No sólo recuerdos emotivos fueron los que se llevó Ginóbili de su cuarto Juego Olímpico: un oficial de FIBA le regaló la pelota de su último partido con la Argentina. Soy un tipo afortunado de vivir esto a los 39 años. Estuve sano. Para mí fue un suplementario, un regalo. Yo no pensaba estar acá, aseguró el hombre que encabezó este generación histórica y que ganó cuatro anillos con San Antonio Spurs en la NBA. El destino quiso que la despedida sea ante Estados Unidos, justo el rival que sufrió ante este equipo, el primero que venció a un combinado de NBA, hace ya 14 años, en Indianápolis.
En Río, no hubo paridad. Pero la última escena no es la película completa. Y lo que armaron Ginóbili y Argentina fue una verdadera historia de amor. Adentro de la cancha uno no se da cuenta de que está llegando el final. Pero termina el partido y te abrazás con tus compañeros, con el cuerpo técnico y empezás a pensar todo lo que uno dejó de lado todos estos años. Llega un final y emociona. La despedida de la gente te hace caer de golpe. Es un sopapo de realidad, definió Manu para despedirse.
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