Sin la potencia previa de los organismos de Derechos Humanos nada hubiese sido posible.

Solo la pandemia interrumpió por dos años ese encuentro entre el público y el medio autogestivo que nació al calor de la primera movilización masiva luego del ascenso de Mauricio Macri al gobierno.
Esta vez la fecha transcurre en el año en que las actuales autoridades conmemorarán los 40 años de democracia. Que se entienda: el 24 de marzo de 1983 todavía gobernaban los genocidas, pero se había fortalecido el clima de fin de ciclo en la sociedad, y las Madres y Abuelas, los familiares de las personas detenidas desaparecidas, ya no estaban tan solas. Se preparaba el escenario para que en diciembre de ese mismo año asumiera un gobierno democrático de la mano de Raúl Alfonsín.
El suplemento especial que sale con esta edición se propone retratar el después de ese 10 de diciembre de 1983. Es acerca de los hitos que durante los 40 años de democracia convirtieron a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, en una cuestión de Estado. Repasa las decisiones gubernamentales, la producción legislativa, los avances científicos, la transmisión cultural, el proceso judicial, las acciones de resistencia y el alcance internacional que terminaron convirtiendo a la Argentina en un ejemplo mundial.
Lo hace partiendo del hecho indiscutible de que, sin la potencia de la lucha previa de los organismos de Derechos Humanos, nada de eso hubiese sido posible. Ese punto de partida, en plena dictadura, que encontrará una primera receptividad en la conformación de la CoNaDeP y el Juicio a las Juntas, se resume en la consigna Nunca Más. La que cimentó todo lo que vino después, inclusive los retrocesos que implicaron las leyes de obediencia debida y punto final, los indultos, la demora en los juicios. Porque aquel primer escalón caló tan hondo en la sociedad que todas las propuestas de reconciliación y olvido terminaron en el fracaso.
La marcha que dio vuelta el 2×1 de la Corte Suprema macrista habla de una victoria clara en la disputa por la memoria. Y hasta podría afirmarse que el éxito de la película Argentina 1985, y de las que la precedieron, abordando la temática de la dictadura, revelan un resultado similar en el terreno cultural.
Pero también abrimos la puerta al pensamiento crítico sobre todo este proceso. Porque hubo derechos perdidos durante la dictadura militar que la democracia no fue capaz de restituir en plenitud, porque persiste la herencia autoritaria en la violencia institucional, y porque el discurso negacionista aflora sin escrúpulos amenazando los consensos construidos con tanto esfuerzo, con tantas vidas. Y hay una responsabilidad colectiva detrás de esto.
Tiempo continuará trabajando sobre los 40 años de democracia para abordar todos los aspectos del proceso político -imperfecto, claro- que la Argentina fue capaz de construir. Era necesario este primer paso porque la decisión de ponerle un límite a la impunidad fue lo que impidió que el terror estatal volviera a adueñarse de la Argentina. «
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