Ping pong con Julián Lucero: «Toda mi vida me dediqué a decir pavadas y mal no me fue»

Por: Marina Amabile

Es actor y escritor. Su humor ácido y punzante invita a reír, pero también a repensar la realidad. Lee mucho, medita y estudio italiano y galés.

Actor, escritor y comediante, Julián Lucero se consolidó como un referente del humor social y absurdo en la Argentina contemporánea. Inició su carrera en el circuito independiente de Buenos Aires con la compañía de improvisación LPI y más tarde participó en ciclos de televisión como Cualca (2012) y Por Ahora (2013). Además, forma parte del grupo teatral Bla Bla & Cía y se desempeña como docente.

En sus espectáculos y escritos, combina sátira social y política, explorando la risa como forma de pensamiento y resistencia. Entre la escena y la escritura, Lucero construye personajes y relatos que invitan a reflexionar sobre la sociedad, siempre con inteligencia y un sello distintivo de irreverencia.

-¿Cuándo apareció la idea de ser actor?

-Cuando terminé la secundaria me fui a hacer un tallercito y disfruté mucho del formato de juego, de impro. A los meses fui a ver un show de uno de mis profesores y faltó un actor: justo me vio mi profesor en el público y me preguntó si me animaba a subir. Subí, me fue más o menos bien, pero quedé en el grupo estable. Yo tenía 18 y ellos alrededor de 40, así que me curtí bastante rápido.

-¿Y el humor?

-Siempre estuvo. A mí me gustaba mucho la comedia, no solo la de sketches de televisión, sino que me tocó generacionalmente la comedia yankee: South Park, Mi novia Polly, Loco por Mary. También me copaba lo más bizarro, del estilo Meet the Feebles. Toda mi vida me dediqué a decir pavadas y a jugar con el lenguaje, y mal no me fue. Creo que tengo un poco de dislexia útil: se me desdobla rápido el lenguaje y no se vuelve tan rígido.

-¿Es una manera de defendernos del mundo?

-El humor no soluciona las cosas, pero es un condimento para que la existencia no sea tan amarga. Hace poco volvió a circular el video de negrear, de Cualca, porque cada tanto sucede que la gente con mucho dinero se lo gasta muy rápido y quiere más. Entonces, trata de articular políticas para romperles el orto a todos los trabajadores, y la única forma de sublimar eso es haciendo un chiste. No es la única herramienta: la meditación o la escritura son otras maneras de sublimar emociones.

-¿El humor tiene límites?

-Me parece que el límite está en la otra persona. El factor humano es el que altera y pone límites, pero se trata de un límite sensible más que castrador. A mi no causan gracia cosas como el bullying.

Mi novia Polly.

-¿Qué cambió en la manera de producir desde Cualca hasta ahora?

-Creo que los tiempos. Cuando hacíamos Cualca, teníamos que entregar por semana tres videos cortos y uno largo, así que pensábamos en una mesa lo que queríamos decir y escribíamos. Estábamos muy atentos a lo que pasaba, y además estaba todo muy bien filmado, se veía muy lindo. Últimamente surgieron muchos comediantes desde TikTok o Instagram que no tienen tanto tiempo para producir porque tienen que subir videos diarios.

-¿Qué te hace reír hoy?

-Tim Robinson, el de I Think You Should Leave, me mata. Pero en general me río trabajando. Estamos de gira con Los Bla Bla y la risa es un aceite para el cuerpo y el espíritu. Estoy escribiendo bastante también: armamos Viudas 2 con Male Pichot, Juli Kartun y otros amigos para otra plataforma, y cada sesión diaria de escritura tiene un momento de estructura, de seriedad y lógica, y otro de tontería y pavada. Estoy muy agradecido; tengo mucha suerte de poder sublimar a través de mezclar palabras. Es algo casi erotizante, pone el cuerpo en movimiento.

-¿Cómo trabajan con Los Bla Bla?

-Es más bien rítmico, como si fuéramos una banda. Nos damos cuenta cuando termina: “Che, hoy estuvo medio lento. Aceleremos”. O se atrasa alguna función y empezamos media hora tarde, entonces le metemos pata porque la gente está cansada.

Loco por Mary.

-¿Cómo vivís este momento de recortes y crisis cultural?

-Con bronca, pero también con impulso. Ya actuaba en 2001, cuando todo estaba roto, y se volvió a armar. Siempre hay alguien escribiendo entre los escombros. Si nos sacan los medios, igual lo vamos a hacer. Es una forma de decir: “No nos van a callar”.

-¿Estás escribiendo?

-A principio de año me invitaron a escribir un cuento, y a raíz de eso empecé a escribir cuentos, no necesariamente de humor, aunque igual aparece porque es mi esencia. Poder escribir otros géneros fue muy enriquecedor. Estos años, casi desde la pandemia en adelante, empecé a equilibrar: 50% escribir y 50% actuar.

-¿Qué aprendiste trabajando con otra gente?

-La escucha. Di muchos años talleres de construcción de teatro y colectiva, porque está bueno recordar que no tenemos todo claro, que no somos capos que lo saben todo. Cada tanto es importante recordar que nos equivocamos, que lo que pensamos de cierta forma tenía otros matices, que a veces subestimamos y tenemos prejuicios. Escuchar al otro, y más si es alguien a quien querés y con quien estás construyendo algo, está buenísimo.

I Think You Should Leave.

-¿Qué hacés cuando no estás trabajando?

-Camino todos los días, entreno cuando puedo, medito, estudio italiano y un poco de galés. Leo mucho. Son mis anclas.

-¿Qué te gustaría desaprender?

-Me gustaría volver a mirar como si fuera la primera vez. Hace poco, con honguitos, se me borraron los nombres de las cosas. Tuve que volver a nombrar todo, incluso a mí. Fue hermoso: nombrar es volver a vivir.

-¿Un sueño pendiente?

-Escribir telenovelas. Me encantan. De chico miraba a Andrea del Boca, a Corín Tellado. Lo digo en serio: el melodrama me parece un arte mayor.  «

Ping pong con Julián Lucero

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