La orquesta de tango más rockera regresa a los shows en vivo este miércoles y reabre el CAFF, su histórico centro de operaciones. "Fueron meses muy duros en los que la incertidumbre nos paralizó", revela Yuri Venturin, contrabajista y director de la agrupación.

Yuri Venturin, encargado del contrabajo y de la dirección de la orquesta reconoce que la ansiedad los consume: “Tenemos muchas ganas de contar hasta cuatro y que empieza a sonar la música. Venimos ensayando mucho, desde que se habilitó para tocar en el CAFF y las ganas nos invaden. Estamos repasando el repertorio que hacíamos, y agregando cosas nuevas que estamos ensayando para estrenarlas frente a la gente que venga”.
El proceso de escribir música no paro en pandemia, aprovechando lo solitario de la tarea, aunque lo que se trabaja de manera grupal siempre termina siendo determinante en su trabajo. “Que la idea de uno suene como tiene que sonar sólo lo logramos cuando pasa por el grupo, es algo que aprendimos y que nos gusta hacer. Para lograr la expresividad necesaria para que conmueva. Tenemos dos tangos instrumentales nuevos, mas unos arreglos que le hicimos a otros, creo que vamos a estar bien. Estamos ansiosos por mostrarlos, que carguen de energía el salón y a los que puedan venir”.
El trabajo es intenso por estos días. “Es mucho laburo sacar a flote la máquina que estuvo parada. Estamos afinando el motor para volver con todo. Estamos contentos, tocar después de tantos meses sin música es muy importante”, reconoce Venturin. “Falta ensayo, somos como cuando un equipo de fútbol viene de pretemporada y le falta fútbol. Tenemos que empezar de nuevo a adueñarnos de la cancha con la pelota al pie, si vale el paralelismo”.
Además del estilo único, de su musicalidad y su propuesta visual, la Fernández Fierro siempre buscó nuevas formas de renovarse: nació en 2001 y desde entonces es una referencia ineludible del tango actual. Desde hace casi veinte años (este año cumplen dos décadas), indagan estrategias para avanzar en este inédito proyecto colectivo, que los lleva a organizarse como cooperativa e independiente. También esa manera de organización les sirve para administrar su propio espacio: el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), cita obligada del circuito musical independiente de Buenos Aires. “Es un lugar que nos sirvió para desarrollarnos, tuvimos temor de perderlo, pero por suerte pudimos encontrarle la vuelta” comenta Venturin.
La Fierro, como tantos otros proyectos musicales, casi no tuvo actividad durante el 2020. Participó del festival estadounidense Burning Man 2020, en septiembre, pero no mucho más. “Subimos cosas a Bandcamp pero no más. Fueron meses muy duros en la que la incertidumbre nos paralizó. Pero por suerte nos ayudamos, vino el decreto de la suspensión de los desalojos, del congelamiento de alquileres, y pudimos volver. Apostamos a que se iba poder, y para arrancar tener un lugar propio es clave. Todos quieren tocar y no hay muchos lugares. Fue elemental tener la perseverancia para ahora poder ir armando una agenda, veremos cómo sale esta primera experiencia.”
Su música paseó por Europa, Oceanía y Latinoamérica e ingresó en escenarios históricamente relacionados con el rock.»La aplanadora del tango» tiene un aura que se fue ganando, mostrando unas influencias muy variadas que van desde Pugliese, Piazzolla, Troilo, Gobbi, Di Sarli, a Spinetta, Pappo, Charly, AC/DC, Sex Pistols, Ramones, Nirvana, Yupanqui, Guarany, Mercedes Sosa y más. “Tenemos un estilo que requiere mucho desgaste físico. Se siente al terminar un show o un ensayo: duele los músculos, el cuerpo lo siente. Es una música con mucho ritmo que da poco respiro. Algunos lo sienten más en la banda. Yo no tengo gran despliegue de notas pero en el contrabajo el cuerpo siente estar una hora, hora y media, dándole, haciendo el mismo movimiento sin parar. Por suerte el cuerpo todavía responde. Tenemos para rato”.
La Fierro está con ganas de grabar un nuevo disco. “No sé si un álbum entero o por partes, depende de muchos factores. Si algo tiene este tiempo que nos ha tocado atravesar es saber que la planificación es un poco relativa. Hay que tomárselo con calma. Esperemos que salga todo bien, que la gente nos siga acompañando. Queremos hacer música nueva, para satisfacernos nosotros y a otros.”
Veinte años no es nada, dice el tango «Volver». “La experiencia es útil, duramos tanto porque somos obstinados. Creemos que el proyecto se lo merece. Hay que tener mucha energía y convecciones, y desde el principio estaban y las seguimos teniendo. Llevar adelante una orquesta típica realmente es una tarea muy ardua, imposible si no se tiene ganas”, concluye el músico.
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