El monitoreo satelital detectó 209 kilómetros cuadrados de bosques destruidos en la mayor selva tropical del mundo, según datos preliminares del sistema de vigilancia del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales.

(Photo by MAURO PIMENTEL / AFP)
Aunque el área, que equivale a más de 29.000 canchas de fútbol, sólo contempla datos hasta el 17 de febrero, representa un alza en relación con el récord anterior, de 199 kilómetros cuadrados destruidos en todo el mes febrero de 2021, último año del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro. El mes pasado, el monitoreo satelital había reportado una caída de 61% en relación con el mismo período de 2022, aunque organizaciones ambientalistas habían alertado que era prematuro hablar de una «reversión de tendencia», ya que parte de la caída podía atribuirse a una mayor cobertura de nubes que perjudicaron los cálculos.
«El aumento de la deforestación puede ser un reflejo de la limitación en la detección el mes pasado debido a la cobertura de nubes, y lo que se está observando ahora tal vez contemple tanto el área destruida este mes como también de enero», dijo Daniel Silva, especialista en conservación de la ONG WWF-Brasil. Bajo el anterior gobierno de Bolsonaro, un aliado de la agroindustria y negacionista del cambio climático, la deforestación anual promedio en la Amazonia brasileña aumentó 75,5% con respecto a la década anterior.
Expertos aseguran que la destrucción se debe principalmente al avance de las granjas y los usurpadores de tierras que talan la selva para ganadería y cultivos. Lula, de 77 años, asumió al comenzar este año por tercera vez la presidencia de Brasil con la protección de la selva como una de sus principales banderas para permitir que Brasil deje de ser un «paria» en temas climáticos.
El mandatario de izquierda nombró al frente del ministerio de Medio Ambiente a Marina Silva, una reconocida ambientalista que estuvo al frente de esa cartera entre 2003 y 2008, cuando Brasil logró disminuir sensiblemente la deforestación. El 24 de enero, Silva reconoció que la realidad ambiental de Brasil es «mucho peor» de lo esperado. «Sabemos que existe un empeño del nuevo gobierno para controlar la deforestación, pero los resultados concretos deben demorar un tiempo para ser observados», agregó el experto de la WWF-Brasil.
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