El poder blando es la capacidad de un actor internacional —generalmente un Estado— para influir en las acciones o intereses de otros mediante la atracción, la seducción y la persuasión, en lugar de la coerción o la fuerza militar.

Lo contrario del poder blando es el poder duro. Éste se define como el uso de la coerción, la fuerza militar o incentivos económicos (sanciones, sobornos) para obligar a otros actores a cambiar su comportamiento y acatar la voluntad propia, en contraposición a la atracción y persuasión propias del poder blando.
El Estado más pequeño del mundo, que es el Vaticano, se confronta con el Estado más grande y poderoso de Occidente que es Estados Unidos, a propósito de dos temas cruciales; la política migratoria racista, autoritaria, y la guerra contra Irán.
El presidente de Estados Unidos dirige un país de más de 300 millones de personas. Los Papas Francisco- ya fallecido- y León XIV, en ejercicio, lideran espiritualmente una población de 1400 millones de personas. ¿Por qué el gobierno de Estados Unidos está perdiendo esa confrontación asimétrica?
El poder blando del Vaticano se basa en una red diplomática de Nuncios en más de 180 países en todos los continentes con una experiencia de siglos. Su expertiz incluye situaciones disímiles como la tensa coexistencia de Pio XII con el nazismo alemán y el fascismo italiano para impedir el saqueo nazi de los tesoros culturales de Florencia. El asesoramiento a los dictadores fascistas católicos Francisco Franco, de España, y Oliveira Salazar, de Portugal, para que negocien con Estados Unidos y Occidente su permanencia en el poder después de la derrota del nazi-fascismo. Se logró incluso romper el aislamiento del dictador español cuando éste entregó al presidente de EE UU Eisenhower territorio español para bases militares estadounidenses orientadas a rodear a la extinta Unión Soviética. En la misma línea está la coordinación del papa Juan Pablo II con el gobierno de Ronald Reagan para coadyuvar a la implosión de la URSS y el derrumbe del pacto de Varsovia, que comprendía a la superpotencia ruso soviética y los países de Europa Oriental.
Con esas credenciales de colaboración con Occidente, el papa argentino Francisco expresó en homilías su oposición al capitalismo salvaje y a la política migratoria de Donald Trump. Dijo que había que “construir puentes y no muros”. El actual Leon XIV también ha rechazado la persecución de migrantes que impulsa Trump y ha condenado la guerra contra Irán con una frase: “Dios no bendice ninguna guerra, las condena”
Frente a ese poder blando, el presidente Trump sólo puede exhibir un poder duro fracasado en Irán y una política migratoria condenada por el 60% de los estadounidenses. Trump en las recientes encuestas tenía apenas el 33% de apoyo en la población estadounidense. La mayoría de la población estadounidense rechaza su política migratoria, su guerra contra Irán, su política económica, incluida la estrategia arancelaria. Trump tendrá que devolver miles de millones de dólares obtenidos por aranceles por una resolución de la Justicia de Estados Unidos.
Su errático comportamiento en lo nacional e internacional ha provocado que crecientemente se hable de sus reales capacidades cognitivas y de su salud mental.
Hay quienes sostienen que juega a la “teoría del loco” frívolo, invento de Richard Nixon para aplazar sus negociaciones de paz en la guerra de Vietnam, que culminó con la apresurada fuga de los asesores militares estadounidenses y la victoria de los guerrilleros de Ho Chi Min.
Hay otros, como la psiquiatra estadounidense de origen coreano, ex profesora de la facultad de medicina de la Universidad de Yale, Brandy X Lee, especialista en violencia, que organizó una coalición de psiquiatras estadounidenses. Ha escrito libros con la tesis de que Trump tiene “severos impedimentos emocionales y graves trastornos por lo cual es un peligro para la seguridad internacional”.
León XIV ha sido lapidario con las políticas migratorias y las fanfarronadas guerreristas de Trump, que amenazó con destruir la civilización persa. Respecto de lo primero expresó “Son seres humanos y no podemos tratarlos peor que a los animales y las mascotas”. Sobre lo segundo manifestó; “Dios rechaza las oraciones de quienes inician guerras y tienen las manos manchadas de sangre”.
Estas realidades dejan claro por qué el poder blando del Vaticano está derrotando al poder duro de Estados Unidos.
Como dijo Sun Tzu en El arte de la guerra, escrito en el siglo V antes de Cristo: “La suprema excelencia consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin luchar. Por eso la mejor victoria es vencer sin combatir y eso es lo que distingue al maestro del simple soldado”.
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