Columna de opinión.

Los despidos se hacen con goce, con perversidad por parte del presidente Javier Milei y de los ejecutores. Se hacen sin racionalidad, de manera indiscriminada, sin plan para mejorar absolutamente nada. Son sólo despidos para achicar gastos, licuar salarios, infundir temor, romper la solidaridad y juntar plata para dolarizar.
El Estado no sólo va a dejar de prestar servicios esenciales que ningún privado prestará, como las obras de infraestructura sanitaria, rutas, pavimentos, viviendas sociales, sino que además va a perder su capacidad regulatoria en beneficio de usuarios y consumidores. En definitiva, nadie va a cuidar a los ciudadanos de a pie.
En ese marco y con la misma perversidad de no dar la cara y enviar un mail o un telegrama de despido, el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) anunció el cierre de sus 26 delegaciones provinciales, el despido de todos sus empleados y, además, despidos en administración central. Alrededor de 500 trabajadores van a pasar a estar desocupados y los prestadores pequeños y los usuarios de las 23 provincias argentinas no van a tener oficina donde reclamar. Donde ser atendidos, donde capacitarse, concurrir a los cursos y exámenes de locutores, productores y operadores.
Los vecinos no podrán quejarse por si le funciona mal el teléfono, internet o el cable. Por si hay una interferencia o si necesita una explicación para poder hacer el trámite a distancia. Se rompe el país federal y Dios sólo vuelve a atender en Buenos Aires.
Pero, además, con el despido de los empleados se va perdiendo la capacidad de control, de regulación, por eso las grandes empresas del sector, que son las impulsoras de esta dudosa intervención con escasa legalidad y sin representación del Congreso como marca la Ley, se frotan las manos.
Lo que siempre anhelaron fue la desregulación total del mercado. Sin obligaciones de calidad, de servicio y menos de precio de un servicio que es esencial.
Frente a la perversidad del gobierno, su descreimiento de la democracia y las instituciones, frente al desprecio por la gente, por todos nosotros, no alcanza con intentar negociar aisladamente para salvar a una persona en particular. Hoy son 15 mil y dentro de unos meses será otro tanto, porque el objetivo es la destrucción total.
Por eso, creo que sólo la unidad de los trabajadores a través de sus organizaciones actuando solidariamente pueden frenar esta locura. Ellos van a todo o nada. Si no entendemos sus códigos, no podremos jugar este partido. Y aquellos que creen que el ajustado es el otro, cuando te toque muy pronto, ya va a ser tarde. Hoy mi solidaridad con los despedidos del Enacom y de toda la administración pública. Ya, sin perder más tiempo, la unidad para salvar el trabajo, la democracia y la Nación.
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