con el discurso oficial del ajuste y cuestionar la inversión en películas con poca convocatoria, ella defendió la importancia de preservar el tejido cultural a través de políticas públicas sostenidas.
El contrapunto entre ambas figuras refleja un debate más amplio que atraviesa al mundo artístico argentino desde la llegada de Javier Milei al poder. La discusión sobre subsidios, diversidad cultural y mercado global enfrenta visiones contrapuestas: por un lado, quienes sostienen que el cine debe medirse por su rentabilidad; por otro, quienes entienden que su valor radica también en representar voces, historias y miradas que no podrían existir bajo las reglas estrictas del mercado.
En ese escenario, la voz de Aruzzi se suma a la de otros actores y actrices que en los últimos meses manifestaron su preocupación por la crisis cultural y la falta de apoyo institucional. Sus declaraciones, más allá de la polémica puntual con Francella, se inscriben en una discusión de fondo sobre el lugar del arte en la sociedad argentina y el riesgo de perder una tradición cinematográfica reconocida a nivel internacional.
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