Desde el segundo semestre de 2021, la recuperación de la economía incluyó una consolidación de la suba de precios de los llamados insumos difundidos.
Las tendencias de la inflación local se pueden ver con claridad en las estadísticas del Indec sobre inflación mayorista. El Índice de Precios Básicos del Productor del Indec marca los valores, en puerta de fábrica o tranquera, de productos nacionales para uso como insumo de otras industrias, sin tomar en cuenta los impuestos.
Los datos indican que mientras el nivel general de suba fue del 47,2% entre enero de 2021 y el mismo mes de 2022, el alza de los productos primarios fue mucho más baja, del 39,3%. En un nivel similar se ubicaron las subas de los productos agropecuarios (39,7%) y del petróleo y gas (35,3%). Estos porcentajes son menores a los incrementos que tuvieron esos mismos productos en el mercado internacional, en torno del 80% para el petróleo, el 60% para la carne y el 45% para el maíz en el mismo período.
En cambio, los precios de la industria manufacturera y la energía, tomadas en conjunto, subieron un 51% entre enero de 2021 y enero de 2022. Pero hay picos muy por encima de ese nivel de alza. Es el caso de los productos de fundición, un insumo esencial para muchas industrias livianas y transformadoras, cuyo valor creció un 70% en estos 13 meses. El vidrio, otro insumo difundido esencial para la producción de envases, subió un 66%; y los plásticos lo hicieron en un 54,2 por ciento.
La renta extraordinaria que están obteniendo los industriales por las alzas de precios de su producción por encima de los promedios nacionales y de la suba de salarios se verifica además en que el sector ganó participación en la distribución de la renta industrial, al pasar del 47,4% en el tercer trimestre de 2020 al 54,6% en el mismo trimestre de 2021. Es decir, al incrementar su producción y precios en un nivel superior a los salarios y al nivel de empleo, los industriales lograron un salto de 7,2 puntos porcentuales en su participación en la riqueza generada en apenas un año.
Un movimiento tan amplio en los precios mayoristas es un factor inflacionario porque determina que esas subas se trasladen hacia abajo, a los precios minoristas, toda vez que esos insumos son fundamentales para la producción de artículos de consumo masivo. Muchas de estas industrias absorben parte del alza y no la trasladan a sus precios finales para no quedar fuera de la competencia. Pero son políticas que no se sostienen el tiempo porque el afán de lucro impone otra lógica, la de incrementar la renta.
En ese camino, algunos sectores tuvieron doble ganancia: materias primas textiles subieron un 68,3% en el año. Las prendas de vestir lo hicieron en un 80% y en buena medida fueron productos importados al dólar oficial y vendidos en el mercado local al dólar paralelo. Un esquema que, de tan depredador, termina comiéndose a sí mismo. «
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