Lali lo manda al diablo en su nuevo disco, pero seguro que no es a Milei (¿o sí?)

Por: David Guillán

En su sexto disco de estudio, "No vayas a atender cuando el demonio llama", la cantante propone canciones más crudas sin renunciar al magnetismo pop que la convirtió en ícono. Colaboraciones explosivas y un mensaje de resistencia en tiempos donde sobran los llamados siniestros.

¿Puede una estrella del pop mutar sin perder su fulgor? Lali Espósito parece responder a esa pregunta con cada nuevo lanzamiento. Pero con No vayas a atender cuando el demonio llama, su sexto álbum de estudio, la artista deja de lado los guiños y apuesta al quiebre: ofrece un disco más eléctrico con corazón pop. Un grito que resuena con más fuerza que nunca.

Desde que salió “33”, su colaboración con Dillom, algo se venía gestando. Este nuevo trabajo -el más desafiante de su carrera- no solo confirma esa intuición: la supera. A lo largo de 15 tracks, Lali alterna guitarras distorsionadas, beats impuros, letras que incomodan y una energía que arrasa. Es un álbum para bailar en llamas, y también para mirar alrededor con desconfianza: el demonio está llamando, y no es solo una metáfora.

Compuesto junto a Mauro De Tomasso, BB ASUL y Galán, el disco suma colaboraciones que funcionan como declaraciones de principios: Julieta Venegas coescribe “No hay héroes”, Duki aporta crudeza en “Plástico”, Miranda! juega con el pop en “Mejor que vos”, y hasta Bersuit mete coros en “Morir de amor”. Todo bajo una narrativa visual que eleva el concepto: un universo distópico donde el arte es forma de resistencia, dirigido por Lautaro Espósito y Pablo Cerezo.

Lali no decepciona.
Foto: Prensa

La estética del disco no es decorado: es discurso. En el videoclip de “Perdedor”, por ejemplo, aparece Susy Shock, voz clave de la disidencia sudaka. En “Sexy”, figuras como Verónica Lozano, Vera Ford y Anita Esposito encarnan una sensualidad plural y desafiante. Cada imagen grita lo que las letras insinúan: este no es solo un álbum, es una toma de posición.

Los títulos no dejan lugar a dudas: “Pendeja”, “Fanático”, “Sensacional éxito”, “Fin de transmisión”. Entre ironía, rabia y deseo, Lali dibuja el mapa de una generación harta de lo mismo. Y lo hace justo cuando su figura parece alcanzar una nueva dimensión: dos Vélez agotados, un tercero en camino y un fandom que la sigue como a una líder pop pero también como a una referente.

¿Hay mensaje para Milei? Lali no necesita nombrarlo: alcanza con oponerle sensibilidad por lo que le pasa a los demás. Este disco es un espejo oscuro para tiempos violentos. Y si el demonio llama… esta vez, mejor que no lo vote nadie.

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