La Cope encontró una voz propia haciendo viñetas de citas, trabajos precarios y amistades. Hoy es parte de Industria nacional en Gelatina y no para de crecer.

—De chica dibujaba mucho. Era una nena tranquila y estaba siempre metida en mi mundo: dibujaba, leía, estaba en mi cuarto. Pero fui dejando de dibujar. De más grande solté bastante. Cuando empecé a dibujar para La Cope estaba bastante desencontrada y me reencontré con la actividad.
—¿Cómo creaste La Cope?
—Me había mudado de la casa de mis viejos y estaba viviendo con una amiga. En el medio cambié de trabajo y pasé de una agencia de publicidad a un estudio de diseño que era horrible. Mucho maltrato. Y pasó de casualidad total. Nunca había dibujado historieta ni era fan del cómic. Un día pasó una situación ridícula en el trabajo por unos caramelos que nos comimos: nos mandaron un mail acusador y una compañera se puso muy mal. Entonces dibujé la escena en cuatro viñetas, para joder. Se lo di y le cambió la cara, se cagó de risa. Empecé a dibujar situaciones del laburo, de amigas, de mi vida, y a subirlas a mi Facebook personal, no tenía una página. Dibujaba la historieta, le sacaba una foto y la subía para mis amigos. Y empezó a pasar algo muy orgánico con eso: esos dibujos, que no tenían firma ni nada, se empezaron a compartir entre gente que yo no conocía. En el Mundial 2010 hice unos chistes desde mi ignorancia absoluta de fútbol y los compartió una marca. Ahí me sentaron dos amigas y me dijeron: “acá hay algo, dale bola”. Así que investigué y armé una página de Facebook, que era la onda en ese momento.
—¿Por qué creés que se generó esa conexión?
—Lo pensé mucho. No buscaba representar a nadie porque, de hecho, yo siempre me sentí una mujer poco representada. Creo que fue muy auténtico esto de dibujar algo sin tener idea de lo que iba a pasar con eso: dibujaba mi vida, citas random, un laburo de mierda, la vida de una piba de 24 años recién mudada. Creo que del otro lado había muchas pibas que tampoco se sentían representadas y conectaron con eso.
—¿Quiénes fueron o son tus referentes?
—Maitena y la Negra Vernaci.
—Mencionaste a la Negra y aparece tu otra faceta, la radio.
—Sí, hice radio cuando terminé el colegio, así, paveando, con amigos. Y unos años después, cuando pasó todo lo de La Cope, empezamos a hacer un programa con Nati y se sumó otra amiga, Jupi. Las tres veníamos de hacer radio y empezamos a hacer Wachas, un proyecto en el que siempre tuvimos claro que era cupo femenino, que lo íbamos a hacer entre nosotras. Mi público eran y son las pibas: evidentemente no tengo mucha capacidad para hablarles a los chabones porque se ve que no me sale. Wachas se fue reconvirtiendo. Todo el año pasado hicimos Noche de Trivia en distintos lugares y estuvo buenísimo.
—Actualmente estás en Industria nacional, en Gelatina, y tenés mucha exposición. ¿Qué sentís que se les exige a las mujeres en general que no se les pide a los varones?
—Hay una doble vara histórica. Desde afuera se exigen un montón de cosas que a los tipos no. Pasa en todos los ámbitos: un tipo puede subirse a un escenario con panza, tocar la guitarra, cantar unos temas y está todo bien. Pero si una piba no baila perfecto, no canta increíble, no es súper sexy o no se manifiesta como corresponde, la matan. Nunca es suficiente, siempre hay alguien contando costillas. Hoy, por lo menos ahora, me siento más cómoda con mi lugar de mujer —que no siempre es fácil, no siempre una se siente así—, pero ya no le doy tanto lugar a esa exigencia. Cada vez trato más de correrme de esas demandas y de no dejar que me condicionen.
—¿Cómo analizás tu presente laboral?
—Disfruto hacer aire todos los días. Tengo la suerte de trabajar en equipos donde me siento cómoda y digo lo que pienso. Le encuentro una emoción a hacer el programa todos los días, me parece re divertido. Obvio que hay días en los que las noticias son una mierda, pero nos acompañamos, a veces nos cagamos de risa o tratamos de proponer algo.
—¿Qué nos podés contar del festival que hicieron en Argentinos Juniors?
—Uff, estuvo buenísimo. Se sintió largo porque trabajamos mucho tiempo para el festival. Y el momento del show fue increíble, lo disfruté y salió bárbaro, pero sentí que duró tres segundos. Para mí hay un valor extra de trabajar en Gelatina, que es que se siente que es una fiesta popular.
—Este año además te recibiste de pastelera. ¿Top 3 de postres que más te gustó cocinar?
—¡Me encanta el top 3! Crème brûlée, tortas de cumpleaños decoradas y tiramisú.
—¿Qué te aburre?
—La gente que no se sabe aburrir. Me parece que aburrirse es necesario. Y cuando estoy en una situación en la que eso no está permitido, me aburro.
—¿Qué te divierte?
—Los planes, los días o las situaciones en las que no sabés bien qué va a pasar. Me divierte lo imprevisto. «
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